Ciencia recreativa

Desempleo y subsidios contracíclicos

7 Feb, 2011 -

Vamos a añadir esta idea al grupo de políticas patéticamente obvias, sensacionalmente fáciles de aplicaer y que sin embargo es altamente improbable que las veamos, al mismo nivel que la reducción del red tape.

El análisis económico del subsidio de desempleo es relativamente sencillo y es el resultado de dos fuerzas contrapuestas. Cuando una persona pierde su empleo, deja de desempeñar una actividad económica (trabajar) para empezar a desempeñar otra (buscador de empleo). Si, buscar empleo es una actividad económica porque genera valor añadido: sin gente que busque empleo, es improbable que la economía salga adelante o produzca nada significativo. En otras palabras, podéis pensar en la búsqueda de empleo como la producción de un bien intermedio (el emparejamiento), como puede serlo la extracción de carbón o la fabricación de vigas de acero. El esfuerzo que se invierte en producir este bien (buscar empleo) es costoso porque, típicamente, mientras se busca empleo no se trabaja o no se perciben otras rentas.

Así, la primera pata del argumento es como sigue. Si viviéramos en un mundo con información perfecta (la gente sabe exactamente cuanto va a tardar en encontrar empleo), agentes perfectamente racionales y con mercados de crédito perfectos (se puede tomar prestado de forma ilimitada al mismo tipo de interés al que se presta), no necesitaríamos un subsidio de desempleo. Al perder la gente su empleo, calcularía cuanto va a tardar en encontrar uno nuevo y cuanta renta va a necesitar para subsistir entre tanto, iría al banco y obtendría un crédito que le permitiría subsistir hasta entonces que devolvería cuando empezara a trabajar. En la práctica, es por un zillón de razones, los mercados de crédito no son perfectos, con el desagradable añadido de que la gente que típicamente está excluida de ellos es la gente más pobre. La función del subsidio de desempleo es suplir ese fallo de mercado: en la medida en que el sector público tiene un músculo financiero bastante mayor que ninguna empresa de seguros, que puede usar
métodos mucho más «intrusivos» para asegurarse de que la gente cumple con sus obligaciones y que la pertenencia al mismo es obligatoria, está en una posición considerablemente mejor para llevar a cabo esa tarea: la de remunerar la búsqueda de empleo con el ahorro forzoso del que se apropia cuando el individuo está trabajando. Resulta que, además, es una forma estupenda de redistribuir renta porque la gente pobre suele estar más expuesta al riesgo de desempleo; tanto mejor.

Pero, y esta es la segunda pata del problema, el seguro de desempleo tiene un efecto perverso: el riesgo moral. Cuando un individuo busca empleo, su voluntad de aceptar una oferta de trabajo y su esfuerzo en la búsqueda depende de la diferencia entre su renta cuando está en paro y su renta cuando trabaja; por tanto, aumentar la renta cuando está en paro reducirá su esfuerzo a la hora de buscar. Esto encaja bastante bien con un hecho estilizado de los estudios sobre desempleo: aumentar el subsidio tiende a aumentar la duración del paro. Lo que sería fantástico, desde el punto de vista del Estado o de una empresa de seguros, es condicionar la percepción del subsidio a que se busque de forma suficientemente intensa; el problema es que no podemos. ¿Como sabemos que el buscador de empleo está esforzándose todo lo que debería? ¿Como sabemos que el hecho de permanecer en paro se debe a que es difícil encontrar empleo y no a que prefiere seguir estando en paro?

La contraposición de estos dos problemas sugiere que, en función de si concebimos el desempleo como un fenómeno más voluntario (debido a que el trabajador exige un salario excesivamente elevado para su productividad) o menos voluntario (dónde el desempleo es fruto de que en el mercado laboral es díficil encontra empleo porque hay fricciones), el subsidio debería ser mayor o menor. La gente de izquierdas tendemos a pensasr -leemos la evidencia empírica diciendo- que el desempleo es algo más involuntario y la de derechas que es algo más voluntario; solo tenéis que ver los argumentos que se despliegan para justificar medidas en uno u otro sentido.

Lo que no es de izquierdas ni de de derechas, sino de sentido común es lo siguiente. A menos que uno sea un creyente ferviente en que el desempleo es un fenómeno de sustitución intertemporal, sabemos que el número de vacantes en una economía -que determina, grosso modo el número de ofertas que recibe un trabajador y por tanto la probabilidad de encontrar un trabajo adecuado- depende críticamente de la etapa del ciclo en la que estemos. Cuando las cosas van bien, las empresas contratan mucho, es más fácil encontrar trabajo. En esa etapa, sin tener más información, podemos suponer que el desempleo es un fenómeno relativamente voluntario. Cuando la economía está en recesión, las empresas despiden gente y contratan menos, reducen sus plantillas. En esa situación, encontrar trabajo es más difícil y por tanto, se puede pensar que el desempleo será un fenómeno relativamente más involuntario. Es decir,
independientemente de cuál sea la lectura-más de izquierdas o más de derechas, más involuntaria o más voluntaria- que hagamos del desempleo, lo que es indiscutible es que el desempleo es más involuntario durante las recesiones y más voluntario durante las expansiones. Luego, con independencia del pie del que cojee uno, el subsidio de desempleo debería ser más generoso en las recesiones (cuando el efecto seguro es mayor que el efecto desánimo) y más restrictivo en las expansiones, es decir, el subsidio de desempleo debería ser variable y contracíclico.

Supongo que habrá gente que dirá que uno tiene derecho al paro que ha contribuido, que es como se calcula ahora. Una respuesta es, como comentaba hoy con kantor, que esto ya se hace en la práctica. Cuando el gobierno decide poner una ayuda de algunos cientos de euros porque la recesión es especialmente dura, lo que está haciendo es precisamente guiarse por este principio. El problema es que se trata de una intervención ad hoc que, aparte de depender de la voluntad del gobierno de turno en lugar de ser automática, funciona de forma asimétrica (no desaparece en las expansiones) y está sujeta a toda clase de populismos.