Cuando me mudé a Estados Unidos, una de las cosas más incomprensibles era la extraña devoción de los americanos por el béisbol. No llevaba más que unos días por aquí cuando empezaron una de las semifinales más sonadas de la American League, y aparte de la rivalidad entre los dos equipos en liza y la improbable remontada de los Red Sox (sí, fue ese año) no acababa de ver de dónde venía esa obsesión.

El béisbol es realmente un deporte extraño. Los partidos duran (como poco) tres horas, con largas esperas en que parece que nadie está haciendo absolutamente nada. Es el único deporte colectivo que conozco que puede tener una duración literalmente infinitael récord está en casi ocho horas y media, aunque no es inusual ver alguno que pase de cinco horas de vez en cuando. El centro de todo el tinglado es una especie de extraña tanda de penalties entre el bateador y el pitcher, rodeado de señales extrañas, rituales obsesivos y una burrada de extraña jerga técnica sobre efectos, tipos de lanzamiento y posturas arcanas.

Con el paso de los años, sin embargo, tengo que decir que he empezado a entender un poco el secreto: el poder del béisbol es el poder de su historia, de sus anécdotas. Pongamos una historia que sucedió la semana pasada en un partido de liga regular en Detroit. Los Cleveland Indians visitaban los Detroit Tigers, y Armando Gallarraga, el pitcher local, tenía el día. Tras nueve entradas, el tipo había conseguido eliminar a todos los lanzadores visitantes sin conceder ni un hit (bateador golpeando la bola y llegando a base) ni un walk (el pitcher lanza cuatro veces demasiado lejos del bateador, y este avanza a primera base automáticamente), algo increíblemente difícil. Tanto, de hecho, que desde 1876 (año del primer campeonato oficial con reglas modernas) sólo ha sucedido veinte veces, en un deporte en que cada equipo juega más de cien partidos al año.

Al final de la novena entrada, Galarraga había eliminado dos jugadores – otro más, y se uniría a este selecto club de pitchers que han tenido un perfect game, un partido sin fallos. Gallarraga lanzó, Jason Donald, el bateador, golpeó flojito, y con un movimiento rápido la bola fue lanzada a primera base, donde el mismo pitcher recibió, eliminando el bateador claramente. Entonces, para sorpresa de todos, el umpire («árbitro») en primera base levanta el brazo y da la señal de saved, diciendo que Donald está a salvo. Es un hit, bateador en primera base – y Galarraga pierde su partido perfecto por un escandaloso error arbitral.

La que se armó. Todos los medios americanos estuvieron hablando de ello sin descanso. Muchos comentaristas clamaban que la liga cambiara el resultado del partido, dándole a Gallarraga su partido perfecto (por cierto, el tipo eliminó al siguiente bateador, así que de hecho lo suyo fue perfecto+1). El umpire se disculpó, prácticamente llorando, tras ver la repetición, diciendo que le había robado  su momento de gloria al chaval.

¿El resultado? Gallarraga tiene de hecho el que probablemente será el juego perfecto más famoso de la historia – el perfect game que nunca sucedió. Una nota final increíble a lo que ya era un mes tremendo en las estadísticas de la liga – el partido de Detroit hubiera sido el tercer partido perfecto en cuatro semanas, algo que no sucedía desde hace más de un siglo.

El béisbol es básicamente una enorme, gigantesca sucesión de efemérides y estadisticas extrañas. Es el deporte con más números que conozco; el fútbol americano palidece en comparación. Todo es medido, todo es contado, todo tiene su enorme serie de marcas a batir, y todo es seguido con una devoción enorme. Es un deporte lleno de historias excéntricas y leyendas imposibles, cada una con su cuidadísima entrada en Wikipedia, incluso para oscuras controversias de 1906. No hay ningún deporte que tenga esta clase de historias, leyendas y batallitas, todas basadas en un tipo extraño y una situación estadísticamente imposible.

Más allá de eso, es un juego increíblemente sutil. Cada lanzamiento de un pitcher tiene una cantidad de factores y decisiones absolutamente ridículas. Hay decenas de tipos de lanzamiento, cada uno con sus variantes, todos ellos completamente invisibles para el observador casual. Ver un partido con un friki del deporte cantándote cada movimiento, explicándote por qué un splitter es perfecto para un un lanzador diestro que se enfrenta contra un bateador zurdo con muñecas pesadas (como está marcándole el catcher con sus dedos, usando oscuros códigos de equipo) es algo tan fascinante como abrumador. Por descontado, el aficionado de verdad (y los hay a patadas) es capaz de recitarte el lanzamiento preferido de todos los pitchers importantes de la liga, diseccionándote además qué secuencia es mejor contra cada bateador. Si encima le dejas hablar sobre cómo dosificar a los jugadores (ningún pitcher juega dos partidos seguidos – de hecho, normalmente no juegan
partidos completos) o maximizar el potencial de cada bateador a partir del orden en que entran ya ni os cuento.

Por encima de todo, sin embargo, lo que realmente atrapa es la actitud de los americanos respecto al béisbol. Ir a un partido es algo familiar, reposado; en los estadios venden cerveza, el ambiente es festivo, la gente va a disfrutar y pasar la tarde, no a ponerse de mal humor o perder la cabeza. Los partidos duran tanto (y pasan tan pocas cosas) que puedes levantarte a comprar hot dogs, charlar, disfrutar con las bufonadas que cantan por megafonia y básicamente tomar el sol de forma relajada. Le llaman el American pastime por un buen motivo – es tan relajante como ver el tour de Francia, sólo que con más números.

Son estas cosas casi invisibles (las historias, los detalles, la tranquilidad, la sucesión de duelos individuales) que hacen del béisbol algo especial. También hacen que alguien que no ha crecido con el deporte, que no lo ha vivido desde pequeño, realmente no lo llegue nunca a apreciar del mismo modo. Lo he acabado disfrutando, y me encanta leer historias y leyendas y seguir qué hacen los equipos locales, pero nunca seré capaz de ir a las locuras del almanaque estadístico. A ver si volvemos a ir a otro partido pronto…


8 comentarios

  1. Gracias por el esfuerzo, pero supongo que o hay oportunidad de paladearlo en vivo, bien «asesorado» o seguirá siendo ese deporte extraño para el que Kevin Costner construia un extraño campo en una extraña película.

  2. Es como el cricket: una excusa para pasar el día al aire libre y comer en público. Pero, al contrario del cricket, cuándo el partido termina sabes quién ha ganado. Más o menos.

  3. Undry dice:

    Tengo yo mis dudas de cual puede ser el deporte más apasionante:
    – Beisbol.
    – Cricket.
    – Curling
    – Carreras de caracoles.

    Creo que por la emoción y el dinamismo, me quedo con este ultimo

    Saludos

    P.D. que conste que no me gusta el fúmbol, ni el ciclismo, ni el tenis … Yo para la siesta en el sofá prefiero los reportajes de bichos que daban en la dos, preferiblemente los de peces, que hacen menos ruido.

  4. Bercebus dice:

    El juego que he aprendido a apreciar desde hace algunos años es el fútbol americano. La variedad de ataques y defensas, el juego de engaños, los pases imposibles, las recepciones extraordinarias y las carreras esquivando manadas de oponentes mientras los tuyos te intentan abrir paso…

    La verdad es que hasta que no comprendes el juego, no aprendes a valorar lo divertido que es. Supongo que con el beisbol te pasó lo mismo que a mi con el fútbol americano.

  5. Julian dice:

    Todo muy lindo, pero el juego en si sigue siendo aburridísimo.

  6. Osoario dice:

    Hola Roger, soy un lector habitual y me sabe mal escribir para sacar fallos a lo grammar nazi, pero creo que se te ha colado alguna expresión «en inglés» que hacen que gente de alma pura se revuelva en su silla:

    – al final de la nueve entrada
    – diciendo que había robado al chaval de su gloria

    Aparte de esto, felicidades por el programa, y si se aceptan discos solicitados me gustaría pedir más trenes 🙂

  7. Adrián dice:

    Tengo entendido que el cricket puede llegar a ser más largo. Sin exagerar: cuando en India los retransmiten por televisión, los ponen en días alternos con las películas de Bollywood porque suelen tener la misma duración 🙂

    Y sí, trenes 😀

  8. José María dice:

    Siempre ha habido dos cosas que nunca comprendí, una es el numero de avogrado (sigo sin comprenderlo) y otra el beisbol. pero hete aqui que viendo en ingles (no domino ningun idioma y menos el ingles) el campeonato de europa de beisbol del 2010 por el eurosport, jugaban italia y alemania y como si fuera una revelacion divina, empiezo a comprenderlo, busco las reglas en internet y me entero de todo, veo la final italia holanda comprendiendo todo el juego, y ahora me voy a volver un forofo de este deporte y yo que soy un fanatico de las estadisticas me entero de lo de denis martinez y sobre todo lo de galarraga , jjja jja viva el beisbol!!!! por cierto me encanta el curling y me lo he pasado bomba haciendo carreras de caracoles de crio con mis hermanos y ya de mayor con mi hija .

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