El PP y medios allegados se han lanzado a otro episodio de acusación presuntamente demoledora sobre un tema presuntamente importante. El de hoy es un presunto informe escrito presúntamente por Miguel Sebastián o algún presunto colaborador suyo a sus órdenes en un presunto intento de descreditar al presidente de un banco que estaba siendo presúntamente atacado por el gobierno. Oh la corrupción.

Algunas reflexiones. Primero, si para entender de qué está hablando el partido de la oposición un friki de la política como yo debe recurrir a Google, hemeroteca y archivos conspiranoicos variados, algo me dice que el votante medio no va a entender ni jota de todo este asunto.

Segundo, todo el tinglado acusatorio parte de la idea ligeramente rebuscada que el gobierno orquestó un intento de OPA por parte de Sacyr al BBVA,
y que utilizó todo el poder del estado y sus instituciones regulatorias para ello. Este enorme poder se resume en un informe que elaboró o llegó a manos de un periodista de la Ser acerca de un presunto delito que había prescrito hace años. El gobierno fue, según todas las hemerotecas medianamente razonables (y no, LD no lo es) un actor pasivo durante todo el proceso. El PP dice que alguien en Moncloa creo un plan maligno para convencer a los accionistas del segundo mayor banco del país a vender sus acciones, y lo único que se le ocurrió fue fabricar una denuncia de tercera división sobre su presidente.

Al presunto escándalo del «asalto», ya bastante raquítico de por sí, el PP debería unirle dos, no uno: lo que dicen que hizo Sebastián para aniquilar a ese Santo Varón y Mártir que es Francisco González (un amigo del PP 100%, todo sea dicho, y gran paladín del asalto al BBV por parte de una banca pública privatizada con él al volante como era Argentaria), y la patética incompetencia del gobierno en asaltar a un banco. Ui, mira, un informe. Risa malvada.

De hecho, el escándalo es lo de menos. El PP sabe perfectamente que no tiene absolutamente nada en términos legales sobre este asunto; sin embargo, es perfectamente consciente que el sistema legal y la capacidad de atención selectiva de la prensa hacen esto irrelevante. La denuncia irá a dar tumbos por algún juzgado, que tardará una eternidad en tomar una decisión preliminar. Si tienen suerte y es un juez amigo (como la del caso del ácido bórico, que se está ganando una nominación al CGPJ) la cosa dará tumbos por los tribunales hasta que alguien sensato mate el caso; si no, será echado a la papelera sin que nadie se dé cuenta
y con cero cobertura mediática, saliéndole al PP gratis la pérdida de tiempo.

La esencia para el PP es el ruido. Poco importa que lo que diga sea alegremente irrelevante, la cuestión es parir titulares grandilocuentes. Machacar unas cuantas ideas sin descanso (rendición, corrupción y bobo-solemnez), poner la mierda en el ventilador, y esparcir en masa hasta que algo se quede pegado. Una campaña negativa, al más puro estilo neoconservador feroz americano, en otras palabras.

El problema de hacer política de este modo, sin embargo, es que la mierda acaba por hacer que todo apeste. Sí, la imagen de quien recibe los ataques se resiente (por algo el gobierno no acaba de cuajar en las encuestas), pero quien está lanzando todo ese histerismo al escenario acaba oliendo igual o peor que su objetivo. La valoración de la labor de oposición del PP es sencillamente patética en todos los sondeos, con Rajoy recibiendo una valoración personal más cercana a la de un dirigente del PNV o ERC que la que se le supone al líder de la oposición. Como comentaban por La Moqueta, ciertamente los votantes de centro se han desencantado con el PSOE merced del griterio del PP, pero parece que han acabado reaccionando con pánico a los alaridos de Rajoy; todo ello sin movilizar mucho más a sus bases.

Estos días se habla mucho de lo bien que debaten los franceses y lo maravilloso que es Sarkozy en algunos medios de la derecha (ignorando el yate y todo eso, claro); los que se
preguntan por qué no tenemos la misma política sólo tienen que mirar a lo que hace el PP. Y por favor, no me vengan con tonterías que el PSOE crispó en la oposición; tanto la guerra de Irak, como el Prestige, como la espeluznante capacidad de Acebes de decir chorradas tras el 11-M fueron pifias bien reales de un PP que con menos soberbia hubiera ganado las elecciones de calle.

Aquí en Estados Unidos andaban igual el año pasado preguntándose por qué nadie hablaba de ideas, mientras los republicanos seguían llamando a todos abortistas totalitarios cobardes que iban a subir los impuestos. La derrota electoral de noviembre ha conseguido que por aquí se escuchen todas esas tonterías bastante menos que antes. El PP no callará hasta que no se empotre en la urnas, mucho me temo. Veremos qué sucede a finales de mayo.