China & Pollo Financiero Global

Aventuras en control de precios

18 Ene, 2011 - - @egocrata

Si hay algo que los políticos deberían haber aprendido a estas alturas es que uno realmente no puede hacer nada para regular precios.  Un gobierno puede imponer cuotas, pasar tarjetas de racionamiento, nacionalizar los medios de producción o imponer controles draconianos de precios tanto como quiera. Es inútil. Tarde o temprano el exceso de oferta o de demanda aparecerá en algún otro sitio,  alguien se dará cuenta que puede vivir muy bien si satisface a esa gente que puede pagarlo, y tendremos un bonito mercado negro rompiendo cualquier pretensión de control. No importa lo eficaz, represivo o despiadado que sea el estado; ni siquiera Corea del Norte es capaz de fusilar a suficientes traficantes.

El gobierno chino estos días va camino de descubrir esta vieja verdad de la economía política, mal que les pese. Para los despistados, China lleva una buena temporada creciendo como una posesa a base de exportar. Para ello utilizan empresas eficientes, política industrial entusiasta, mano de obra barata y un tipo de cambio extraordinariamente favorable, interviniendo en el mercado de divisas con fuerza para asegurar que el Yuan esté por los suelos.

Es una combinación potente, no hay duda  – a la vista está. Cientos de millones de chinos han salido de la pobreza más absoluta en la última década (aún con esos salarios, es mejor trabajar en una fábrica que cultivar arroz), y la economía del país ha crecido como nunca. Para ello, sin embargo, China ha jugado a controlar precios – o más concretamente, a intentar controlar el precio de su divisa.

A corto plazo, la cosa funcionaba más o menos bien. China exportaba a patadas, recibía un montón de divisas a cambio, y utilizaba este dinero para prestarlo de nuevo a Europeos y Americanos, contribuyendo a esas encantadoras burbujas crediticias de la pasada década. Para desesperación de las autoridades Chinas, sin embargo, este mecanismo ha empezado a romperse durante los últimos meses. Por un lado, se han quedado sin gente a la que prestar dinero; el resto del mundo está de deuda hasta las cejas. Por otro, todo ese dinero que sus empresas están ganando está empezando a filtrarse a su economía. Los obreros son más productivos (y más escasos), así que piden más dinero. Los bancos tienen dinero a patadas y no saben qué hacer con él, así que lo empiezan a prestar a sus sector inmobiliario, empujando su propia burbuja. Los precios al consumo están subiendo, lenta, inexorablemente, y la economía se está metiendo en inflación.

Esto crea dos problemas. Por un lado, la inflación es muy impopular, especialmente en dictaduras pseudocomunistas que llevan décadas deprimiendo el consumo. Por otro, la subida de precios hace las exportaciones Chinas menos competitivas, ya que los costes de las empresas están empezando a subir. Si los precios suben y las exportaciones bajan, la economía se frena  – un problema real para un régimen como el chino.

El gobierno chino puede controlar la inflación de forma relativamente sencilla, dejando que se aprecie su moneda. Si el Yuan gana capacidad de compra, los precios suben menos. El pequeño inconveniente es que esto por una lado hace daño a los exportadores (que tienen mucho peso en el sistema político chino) y por otro causa problemas bastante serios a todos esos consumidores chinos que se han endeudado hasta las cejas en el mercado inmobiliario chino, ya que sus deudas son más difíciles de pagar. Quizás frenas una subida de precios, pero estás echando un freno a la economía vía caída de las exportaciones, por un lado, y potencialmente cargándote tu sistema bancario, por otro. ¿Verdad que es encantador?

Salir de este agujero es complicado, pero no imposible – y parece que se resolverá con la medida política menos impopular posible, que en China es, paradójicamente, un rescate bancario. Como la inflación es mucho más peligrosa para el sistema político que cualquier otro ajuste (ya que es mucho más visible), es bastante probable que el gobierno prefiera dejar que el Yuan gane valor poco a poco, frenar los precios a golpe de subir tipos de interés, y regar de dinero público a los bancos que se coman más créditos impagados cuando nadie esté mirando (total, son públicos y pueden censurar los medios). Como comentan por Alphaville, el currela de a pie va a pagar el ajuste de precios salvando a los ricos creaburbujas. Otra vez.

Por descontado, eso no quiere decir que vaya a salir bien. Si la moneda no sube suficiente (y los exportadores presionarán para evitarlo), la inflación seguirá subiendo. Si la moneda se aprecia demasiado rápido, la economía se frenará y aumentará el desempleo, creando potenciales problemas políticos. Y estamos hablando de salvar bancos, por supuesto. Incluso en China, esto no debe sonar del todo bien. El gigante asiático goza de buena salud ahora mismo, pero tiene dos años por delante llenos de desastres potenciales. Siendo como es una dictatura, tarde o temprano van a equivocarse – esperemos que no hagan demasiado daño.