Una de las noticias más sorprendentes estos días han sido los resultados de varias encuestas sobre las primarias republicanas. El candidato aparentemente favorito, John McCain, ha perdido el primer puesto en detrimento de un candidato que no me parecía que llegaría demasiado lejos, Rudy Giuliani.

En fin, como costumbre parece que me equivoqué. O bien los votantes republicanos no saben que el ex-alcalde de Nueva York defiende el derecho al aborto, el control en la tenencia de armas o los derechos de los homosexuales, o parece que no les importa demasiado y están más por la labor de escoger a un candidato con buenas expectativas de victoria que otra cosa. O quizás resulta que estos tres temas, que tanto parecen obsesionar a los medios, no son de hecho demasiado relevantes, y los americanos sólo quieren un tipo con
reputación de buen gestor (un tanto ficticia, pero vamos) y un bonito porte heróico contra el terrorismo (igualmente fantasioso, la verdad) como presidente.

Quizás resulta que siguiendo con lo que comentaba el otro día, la mitología del 11-S sigue siendo una historia que los medios de comunicación americanos parecen adorar, y Giuliani es el gran beneficiado.

A todo esto, si hay algo que me irrita profundamente de la retórica política local es la puta manía de referirse a todo aquel que lleva uniforme como un héroe. Los americanos están patéticamente obsesionados con esta palabrita, hasta el punto que incluso el programa del ejercito para ayudar a que los veteranos de la guerra heridos encuentren trabajo se llama “Hiring Heroes“. Si, ejercito voluntario, gran sacrificio y todo eso, pero aqui para que te llamen héroe basta con que te rompas una pierna resbalando en la ducha. El
recuerdo de Vietnam y el desprecio que mostraban algunos hacia los veteranos ha hecho que en esta ocasión todo el país haga la pelota como posesos hasta el último agente de inmigración, algo bastante absurdo. El heroismo está barato, oiga.