Llegan las elecciones municipales, y los chicos de ERC se aburren. Están de nuevo en el gobierno, con el deber y la obligación de poner cara de responsables, sin poder permitirse el lujo de prometer cosas demasiado chulas. Saben el estado de las cuentas públicas, saben que para su horror las cosas que digan puede que tengan que tratar llevarlas a la práctica, y saben que esa era brillante de cachondearse de CiU diciendo que no hacen tal o cual política se ha acabado.

Tristes tiempos para ERC, la verdad. Cuando te has pasado la vida pidiendo la luna, es difícil tener que hacer cuentas de verdad para montar guarderías. Es por eso que los antiguos mayores enemigos de España (ahora tocan vascos, para consternación de Carod) se han puesto a hablar de
autodeterminación
.

Básicamente la idea de los republicanos a la hora de hacer campañas electorales se basa en dos puntos: primero, que te insulte el PP, y segundo, meter el dedo en el ojo a los convergentes, a menudo como herramienta para conseguir que suceda lo anterior. El pedir a CiU que apoye un referéndum para la secesión (lo siento, pero odio la palabra «autodeterminación»; suena a eufemismo) es una aplicación básica de esta tradición.

Para empezar, es una manera realmente cruel de recordarle a sus vecinos ideológicos en el nacionalismo que de hecho lo suyo es reivindicación de estar por casa. Los convergentes dirán mucho de su seny, responsabilidad y esas justificaciones tan catalanas, pero a la práctica su amor al terruño se traduce en querer una Generalitat fuertecilla con ellos dentro, y tener voz en Madrid. Hay sectores en CiU que sí son independentistas, pero el partido no lo es; con una propuesta tan clara y directa hablando de
referéndums ERC puede recordar a su electorado quienes son los nacionalistas de verdad y quienes son los nacionalistas con síndrome de Estocolmo.

Lo cierto es que la cara de duda existencial que se les ha quedado a algunos en CiU (y los sudores fríos pensando en cómo redactar una respuesta formal) ha sido bastante significativa. Mas y compañía saben perfectamente que apoyar la secesión les costaría votos centristas y no les ganaría demasiados por el otro lado para compensar, así que el apuro es comprensible.

Por lo que respecta a la crítica desde el flanco del PP, parece que han pinchado en hueso. El Mundo, LD y compañía siguen con su 11-M y sus héroes del Foro de Érmua (que por cierto, condeno que les peguen),
con el brillante añadido de una nueva cruzada contra Polanco. En fin, lo de ser enemigo de España empieza a estar demasiado concurrido, cuando incluso la CNMV la está destruyendo estos días.

Sobre el fondo de la propuesta sobre el referéndum, sólo decir que no me ofende en absoluto. Ya hablé sobre qué requisitos me parecerían necesarios para votar algo en este sentido. Si es con garantías, todo es debatible. El resultado, por cierto, sería un «no» por goleada, así que los paladines de la unidad nacional no deberían preocuparse. Y sí, votaría en contra.