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NPR, a Prairie Home Companion y el milagro de la radio

8 Jun, 2007 - - @egocrata

Uno de los grandes desconocidos de la escena mediática americana es la radio pública, NPR. Escucho NPR religiosamente desde hace un año, y la verdad, la calidad de la programación es avasalladora. La información es uniformemente excepcional, los programas de entrevistas son realmente magníficos, los temas tratados son casi siempre relevantes e incluso los programas de entretenimiento son divertidos, inteligentes y mucho más ricos que en cualquier otro medio. Es un medio de comunicación público modélico, que sigue fielmente la norma de dar algo que ningún ejecutivo privado en su sano juicio se atrevería a poner en antena.

El ejemplo más brillante en la parrilla de NPR es probablemente A Prairie Home Companion, el francamente extraño programa de entretenimiento del escritor Garrison
Keillor. En antena desde hace más de treinta años, estas dos horas radio semanales son una auténtica reliquia, una pieza de arqueología: un programa de variedades a la antigua hecho en directo. Algo así como una revista radiofónica con actores, música y comedia que no sonaría moderna en 1950, literalmente; un bucear a la enorme herencia cultural que los medios de comunicación de masas como la radio generaron en su época dorada, entre 1920 y 1955, y que de no ser por esta pieza de museo estaría totalmente olvidada.

A los más gafapastosos probablemente el programa les resultará familiar; la última película de Robert Altman, La Última Función, es una ficticia recreación del último día de emisión de este programa. Los que hayais visto la película entendereis de lo fascinante del programa; es un dulce mezcla de folklore, nostalgia y humor maravillosamente escrito, con Garrison Keillor ejerciendo de maestro de
ceremonias con el mismo espíritu travieso y despistado que en la película. La mayoría de personajes (Dusty y Lefty, Guy Noir…) son dramatizados por Keillor y otros actores, en dulces parodias de humor blanquísimo de clichés de antaño y manías modernas. Es un programa excelente, ideal para izquierdosos gafapastas como un servidor.

Os preguntareis entonces de dónde sale en dinero para pagar esto, en un país tan obsesionado con evitar lo público como la peste, y sin emitir publicidad. Lo cierto es sí reciben una parte del estado y gobierno federal (WNPR, mi emisora local, un 10%) y el resto… de contribuciones voluntarias. Sí, de donativos, tanto de particulares como de empresas y fundaciones.

Aquí NPR hace algo de trampa, ya que si bien no emite anuncios, sí repite de vez en cuando cosas como «este programa se emite gracias los generosos donativos de Honda». Aún así, sólo un tercio de los ingresos de la emisora media viene de esta fuente; el resto
viene de los oyentes. Sobre un 10% de los fieles gafapastosos que escuchan NPR pasan por caja, un número considerable (las cifras de audiencia no son bajas), y eso basta para que la mejor radio pública a este lado de la BBC funcione sin apenas dinero público.

Todo sea dicho que a veces son muy pesados pidiendo dinero (una vez al mes están mendigando en antena cada vez que hay un intermedio), pero lo cierto es que el sistema funciona. Es un medio sólido, informativo y totalmente único en este país, y probablemente la mejor forma de saber qué sucede en el resto del mundo en un medio fuera de internet en Estados Unidos. La televisión pública es un poco más triste (el presupuesto no da para tanto), pero sus informativos (que vemos tres personas en todo el estado, creo) son igualmente excelentes.

En fin, no hace falta que compare con España, supongo.