Llevo una temporada desgañitándome que España necesita urgentemente una reforma del mercado laboral. Los motivos los he repetido en bastantes entradas; Citoyen ha dado explicaciones mejores (y más técnicas) en su bitácora a menudo. Me parece que vale la pena, recoger en una sóla entrada todos los problemas que el mercado laboral, en su configuración actual, está provocando a la economía y sociedad española.

Es un listado (necesariamente) parcial, como todas las listas. Por descontado, el mercado laboral no es causa necesaria y suficiente para todos estos problemas; en ocasiones los agrava, en ocasiones es la interacción con otras instituciones la que causa problemas. Los efectos no son independientes; algunos problemas causan otros, como en todo lo que no funciona bien  en un país. Empecemos:

  1. Crea una estructura dual increíblemente desigualitaria: España tiene un mercado laboral dual. Los que tienen contrato indefinido son difíciles de despedir, tienen empleos seguros y salarios aceptables. Los que no se arrastran de un contrato basura a otro, sin poder ganar experiencia y con unos sueldos patéticos.
  2. Reduce la productividad: el fenómeno de los jarrones Ming. Los indefinidos tienen pocos incentivos para reciclarse, los temporales no tienen tiempo (ni capacidad) de aprender nada. Los empresarios no invierten en capital humano en aquellos trabajadores que le van a durar diez minutos; los trabajadores fijos no necestitan mejorar ya que son intocables – tienen más experiencia y son caros de despedir.
  3. Distorsiona la estructura productiva: el mercado dual hace que las empresas más rentables sean aquellas que dependan de empleo a corto plazo, poco productivo y desechable, es decir, temporal. Invertir en capital humano y en incrementar la productividad implica muchísimo más riesgo, al requerir caros e inflexibles contratos indefinidos. El resultado es que en España se invierte en construcción, turismo e invernaderos, la Trinidad del trabajo basura.
  4. Crea una tasa de desempleo juvenil gigantesca: las cifras son escandalosas – un 43% de jovenes no tienen trabajo, más del doble que la media Europea. Esto no solo es escandalosamente regresivo, sino que además crea una auténtica generación perdida con ingresos bajos.
  5. El daño social a largo plazo es enorme: empezar a trabajar en un entorno con desempleo elevado tiene efectos sobre los ingresos que duran muchísimos años. Los daños sociales para los jóvenes que entran en el mercado laboral son tremendos.
  6. Convierte las decisiones de personal en una estructura kafkiana: un empresario que tiene problemas (por ejemplo, es víctima de un pollo financiero global) decide qué empleados despide no según quién hace un mejor trabajo, sino quién lleva menos tiempo en la empresa y sale más barato despedir.
  7. Complica y aumenta el riesgo de hacer grandes inversiones: los expedientes de regulación de empleo crean una incertidumbre (y coste) tremendo en grandes empresas que necesitan reestructurarse.
  8. Presiona a la baja los salarios: los salarios siguen la productividad. Si la estructura del mercado laboral daña la productividad, los salarios no irán a ninguna parte.
  9. Reduce la natalidad: una pareja sin empleo seguro que no puede casarse y vive con sus padres no tiene hijos. En España los jóvenes se independizan más tarde que en ningún sitio – el paro juvenil es un motivo poderoso.
  10. Aumenta el paro: mirad los niveles de desempleo en Europa. Mirad España. En serio, España tiene que estar haciendo algo rematadamente mal.

Cuando pido una reforma laboral, no lo hago porque odio a los trabajadores y quiero que los empresarios nos opriman. En su configuración actual, el sistema laboral español es increíblemente regresivo; hace un daño tremendo a los sectores más vulnerables de la sociedad. Más allá de eso, es ineficiente hasta decir basta; España está desperdiciando talento y riqueza a patadas merced de esta camisa de fuerza.

La reforma que pido no pasa necesariamente por abaratar el despido. Mi idea preferida, de hecho, no tiene nada que ver con ella; el modelo de Blanchard del que hablaba Citoyen es de hecho una socialización de los costes sociales del despido en toda regla. No le haría ascos en absoluto a propuestas más realistas (y menos ambiciosas) como el manifiesto de los cien. Una propuesta más claramente liberal (despido libre y punto) no es en absoluto mi opción preferida, aunque incluso un mercado laboral a la americana manteniendo la red de protección social española sería una mejora considerable.

El mercado laboral español es injusto, ineficiente e inflexible. Está alargando y profundizando la recesión. Me sorprende (y alegra) que Rajoy se haya atrevido a mencionar una reforma, pero no podemos esperar dos años. De hecho, no debemos esperar dos años; el gobierno socialista puede pasar una reforma mucho más progresista (e igual de eficiente), y debe hacerlo ahora que puede.

Rahm Emmanuel, el jefe de gabinete de la Casa Blanca, tiene una cita que el gobierno debería tener en mente estos días: «never let a crisis go to waste«, nunca desperdicies una crisis. La verdad, no sé a qué esperan.