Un pequeño secreto que no se comenta demasiado a menudo, y que deberíamos recordad en España para cuando salgamos del gran morrazo: comprar una vivienda genera desempleo. Sí, así de claro, y así de radical. Hay bastantes estudios que hablan de este hecho; podéis leer más sobre ello aquí y aquí. La idea suena absurda, pero los datos así lo corroboran -y la verdad, la explicación es muy sencilla.

Imaginad dos familias que viven al lado de una ciudad industrial en cierta decadencia. Un sitio como Cádiz o El Ferrol, dominados por una gran industria que está destruyendo empleo poco a poco. Una de las familias, los Pérez, ha comprado la casa y está pagando la hipoteca, otra familia, los García, viven de alquiler. Suponiendo que las dos pagan lo mismo (dudoso; la hipoteca seguramente será más alta), si el astillero les echa a la calle ¿tendrán la misma reacción?

La verdad, es bastante probable que no. Los Pérez viven en “su” casa (bueno, lo será de aquí 17 años cuando acaben de pagarla), los García no. Si al señor García le ofrecen un trabajo fabricando molinos de viento en Córdoba o Oviedo, es relativamente fácil para él decirle a su casero que se largan; el señor Pérez, mientras tanto, tendrá sus dudas. Si el nuevo trabajo es más o menos cerca (digamos en Jerez o en Avilés), puede que se piense no vender la casa y tirarse una hora cada día en el coche para ir a trabajar. Si no, puede que se quede donde está, dejando una industria en crecimiento sin un brillante ingeniero y añadiendo un parado en Cádiz o Ferrol.

Aparte de la dramática reducción de la movilidad espacial de la mano de obra (un problema muy serio en España), esta clase de comportamiento genera una tipo de segregación muy peculiar. La gente que no se muda tiende a aceptar trabajos que de media son peores para ellos, y viven más lejos del trabajo. La gente que se mantiene flexible, mientras tanto, “persigue” los trabajos que más le interesan, haciéndolos más productivos, y concentrándose en las regiones donde la economía es más dinámica y creativa, generando más empleo. Madrid y Barcelona, de hecho, pueden que tengan más viviendas de alquiler no porque comprar es caro, sino porque atraen a la clase de gente que quiere alquilar.

¿En qué se traduce esto? Primero de todo, y más importante, dejad de comprar casas de una puñetera vez. Son un lastre, unas cadenas que os atan a un trozo de terruño. Si la región se va al carajo, todo ese dinero que habéis metido en ese chamizo, choza o zulo al que llamáis casa se va al carajo con ella. Liberaos de la esclavitud de la geografía. Amad al camión de mudanzas. No liguéis vuestro destino al mercado inmobiliario y los caprichos del tipo de interés.

Segundo, no estaría mal que los políticos dejaran de glorificar, pelotear, subvencionar y deificar la compra de casitas. Es hora de convertir a ese gran hombre, el casero, en un gran héroe nacional: los tipos que contra viento y marea, tomando riesgos y ataques a su paciencia y sentido común constantes, deciden poner su futuro y el de su gente en alquilar sus carísimas propiedades a panda de desconocidos. Protejamos al casero. Hagamos que la ley le honre y beneficie. Aplaudamos cada paso que da, cada riesgo que toma, cada vivienda que renueva para hacerla más digna y habitable.

¡Larga vida al casero! ¡abajo la propiedad individual de la vivienda! ¡viva el feroz trabajador errante! Ya es hora que dejemos de glorificar una tontería inútil.