O al menos, la ciudad del portatil.

Hoy antes de entrar al cine (a ver «Diario de una Motocicleta«. Flojilla) me he ido a hacer un café a uno de los sitios de New Haven donde sirven el café decentemente, es decir oscuro, bien cargado y todo el ritual. No es nada del otro mundo y tienes que pedirlo doble para que la dosis sea potable, pero al menos no te ponen un barril de agua sucia.

Bueno, pues estando de cháchara con una chica que pasaba por allí, me he dado cuenta que al menos había en el bar 8 o 10 personas con su portatil, y tecleando furiosamente. En la cafetería hay red inalámbrica, y bueno, la gente la utiliza mucho. En Nueva York igual, en una cafetería fashion de Brooklyn; lo único que la gente llevaba Macs a espuertas. En fin, algún día veremos eso en Europa, y los informáticos fustrados estaremos felices.

Sobre la peli, quizá mi problema es que no veo por qué el Ché Guevara es un mito vendecamisetas. Quizá no soy lo bastante romántico. Ni idea.