Una de las falacias más repetidas al hablar de política (servidor incluido) es decir que la única manera de cambiar las cosas es ganando las elecciones. Si bien es cierto que en una democracia la única manera de pasar leyes es formando mayorías, en un sistema de gobierno participativo no todo depende de la legislación. Un partido que se pase la vida perdiendo las elecciones quizás no tomará decisiones, pero tiene otros mecanismos para tener influencia.

Y la mejor manera de explicar por qué esto sucede es hablar de carritos de helados.

Imaginemos una playa. Palmeritas, arena blanca, sol, aguas critalinas, y muchos veraneantes, distribuidos de uniformemente en toda su longitud. Digamos que tenemos un kilómetro de costa, con un bañista cada metro; 1000 en total, todos bien repartidos. A esta playa llegan dos vendedores de helados, que tienen como objetivo vender tantos deliciosos refrescos como puedan. Ambos saben que los bañistas son vagos, y van siempre al
carrito que les cae más cerca, así que con eso en mente, van a tratar de decidir dónde se colocan. ¿Cuál es el lugar más adecuado?.

Si los vendedores quisieran poner las cosas fáciles a los bañistas, se colocarían cada uno a un lado, a 250 metros del final de la playa, de modo que quien quiere un helado tenga que andar un máximo de un cuarto de kilómetro para llegar a un carrito. El problema, sin embargo, es que eso no sería la decisión más racional, desde un punto de vista individual de cada vendedor. Si uno de los heladeros se mueve 250 metros y se coloca en el centro, este inmediatamente obtendría muchas más ventas. Para empezar, todos los bañistas en su lado de la playa seguirían comprándole a él; aun teniedo que andar medio kilómetro, seguiría siendo el vendedor más cercano. Sin embargo, es no sería todo, ya que también robaría clientes a su rival; los veraneantes entre el “metro 500” y el “625” cambiarían de carrito para andar menos.

Evidentemente, el otro vendedor no es tonto, y
no se conformaría con eso. Al cabo de unas horas, los dos carritos estarían situados en el centro de la playa, tratando de evitar que nadie les robe mercado, y dividiéndose la mitad de la clientela para cada uno.

¿Familiar, no? Es una explicación muy sencilla (y antigua; las primeras formulaciones tienen casi 100 años, el desarrollo moderno es de Downs, en los 50) sobre cómo funcionan los partidos políticos y su estrategia electoral. Los partidos saben que la mejor manera de maximizar votos / clientes es buscando el centro, y actuan en consecuencia; el partido más cercano al votante mediano es el que ganará el mayor número de votos, así que los estrategas electorales se pasan la vida buscando ese elusivo individuo.

Sin embargo, he comentado que no es necesario ganar para ser influyente, y hablando de vendedores de helados podemos ver también como esto sucede. Supongamos que uno de los vendedores tiene un carrito excepcionalmente pesado, o es sencillament muy vago, y no quiere alejarse
demasiado de su casa. El pobre vive en un extremo de la playa, y como mucho avanza 100 metros, quedándose allí para vender helados. El otro vendedor, muy avispado, estaba en el centro, de modo que tiene todo un lado para él, y la mitad de los bañistas entre su carrito y el de su rival como clientes; sin embargo, las cosas le pueden ir todavía mejor si se mueve un poco. Como más se acerque a su rival, más clientes le robará, sin perder necesariamente clientes por el otro lado (tenemos bañistas masocas, que caminan lo que sea por un helado); así que no tardará demasiado en estar al ladito de su rival, quedándose con los clientes de 900 metros de playa.

Algo parecido tiende a suceder con los partidos políticos. Cuando un partido insiste en irse al monte, sin atender a lo que hace su rival, su oponente tiende a variar sus posiciones políticas para aprovecharse de los cambios. Si un partido, por ejemplo, insiste en defender el matrimonio homosexual, su rival es probable que acabe defendiendo las
parejas de hecho, aún no creyendo en ellas en un principio, para acercarse al su rival a su izquierda, sin adelantarlo. En el caso que un partido político ante una posible negociación con terroristas aboga por una inflexibilidad radical y absolutista, es muy probable que su rival acabe por limitar su flexibilidad para erosionar votos a su oponente, aún cuando la posición del electorado pudiera ser más tolerante.

¿Por qué el debate político en España parece siempre girar en torno a lo que dice el PP? No es necesariamente debido a que lo sueltan es lo que importe el electorado; es perfectamente posible que el PSOE esté sencillamente siguiéndoles en sus obsesiones, para tratar de ganar parte de su electorado.El PP, incluso perdiendo, puede influir en el debate; no hace falta ganar para marcar la agenda.

Claro, también es posible que el PP haya sido más listo y de hecho sean los que están en el centro de la playa, pero eso es un debate para otra día…