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Recuperando la igualdad de oportunidades

24 Nov, 2010 - - @egocrata

(artículo publicado originalmente el 24 de noviembre del 2010 – enlace original)

Hablamos de vez en cuando por la blogosfera progresista sobre qué clase de prodigios retóricos necesita la izquierda para volver al centro del debate, dejando atrás su actitud defensiva. La socialdemocracia europea, al fin y al cabo, es víctima de la insidiosa maldición de haber conseguido aprobar la mayoría de su programa político (sanidad universal, educación pública gratuita, pensiones, ley de dependencia); defender las conquistas sociales es importante, pero la imagen de debilidad no nos hace ningún favor.

Parece claro que necesitamos una retórica alternativa;  un segundo “proyecto” para la izquierda, si acaso, que nos permita seguir avanzando y salir de este triste victimismo. No queremos repetir el triste espectáculo de las elecciones catalanas,  donde un gobierno que ha hecho un trabajo muy bueno reforzando los servicios públicos ha basado la mitad de su campaña en repetir una lista de cifras, pero sin un hilo conductor claro.

Mi propuesta es hablar sobre igualdad de oportunidades. Sí, sé de sobras que la derecha ha intentado (y en parte, conseguido) cooptar esta idea y hacerla un tanto inofensiva, pero no ese es parte del encanto. ¿Recordáis este gráfico?

La traducción para los no iniciados está aquí – lo que vemos es movilidad intergeneracional, la expresión más clara de igualdad de oportunidades.

En pocas palabras, la igualdad de oportunidades no es algo demasiado barato, ni tampoco demasiado fácil de conseguir. Los estados que son realmente buenos asegurando que la renta de los padres no determine el futuro de sus hijos son países con estados de bienestar muydesarrollados: Dinamarca, Austria y Finlandia (Holanda forma parte de esta lista en la mayoría de estudios – no está incluída en este).

Aunque la igualdad de oportunidades parezca ser una excusa barata para no redistribuir renta demasiado, la realidad es que requiere una intervención estatal muy decidida. El estado de bienestar no (solo) redistribuye renta, sino que hace que todo sea capaz de llegar lejos. En un mundo donde la clase media valora la educación por encima de todo (y domina en las urnas), insistir en esta clase de políticas puede ser efectivo.

Impulsar la igualdad de oportunidades tiene además otro componente añadido: no basta con tener un estado de bienestar grande; tiene que ser efectivo. Los dos países en esa lista con un sector público más grande son Francia y Suecia, pero no son, ni de lejos, los que tienen mayor movilidad social (o igualdad, por cierto). Uno de los países más efectivos, Canadá, tiene un sector público realmente pequeño (39% del PIB), apenas mayor que Estados Unidos (38%) y mucho menor que Italia o Reino Unido, con resultados mucho peores. Uno puede tener una barbaridad de gasto público y utilizarlo de mala manera. Trabajar para aumentar la igualdad de oportunidades realmente se
puede hacer con un estado (relativamente pequeño), bien diseñado y realmente efectivo. Sabemos cómo hacerlo – no es tan difícil.

Un mensaje para la izquierda en España, un proyecto válido, es trabajar para garantizar la igualdad de oportunidades. En Cataluña un tipo llamado José Montilla es prácticamente la encarnación de este objetivo – montar la campaña electoral alrededor de esta idea no era demasiado difícil… y abría algunas oportunidades para trollear por lo bajini de vez en cuando.

Es una idea. No sé si efectiva o no, pero es mejor que esta especie de actitud paranoica aterrada que gastamos. Aunque la verdad, en vista de lo que está cayendo, creo que estos días es hora de estar paranoicos. Pero de esto hablamos luego.