Hoy Egócrata se quejaba de los periodistas norteamericanos en el caso de Valerie Palme. Según nos cuenta, la prensa ya no es la del Watergate y hoy en día es más dócil y servil.
En España, desde que el Partido Socialista accedió al poder, el número de debates en televisión ha aumentado de forma exponencial. Tanto los canales autonómicos como Televisión Española han comenzado a introducir debates en horarios de máxima audiencia. Además, estos debates suelen ser bastante plurales (a excepción de Telemadrid, donde los periodistas de derechas son mediocres y los de izquierdas generalmente mandriles).
A primera vista, estos cambios pueden considerarse positivos: los ciudadanos disponen de más información y a los políticos se les exigirá más. Lo que sucede es que estos cambios se han visto acompañados por un nuevo modelo de periodismo.
En primer lugar, los periodistas ya no ejercen de tales. Sus argumentos los repiten machaconamente, pareciendo consignas más que información.
En muchas ocasiones, no sabemos si quien habla es un político o un comunicador.
En segundo lugar, ha emergido un nuevo tipo de periodista. Este nuevo modelo ha alcanzado su máxima perfección en tipos como Pío Moa o Ignacio Villa. Se caracterizan por ser individuos de una sola idea que repiten cada hora. En el momento que el interlocutor cambia de tema, ellos repiten la única idea que tienen. Así, se producen conversaciones del tipo:
– ¿De dónde vienes?
– Manzanas traigo.
Además, su única idea es la siguiente: el mundo se acaba y todo es culpa de ZP. La catástrofe se viene anunciando desde el día después que el PSOE ganó las elecciones. Pero como nunca llega, ellos no descansan.
En tercer lugar, son periodistas medio amnésicos. Sólo recuerdan el pasado del PSOE. Pero el del PP, nastis de plastis.
En resumen, si la prensa en EEUU está mal, aquí se ha
embrutecido.