Una nota un poco aleatoria sobre estímulos fiscales. El paquete aprobado por el Congreso en Estados Unidos ha funcionado bien, según todas las estimaciones – la economía estaba mucho peor que todo el mundo esperaba, pero el estímulo evitó una crisis mucho peor.

Una de las críticas más repetidas sobre el estímulo es que el gobierno siempre llega tarde cuando es hora de empezar a tirar paletadas de dinero por la ventana. Los helicópteros fiscales despegan tarde, y cuando llegan la economía ya no los necesita, creando inflación y despilfarro. Dado que los políticos y ministerios son malos encontrando dónde poner la pasta y construir infraestructuras, más vale dejarse de historias y no lanzarse a gastar dinero que no tenemos.

Esta crítica puede ser más o menos válida (*), pero en Estados Unidos es realmente idiota. El motivo es que si hay algún sitio que necesita gastar dinero a espuertas en infraestructuras ayer mismo, este sitio es Estados Unidos.

Basta con moverse un poco por el país para darse cuenta que las infraestructuras, en muchos sitios, están cayéndose a pedazos. Anteayer un incendio dejó sin servicio durante horas el Long Island Railroad (LIRR), una de la redes de cercanías gigantes que dan servicio a Nueva York. El motivo fue un incendio en un enclavamiento mecánico en la estación de Jamaica, nudo principal del sistema, que hizo imposible mover trenes desde y hacia Penn Station. ¿Año de diseño e instalación del sistema? 1913. Es admirable que aún esté en servicio (y sin accidentes) casi cien años después, pero lo raro es que no se haya estropeado antes.

Ayer la cosa fue a más. Con el LIRR aún a medio gas, el sistema eléctrico de la NEC (Northeast Corridor, la linea que une NYC con Filadelfia, Boston y Washington) tuvo una caída de tensión en Nueva Jersey, dejando casi toda la red de cercanías del oeste de la ciudad sin servicio en hora punta. La catenaria y electrificación de esta línea, la mejor del país (en serio) datan de 1931; todo el tinglado parece aguantarse a base de chicle, martillazos y cinta aislante.

Lo más delirante es que el lado de Nueva Jersey es «nuevo» – la línea de New Haven, que da servicio a Connecticut, tiene aún catenaria sin compensar instalada en 1920. No os preocupéis, que la están arreglando. Empezaron en el 2000, y calculan que acabarán el 2018, en una línea de apenas 120 Km.

Si alguien se cree que esto es cuestión de trenes, el patito feo del sistema de transporte americano, la cosa va bastante más allá. Cualquiera que haya aterrizado en Nueva York, tanto en Kennedy como Newark, sabe de sobras que son aeropuertos que hacen que la terminal vieja de Barajas parezca un espaciopuerto. La I-95, la autopista de la costa este, es un auténtico berenjenal infumable lleno de agujeros colapsado a todas horas y donde todo parche o reparación lleva meses y meses. Al lado de New Haven están asfaltando un tramo de 10-12 Km ya que empezaba a recordar Afganistán un poco demasiado, y llevan más de dos meses con ello. La reforma del nudo entre la 91 y la 95 creo que la verán mis nietos, al paso que van. Las cosas las hacen lento, tarde, y mal, con una chapuza tras otra. No es que sea difícil encontrar dónde gastar dinero; es
que todas las autopistas, aeropuertos, metros y líneas férreas de la costa oeste con más de diez años a sus espaldas (básicamente todo) necesitan un arreglo serio.

No he visto ningún país del mundo que hagan la obra pública de forma tan lenta, chapucera y mal financiada, o que traten lo que tienen a mano tan espantosamente mal. Lo peor, esta dejadez está provocando cuellos de botella importantes en la economía de muchos estados (los costes de transporte en Connecticut son una locura), y aquí nadie parece mover un dedo. En fin.

—–

(*): En un país normal que planifica infraestructuras a largo plazo, acelerar la ejecución de obras cruciales a base de poner dinero a patadas no es demasiado complicado. Los franceses hicieron su estímulo fiscal de este modo, sin ir más lejos, y no les ha ido mal. España tiene planes a largo plazo, pero parece que en vez de hacerme feliz y cerrar el corredor mediterráneo de una puñetera vez acelerando obras, el Plan E tuvo otros objetivos más pedestres. Clásico.