Hace una temporada que no le prestaba demasiada atención a la página de editoriales del País. El periódico se había metido en una especie de aturdimiento bobo, como incapaz de decidir si todo el ruido y la furia mediático proviniente de la derecha va con ellos o no. Como resultado, los artículos de opinión eran en general fofos y sin demasiado buen sentido, y poco a poco dejé de leerlos.

Para mi sorpresa, ayer y hoy El País publica dos artículos excelentes, algo que me ha sorprendido un poco. El primero, uno de Jose María Maravall sobre la crispación política realmente magnífico; ahora está detrás de la zona de pago, pero vale la pena tratar de leerlo. Luís cita (y critica, a veces con buen criterio) el artículo en La Moqueta, así que no me repetiré.

El otro artículo casi
me lo tomo como una crítica a cosas que he escrito antes sobre Jacques Chirac. Como recordareis, tengo un obsesivo «cariño» a todo lo francés, y muy especialmente a su clase política; sin embargo Tony Judt habla con cierta razón de alguno de los logros y muestras de sentido de estado que el expresidente de Francia tiene en su haber, y lo que dice es cierto.

De vez en cuando mi ética de bloguero feroz pasa por encima de verdades simples pero importantes. Por un lado, que uno no puede ser tonto y sobrevivir en política durante casi 50 años, ganar las luchas en el partido y llegar a presidente, y por otro que no hay político (democrático) totalmente inútil. Para ganar unas elecciones, algo habrás hecho
bien, y lo cierto es que Chirac tiene sus logros. Pocos, y probablemente derivados de su ego, pero los tiene.