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Poder de mercado y legislación laboral

14 Jul, 2006 - - @egocrata

Uno de los mercados es imprescindible entender y analizar correctamente es el mercado laboral. El estado tiene una larga tradición de intervención y regulación en la materia, al ser el que (aparentemente) afecta más directamente al ciudadano medio. Esta regulación, se señala a menudo, es un obstaculo a la eficiencia, y una de las causas que ciertos países tengan más paro que otros, según el saber convencional.

Los efectos predichos son conocidos: el salario mínimo y la protección laboral crean desempleo, la flexibilidad lo reducen. En el plano teórico, los argumentos detrás de estas predicciones son lógicos; el problema es que en la realidad estos efectos son mucho menores de lo que los modelos nos llevarían a pensar. Dicho de otro modo, los incrementos del salario mínimo no necesariamente han producido siempre desempleo, y la protección laboral no tiene una correlación tan fuerte como debería con el nivel de paro. La teoría predice un efecto fuerte y evidente, pero
parece que este no siempre se produce, y que en algunos casos funciona a la inversa.

El problema, como de costumbre, está en las asunciones del modelo, específicamente en la perfección natural de los mercados laborales. En un mercado normal con un precio dado, un vendedor que trata de vender un mismo producto más caro se queda automáticamente sin clientes; los consumidores pueden siempre irse a otro sitio sin problemas. Este hecho es uno de los garantes de la eficiencia del sistema; si los actores responden rápidamente a los cambios de precio, los recursos siempre se estarán aprovechando al máximo.

El mercado laboral es ligeramente distinto, ya que los compradores y vendedores no son totalmente iguales. Los trabajadores son, en este caso, los vendedores; ofrecen horas de trabajo a un precio, el salario. Los compradores son los empresarios, que compran este trabajo dando empleo. Sin embargo, el establecimiento del precio de mercado no es totalmente simétrico, como es en el caso anterior.
Los vendedores, en este caso, dependen única y exclusivamente de poder emplearse para sobrevivir, mientras que los empresarios no dependen de unas cuantas horas trabajadas para hacerlo. Los trabajadores son mucho más reacios a perder un cliente / empleador que los empresarios son a perder un currela, ya que el riesgo que corren es mayor: es difícil encontrar trabajo, tienen menos recursos acumulados, y tienen más a perder.

Cuando se negocian precios, por tanto, hay una situación de asimetría entre ambos, con el empresario teniendo cierta capacidad de presionar el salario a la baja, ya que tiene poder de mercado. A su modo, un empresario es un pequeño monopsomio, un monopolio de la demanda, ya que tiene esta capacidad de negociación adicional.

Este hecho, que parece tan lógico, no ha entrado en la teoría económica de forma formal hasta hace tres o cuatro años (Alan Manning siendo el primero en modelarlo). Algo que parece tan evidente desde el sentido común (el jefe negocia desde un lugar
mejor que el tuyo) resulta ser alegremente ignorado por mucho paladín neoclásico.

¿Qué efectos tiene un monopsomio limitado en el mercado laboral, en la teoría? Curiosamente, explica algo que con un modelo convencional no se puede explicar, como es la dispersión salarial, por qué esta es mayor entre la mano de obra no cualificada, por qué los empleados veteranos cobran más sin ser más productivos, por qué las empresas sin sindicatos pagan menos, por qué el efecto de los salarios mínimos es tan pequeño en el paro, y varios otros detalles.

El más importante, curiosamente, es que el salario mínimo no afecta tanto a los niveles de paro como a los niveles de desigualdad salarial. Un salario mínimo, en esencia, está dando algo de poder de negociación al trabajador. El empresario tiene un límite «duro» por debajo en su regateo, así que su capacidad para dispersar la escala salarial disminuye. Si el salario mínimo no es demasiado alto, contratará igual (hay muy poca gente tan patéticamente
improductiva que no puede aportar por encia del mínimo) pero tendrá menos capacidad de dejarlo a niveles muy bajos. Los datos de hecho corroboran esta teoría; la variación de la desigualdad salarial en Estados Unidos sigue al salario mínimo, mientras que el nivel de desempleo no se ve afectado.

En contra de lo que dice el saber convencional, por tanto, el salario mínimo no siempre crea desempleo, y sí tiene un efecto muy fuerte sobre redistribución. Otras formas de protección laboral, por cierto, sí lo generan, como ya señalé en otro artículo. El nivel de igualdad en una economía, mal que les pese a algunos, es una cuestión política, no otra cosa; no hay tal
conflicto entre eficiencia y redistribución.

(bueno, no siempre; igual que se puede ser incompetente creando riqueza, se puede serlo redistribuyendo. Que le pregunten a los rusos… Pero eso, para otro día).