Siguiendo con el (excelente) artículo de Cives por aquí, la verdad es que yo también me he dejado llevar un poco demasiado por el entusiasmo revolucionario. Tras la caída de la dictadura en Túnez, la pasividad del ejército en Egipto me hizo pensar que esto se iba a acabar rápido – los militares iban a poner a Mubarak en un avión, y esto estaba listo en un par de semanas.

Los eventos de estos dos últimos días, sin embargo, han demostrado que un dictador medio no está varias décadas en el poder siendo un tonto incapaz. Mubarak será un tirano, pero no es tonto – y lleva unas cuantas revoluciones tomando notas.

Las revoluciones y su represión tienen, en su centro, un principio muy sencillo: no importa cuántos policias y militares tengas, si la multitud de manifestantes es lo suficiente grande no te sirve para nada. Como comentan en D-Squared, un tanque puede parecer un monstruo metálico invencible cuando se planta en medio de una plaza, pero es un cacharro bastante inútil si esa plaza está abarrotada de civiles.  Si está quieto, y tienes 10.000 tipos alrededor, tanto da que estés en un panzer o una furgoneta; no eres un vehículo antidisturbios. Algo parecido sucede con soldados a pie – pueden tener armas automáticas y disparar a matar, pero si tienes decenas de miles de tipos protestando, no hay forma humana que puedan disolver una manifestación. Hay un determinado punto donde simplemente no hay suficientes militares para tanto civil.

Esto los dictadores lo saben, y por eso tienden a ser tan «proactivos» cuando se encuentran protestas. Más vale soltar las tortas a grupos pequeñitos antes que la bola de nieve crezca y se te lleve por delante – mantener a la población falsificando preferencias, por debajo de sus umbrales de protesta.

En Egipto, sin embargo,  las manifestaciones han pasado ese umbral. El número de civiles en la calle supera con creces la capacidad de la policía, y están muy por encima de lo que un pelotón de reclutas haciendo la mili estará dispuesto a «pacificar». Las protestas están ahí fuera, son enormes, y en vista de la pasividad policial cada vez más gente te va a salir a la calle. La ausencia de represión se convierte en una señal de debilidad, y eso a su vez (profecia autocumplida) se convierte en debilidad real. Las dictaduras no se comunican con sus ciudadanos a traves de radio, prensa y televisión; todo el mundo sabe que son propaganda. La única forma creíble que tiene un tirano de hacer llegar un mensaje a la población es soltando castañazos, y eso es lo que tienen que hacer para demostrar fortaleza.

¿Qué le queda hacer al dictador que ha perdido la calle? el modelo, en este caso, es Irán. Las multitudes no las puedes combatir directamente, pero si puedes asustarlas de forma indirecta. La idea es, en cierto modo, una guerra de guerrillas, aunque en este caso es el estado intentando hacer la vida imposible a su propia población. Lo que hace el gobierno es reclutar contramanifestantes, sean milicianos, sean policías de paisano, y pedirles que empiecen a soltar tortazos de forma selectiva. Sin armas de fuego, sin violencia indiscriminada – o bien tiran pedradas y se van corriendo, cargan, sueltan cuatro tortas y se largan, o soltando palizas a manifestantes (y periodistas) que estén un poco aislados.El estado, en este caso, no está buscando imponer el orden utilizando su
monopolio de la violencia (algo que han perdido), sino en desmoralizar a los manifestantes a base de hacerles la vida imposible.

La represión no tiene que ser indiscriminada – en las dictaduras, de hecho, no lo es casi nunca. Lo que queremos es que la mayoría de la población, ese ciudadano medio con una hipoteca, dos hijos y mucho que perder decida que no vale la pena acabar en el hospital a cambio de votar una vez cada cuatro años, y se queden en casa. Para un padre de familia, esto puede que sea sentido común – pero para manifestantes, la prudencia puede convertirse en contagiosa. Una vez el miedo empieza a extenderse (y la gente no se atreve a acercarse a manifestaciones por miedo a palizas), la policia puede volver a la calle (o volver a ponerse los uniformes), «reestablecer el orden», y volver el control al dictador.

Para que esto funcione, sin embargo, un dictador necesita dos cosas. Primero, los militares (o policia) no deben desertar. El aparato del estado no pueden verle como la fuente de los problemas del país o (más importante) como un lastre para sus intereses. Si el ejercito dice que se vaya, lo tiene perdido. Segundo, tienen que ser un poco previsores, y tener una cierta capacidad de movilización de personal unicejo reaccionario cabreado. Si alguna vez os habéis preguntado por qué las autocracias tienden a ser tan corruptas y tienen redes clientelares tan extensas, este es uno de los motivos, por cierto.

En Egipto, la segunda condición se cumple – pero no la primera. Egipto es un país (relativamente) próspero, y eso hace que dependa mucho del exterior. Un país aislado es un país sin turistas, y eso puede colocar a un Egipto con Mubarak en una posición realmente desagradable en muy poco tiempo. Unas cuantas sanciones (prohibir vuelos directos desde Europa y Estados Unidos, por ejemplo) harían un daño horrible a la economía del país. La cosa no queda ahí, sin embargo – Estados Unidos envía cada año 1.500 millones de dólares en ayuda exterior al país; 1.200 en ayuda militar. Un tercio del presupuesto de las fuerzas armadas egipcias es cubierto por el Pentágono. Si la Casa Blanca empieza a decir al ejercito egipcio que si no se portan bien y fuerzan la transición  se quedan sin juguetes, es una amenaza seria… y es algo que están haciendo ahora
mismo
. Obama está lanzando a Mubarak a los leones… y ahora sólo falta ver si el dictador podrá convencerles que les puede dar algo de cenar.

¿Quiere esto decir que el fervor revolucionario me puede, otra vez? No sé. El uso de milicianos funcionó en Irán porque ahí el régimen podía prometer de forma creíble a sus militares y policias que el status quo era mejor que la alternativa -las sanciones económicas demostrando, paradójicamente, que un guardia republicano medio seguro vivirá peor si le dan la razón al mundo exterior que si siguen apoyano al gobierno.  Estados Unidos y Europa tenía muy poca capacidad de influencia, ya que ya habían jugado sus cartas. En Egipto, sin embargo, las amenazas sí pueden funcionar.

Por descontado, eso no basta – es perfectamente posible que Mubarak sobreviva igualmente, y que sencillamente no hay suficiente manifestantes. Las revoluciones son, por su propia naturaleza, totalmente impredecibles. La sensación que tengo, sin embargo, es que Egipto si verá un cambio de régimen tarde o temprano. Falta saber que vendrá después.