La subida de los precios del petroleo estos últimos meses ha generado mucho debate sobre malvados especuladores, compañías que comen niños y demás parafernalia, com es costumbre. Como he comentado anteriormente, sin embargo, la subida de precios es de hecho un problema mucho más simple de lo que parece, algo que no va más allá de la oferta (que aumenta lentamente) y la demanda (que lleva años aumentando un 3% anual).

El otro día me comentaban, sin embargo, por qué con un incremento de la demanda de un 6-9% en los últimos tres años, el precio del barril de crudo se ha triplicado. La respuesta es bastante obvia para todo aquel que ha hecho un poco de economía, pero respondo igual, para dejar las cosas un poco más claras. De hecho me extraña no haber leído esta explicación en ningún sitio, así que quizás es un poco menos obvia de lo que parece. Veamos.

En economía hay un principio sagrado e inmutable (y de hecho, hasta cierto punto, un poco tonto): la oferta de un
bien en un mercado es igual a la demanda de ese bien. Un mercado que funciona, bien o mal, hace que todo lo que está en las estanterías se venda siempre, y asegura que ningún comprador vuelva a casa fustrado de no poder comprar algo que quería.

Si la producción de algo es demasiado grande, los precios bajarán para asegurar que nada queda por vender. Si hay demasiados compradores, los precios subiran para asegurar que algunos pierdan su entusiasmo y decidan que comprar ese cachivache realmente no vale la pena si es tan caro. Vayan las cosas bien o mal, si estan a la venta el mecanismo de precios funciona, y deja el mercado limpio, sin compradores aún buscando cosas ni vendedores intentando colocar sus trastos.

Esto sucede siempre, no importa lo horroroso que sea el mercado en cuestión, haya monopolio o oligopolio, esten los precios subvencionados o no. El precio aparecerá en algún sitio, sea en el presupuesto del estado que subvenciona (lo pagas igual, vía impuestos), sea en la aparición
de enormes colas en las tiendas (estilo soviético), sea en un mercado negro tan ilegal como vibrante. El precio manda. Punto.

Evidentemente, no todos los productos son iguales. Si hablamos de cacharros innecesarios, digamos gnomos de jardín, el mecanismo de precios es mucho más efectivo. Si debido a un ataque terrorista del FLGJ la producción / secuestro y esclavitud de gnomos se reduce a la mitad, la subida de precios reducirá la demanda rápidamente. Muy poca gente no puede vivir sin un gnomo de jardín, así que un incremento relativamente pequeño del precio hará que muchos decidan buscar otras alternativas para su decoración hortera, estilo flamencos rosas o angelotes. La demanda es elástica; disminuirá rápido ante un aumento de precio, así que el mercado se ajustará fácilmente.

El petróleo es un ejemplo de un bien que funciona de forma totalmente opuesta. La demanda de petróleo es muy inelástica, ya que es un bien imprescindible para hacer un montón de cosas, es muy difícil de
substituir y hay un montón de inversiones ya realizadas que dependen de su uso. Por mucho que lo intente, no puedo darle alfalfa a mi Mazda para ir a trabajar; el cabroncete insiste en sólo comer hidrocarburos. Eso hace que para quitarme el caprichito de ir en coche al trabajo o a hacer la compra, el precio de la gasolina tenga que subir muchísimo antes que empiece a hacer números y decida cambiar de opinión.

Para hacer las cosas aún peores, el precio no es lo único que tengo en mente. Para el conductor (americano) medio, el coste de la energía que consume es un porcentaje muy pequeño de todos sus gastos, así que un aumento de precios tiene que ser muy, muy, muy exagerado antes que empiece a cambiar sus costumbres. El precio de la gasolina casi se ha triplicado en los últimos cuatro años (mirad como lloraban, pagando $1,75 el galón… ahora anda por $4 y pico), pero el número de kilómetros conducidos apenas ha bajado
un 3-5%. Si a eso le sumamos todas esas industrias que tienen el petróleo como materia prima (plásticos) o que no pueden usar otra cosa (aerolíneas), entendemos mejor las cosas.

Estamos en un mundo en que mucha gente quiere mucho petróleo. La cantidad de crudo que se puede producir es limitada, cada vez es más difícil extraerlo y aumentar la oferta es lento y bastante torpe. Si la oferta no puede subir demasiado, la demanda tiene que limitarse, y eso sólo se hace con precios altos. Sin embargo, como la economía mundial depende tantísimo del petróleo que nadie puede vivir sin él, la única manera de disminuir la demanda es con un incremento colosal, enorme de los precios. Algo que en el fondo es una buena noticia, pero no dejar de doler bastante.

Lo que es importante, sin embargo, es entender qué significa esta inelasticidad cuando se diseña una política energética sensata, sabiendo que no podemos aumentar la
oferta de forma realista. El objetivo no puede ser bajar el precio del petróleo directamente, sino hacerlo menos necesario.