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El papel de los militares en Egipto

14 Feb, 2011 -

Artículo escrito por Gonzalo Rivero, investigador de economía política en la NYU y en el CEACS, Instituto Juan March.

Cuando los militares irrumpen en los asuntos civiles siempre es, aseguran ellos, para salvaguardar los supremos intereses de la Nación. Que los gobiernos que deponen hayan sido elegidos democráticamente no parece hacer ninguna diferencia en la lectura que los uniformados hacen sobre los deseos de la ciudadanía. El General Pinochet, por ejemplo, justificaba el bombardeo de La Moneda en 1973 con el presidente Allende dentro, como una acción dolorosa, pero necesaria para poder «darle a la democracia una auténtica dimensión representativa». Cierto es que hemos visto a militares que se han levantado contra el tirano pero, salvo en contadas excepciones, esos mismos autócratas habían basado su poder en el apoyo del aparato coercitivo. El mismo General Idi Amin, que en 1965 aparecía involucrado con el primer ministro Milton Obote en un escándalo de
contrabando, acabaría usando el argumento de la corrupción para deponer a este último, ya presidente, en 1971. Dicho de otro modo, la relación entre militares y democracia ha sido históricamente ambigua.

En Egipto no estamos viendo una excepción. El expediente democrático del Ejército egipcio parece limitarse a la deposición del rey Farouk I y a su actuación de los últimos días. Entre estos dos eventos, los militares han sido el apoyo principal del régimen, hasta el punto de que de sus filas han salido todos los jefes de Estado desde 1953. Por ello, su súbito descubrimiento de que Hosni Mubarak era un autócrata es, como poco, sorprendente. No sin cierto cinismo, uno se siente tentando a pensar que en esta reconversión influyen dos factores. Por un lado, su lectura de que la oposición popular al régimen era ya lo bastante abierta y estable como para comprometer su supervivencia a corto plazo, incluso aunque se pudiese terminar con las protestas en la plaza Tahrir. Por otro, que la represión era ya una alternativa inviable técnica y políticamente. Hicieron por tanto la misma reflexión que Erich Mielke, jefe de la policía de la República Democrática de Alemania, cuando este aceptó el fin del régimen al darse cuenta de que «no podemos darles una paliza a cientos de miles de personas».

Es quizás muy pronto para reconstruir los cálculos de cada uno de los agentes que participaron en el hundimiento de Hosni Mubarak, General del Aire, pero en esos cálculos se encuentra la clave para entender las decisiones que se tomarán ahora. El ejército ha parecido observar con cierta distancia el lento colapso de los apoyos del régimen. Ahora, en lugar de optar por la vía tunecina de dejar a los civiles arreglar sus asuntos, los militares egipcios han optado por convertirse en líderes de una transición que no se sabe todavía hacia donde va, pero que empieza a adoptar un estilo muy similar al pretorianismo turco.

Sabemos poco sobre los gobiernos militares. Conocemos con mucho detalle algunos regímenes particulares, pero es difícil muy generalizar. Sabemos, por ejemplo, que los regímenes militares duran menos que los regímenes civiles. No solo eso, los líderes militares tienden a durar menos que los líderes civiles. Sabemos también que sus gobiernos son más cortos cuanto más institucionales sean: las juntas militares controladas por los Comandantes en Jefe de cada arma duran menos que los gobiernos dirigidos por un único militar, como el General Franco o el General Stroessner. Gobernar genera divisiones, y eso lo último que necesita un ejército, sobre todo cuando ya están a los mandos del sistema político, como ocurre en Egipto. Por tanto, la promesa de hacer una transición rápida para después retirarse a
los cuarteles resulta creíble. Ahora bien, nada asegura que no hagan una transición que deje todo tal y como está.

Al fin y al cabo, el de Egipto es un sistema político diseñado por y para los militares. Por eso, por mucho que ahora nadie quiera mantener su relación con el partido oficial, el NDP, eso no hace más que señalar que el partido era una «estructura de papel» prescindible dentro del régimen, pero no indica necesariamente un desmembramiento del sistema. La competición partidista ya era permitida -aunque de forma muy restringida-, y pocos diputados querrán ahora participar en unas eventuales elecciones bajo una etiqueta que parecía existir solo para garantizar un sucesor al líder.

La misma decisión de poner bajo su ala la transición hace pensar que las reformas constitucionales impulsadas en el comité que van a formar van a ser moderadas, más moderadas obviamente que las que podrían salir de unas elecciones constituyentes abiertas. De hecho, incluso aunque decidiesen hacer una limpieza profunda en el sistema para responder a las demandas populares -y no hiciesen lo que han hecho hasta ahora cuando se les moría un presidente-, eso no implica que vayan a atarse las manos. Hacerlo solo tendría desventajas para ellos. Por un lado, no necesitan hacerlo, ya que son una institución respetada por la población, y más después de los sucesos de estos días. Por otro, una mayor apertura podría suponer un recorte en las prebendas que han disfrutado hasta ahora. Finalmente, un sistema más
competitivo podría dar acceso a puestos de poder a grupos como los Hermanos Musulmanes que hasta ahora han sido conscientemente excluidos del proceso político. Dicho de otro modo, no es necesario tener a un uniformado como Jefe del Estado para que el gobierno sea genuinamente militar. Siempre es posible diseñar una constitución que permita la competición política pero en el que todas las decisiones estén sujetas a órganos dominados por el Ejército, como hizo la junta militar chilena con la constitución de 1980.

En los próximos días se revelarán las verdaderas intenciones de los uniformados y, más importante, cómo serán capaces de lograr un equilibrio entre las demandas de los manifestantes y su propio interés por preservar el régimen sin Mubarak.


Sin comentarios

  1. Jorge San Miguel dice:

    Dicho de otro modo, no es necesario tener a un uniformado como Jefe del Estado para que el gobierno sea genuinamente militar. Siempre es posible diseñar una constitución que permita la competición política pero en el que todas las decisiones estén sujetas a órganos dominados por el Ejército, como hizo la junta militar chilena con la constitución de 1980.

    Corrígeme si me equivoco, pero otro ejemplo de régimen civil tutelado por los militares, en este caso de tendencia izquierdista, fue el Portugal post-74.

  2. Jorge San Miguel dice:

    No había visto esto:

    http://preguiza.blogaliza.org/?p=638

  3. […] This post was mentioned on Twitter by citizenempodera, Politikon.es. Politikon.es said: En el blog: El papel de los militares en Egipto http://bit.ly/hpHFkG […]

  4. […] Después de tres semanas de manifestacones, Hosni Mubarak dimitió el viernes y dejó al ejercito al mando de Egipto. Ante la pregunta obvia —¿ahora qué?—, en Politikon hemos decidido dedicar una serie sobre tema, de la que ya podéis leer varios artículos, el de Roger Senserrich y los de Cardinal Ximinez y Gonzalo Rivero. […]

  5. @Jorge Yo consideraría Portugal entre 1974–1976 como una junta militar. Al fin y al cabo,
    la Junta de Salvación Nacional
    es el principal órgano de decisión. El gobierno civil que organizan apenas tiene ningún poder.

  6. Buen análisis, además de conciso, que siempre se agradece. De todos modos, ¿qué puede esperarse de la Junta Militar de Egipto? ¿Cumplirán su palabra y convocarán elecciones como parecen estar prometiendo o el fantasma de Nasser volverá a insuflarles deseos salvapatrias? ¿Puede otearse algo al respecto, o queda todo en la incertidumbre?

  7. […] El papel de los militares en Egipto Originalmente publicado en Politikon.es […]

  8. Jorge San Miguel dice:

    Gonzalo: me refería a que incluso después de esos años, y hasta bien entrada la década siguiente, la democracia portuguesa ha estado fuertemente tutelada por el ejército y que ha habido un sinfín de tabúes en torno a la transición, más que en España incluso.

    Pero ya te digo que no conozco bien el tema, y hablo de memoria a partir de alguna charla con tu namesake Ángel Rivero de la UAM.

  9. @Jorge: Te había entendido mal. En cualquier caso, la diferencia no es solo de grado. No estoy seguro, pero dudo que la constitución portuguesa de 1976 tuviese algo como el Consejo de Seguridad Nacional chileno. Tanto España como Portugal han tenido muchas precauciones con los militares por miedo a golpes «involucionistas». En Chile, los militares se procuraron un espacio institucional y político como veto players para no tener que sacar los tanques a la calle (los artículos 95 y 96 o la DT 17 del texto de 1980 son una joya del pretorianismo).

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