Economía & Internacional

El problema de la clase media (I)

31 May, 2009 - - @egocrata

El País publicaba este domingo un largo artículo sobre las tribulaciones de la clase media en los últimos años. Es un problema que los medios no tratan demasiado, aunque forma parte de la discusión académica desde hace bastante tiempo. Sí, la clase media en muchos países occidentales está en problemas; los datos indican o un aumento relativamente rápido de las desigualdades, o como mucho un estancamiento del poder adquisitivo de la renta de la mayoría de la población.

El principal problema, sin embargo, es extrapolar lo sucedido en las últimas tres décadas con tendencias a más largo plazo, especialmente cuando la evidencia empírica es relativamente confusa. Para empezar, es difícil saber aún hasta que punto el crecimiento económico de los últimos ocho o nueve años era real o ficticio. Sonará relativamente extraño, pero hay buenos motivos para sospechar que lo que llamamos los «años de prosperidad» desde el año 2000-2001 lo fueron mucho menos de lo que los datos daban a creer.

Hay dos datos que sugieren este hecho. El más obvio, y que cubre el artículo de forma excelente, es el estancamiento del nivel de ingresos de la clase media durante estos años de «boom». Es un fenómeno relativamente generalizado, aunque como siempre debemos tomas los datos con cierta cautela. El caso de España es bastante claro; sí la renta media se ha estancado, pero no podemos olvidar que eso ha sido en años en que la inmigración masiva crea un sesgo importante en los datos. Es probable que los ingresos de la clase media se hayan mantenido – aunque en un contexto de prosperidad, deberían haber aumentado.

El problema más serio, y probablemente más preocupante, es cuando miramos los datos en detalle, intentando buscar el origen del crecimiento económico en la última década. Aquí tenemos menos datos concretos, pero tenemos pistas; cosas como el volumen de beneficios de ciertas industrias y los sectores que más crecieron antes de la recesión. Un ejemplo serían los extravagantes beneficios del sector financiero en Estados Unidos, sin ir más lejos; en el 2007, un 41% de todos los beneficios empresariales de Estados Unidos fueron a parar a estos intermediarios.

Fuera de Estados Unidos, el crecimiento se ha concentrado en unas pocas industrias. Países como China, Alemania o Japón se dedicaron a exportar. Lugares como España o Irlanda (y EUA) construyeron casas a espuertas, exportando un poco y atrayendo inversiones. Muchas economías emergentes se hicieron de oro exportando materias primas a una economía mundial voraz.

Lo que hacían todos sin excepción, sin embargo, era endeudarse como locos, aprovechando que conseguir crédito era ridículamente fácil. La extraña combinación de China manteniendo su moneda artificialmente devaluada para poder crecer exportando y el sistema financiero americano multiplicando los ahorros que esto creaba en una cantidad de crédito infinita se convirtió de hecho en la gran máquina del crecimiento de los últimos años. El auténtico motor del crecimiento no era gente produciendo, ganando dinero y comprando más de lo que hacen otros; sino una bizantina espiral de crédito.

China es una dictadura, y depende del crecimiento económico desaforado para mantenerse. Los dirigentes chinos han decidido que el camino seguido por Corea o Japón antes que ellos para generar este crecimiento es la vía más rápida para conseguir esto sin perder el control político. Si quieren exportar, tienen que ser competitivos, y eso se hace o produciendo mejor que nadie o manteniendo sus exportaciones baratas a base de tener una moneda barata.

En teoría, una economía que exporta muchísimo recibe una entrada de capitales enorme a cambio. En China, eso quiere decir dólares. Un dólar en China no te sirve de nada, así que el empresario que los recibe lo cambiará a yuanes para poderse comprar cosas en casa. Eso aumenta la demanda de yuanes, haciendo que la moneda se aprecie -algo que China no quiere ni puede permitirse, dado su sistema político. Para evitar que esto suceda, los políticos pueden manipular el mercado de divisas -por ejemplo, no repatriando ese dinero y prestando esos dólares a gente que quiera pedir créditos en Estados Unidos.

El motor del crecimiento de estos años, paradójicamente, puede que haya sido el hecho que China hubiera renunciado explícitamente a que los beneficios de su producción industrial se tradujeran en mayor consumo interno dentro de su país. El país crecía desmesuradamente, pero el dinero era reenviado a Wall Street, donde era multiplicado vía ingeniería financiera en una extravagante burbuja crediticia. El crecimiento era real en el sentido que todo el mundo compraba más y tenía más cosas – el problema es que comprábamos con dinero prestado.

Es una recesión extraña, no hay duda – y esta no es la única fuente de confusión. Escribiré más sobre ello mañana, pero las últimas décadas han sido muy distintas en muchos sentidos a los años dorados de 1945 a 1973. La economía ha cambiado, la tecnología también – y la política también tuvo grandes cambios; cambios que no fueron iguales en todas partes. Son cosas que todavía no entendemos del todo y que desde luego tenemos que mirar en detalle antes de extrapolar. Veremos más en otros artículos.