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Alemania: coaliciones y desastres

28 Sep, 2009 - - @egocrata

La victoria de Angela Merkel en Alemania ha traido los acostumbrados lamentos de crisis de la izquierda y desastre de la socialdemocracia que escuchamos tan a menudo. Si bien es cierto que el SPD se ha pegado el proverbial morrazo histórico que los partidos progresistas nos llevan acostumbrando estos meses, el resultado electoral era de hecho esperable, no importaba lo que dijera el viejo partido socialista germano.

Durante los últimos años, la CDU y el SPD habían gobernado en coalición. La arimética parlamentaria no daba otra salida, así que los dos partidos acabaron gobernando juntos, con Merkel de canciller al haber ganado por los pelos. Los gobiernos de de gran coalición tienen una característica muy peculiar, que Ignancio Urquizu explica a menudo (no estaría mal que pusiera algún PDF sobre el tema, por cierto): de forma casi invariable, el partido que ocupa la presidencia sube de forma considerable en las próximas elecciones, y el que andaba de segundo de a bordo se pega una torta de impresión.

Por qué sucede esto es relativamente sencillo: los votantes tienen problemas serios averiguando quién está haciendo cada cosa. Un gobierno de coalición da señales muy confusas al electorado, ya que el canciller, presidente o primer ministro no es la criatura omnipotente que acostumbramos a ver en sistemas parlamentarios con mayorías amplias. Toda reforma, ley y decisión exige llegar a un acuerdo con el partido «asociado» a la coalición, con el jefe del ejecutivo teniendo que negociar constantemente.

Los votantes, recordad, funcionan en un contexto de información limitada. Lo que ven es una canciller que quiere hacer cosas, y un SPD que quiere cambiar o suavizar sus decisiones. Es relativamente fácil para Merkel, en este caso, de acusar a los socialdemócratas de obstrucción, y pedir al electorado que le den una victoria amplia para librarse de la constante interferencia de sus compañeros de ejecutivo.

Esto no quiere decir, de todos modos, que el SPD no necesite una renovación a fondo. La izquierda, en agregado, no ha sacado un resultado especialmente malo – el problema es que parecen haberse afrancesado, dividiéndose en tres partidos distintos con más del 10% del voto. No he seguido la campaña lo suficiente para saber qué ideas defendían cada uno de los tres partidos, pero la izquierda, en general, está derrotada pero no hundida. En eso son distintos a los franceses, que parecen que no se comerán un rosco en décadas.

Sobre los ganadores, Merkel y la CDU no son un partido de derechas capitalista entusiasta, por mucho que algunos quieren leer el retorno de Thatcher. La CDU es un partido Cristianodemócrata clásico, y como tal, considerablemente estatalista. El FDP es otro cantar; el tradicional partido bisagra alemán hasta la emergencia de los verdes era la voz de la patronal alemana en Bohn – y la fábrica nacional de ministros de exteriores. No son un partido neoliberal cavernívola, pero sí amantes de eliminar regulaciones y liberalizar la economía, algo que -la verdad- a Alemania no le iría nada mal. Los alemanes son muy amantes de las regulaciones estúpidas, al fin y al cabo; basta mirar sus horarios comerciales o su legislación sobre cómo pueden comercializar cerveza.

Resumiendo: resultados esperables, menos catastróficos de lo que parecen para la izquierda, y que quizás traeran algo bueno y todo. La pregunta, sin embargo, es para Ignacio Urquizu: ¿Por qué un partido se mete en una gran coalición si sabe que va a darle problemas electorales graves? A ver si se pasa y dice algo en los comentarios.

Nota al margen: sobre los portugueses, ¿no los habíamos anexionado ya? La verdad, no sé casi nada de política portuguesa, aparte que todos los partidos se llaman socialista, socialdemocrata o socialportugués. Sólo sé que es buena noticia para los que amamos los trenes; Sócrates apoya las LAV dirección España.