Esto es lo último que me faltaba oír esta mañana, después de tener una charla con un compañero mío. El individuo en cuestión se estaba leyendo la novela “Caballo de Troya 1” de J. J. Benítez, y me ha empezado a hablar de ella, comentándome que estaba basada en hechos reales, que se hicieron pruebas en el gobierno de EEUU y que se consiguió viajar en el tiempo. Yo por mi parte le intenté hacerle entender que es una novela, que hay parte de ella que está basada en hecho reales (sobretodo la parte más histórica) pero que aunque la ciencia que hay en ella está muy bien razonada y los teoremas que se explican podrían ser reales (no han sido demostrados pero tienen un fundamento físico y no resultan inverosímiles), no lo son.

A esto mi compañero me muestra unas líneas del libro donde dice que es solo una traducción de unos informes que están guardados dentro de la colección del señor Lara, insistiendo en que esto era completamente verídico. Y para rematar la faena me sale con un “Si está escrito en un libro es que tiene que ser verdad, porque no publican cosas que estén mal, por ejemplo en la enciclopedia todo lo que hay es verdad”. Sin comentarios.

La cuestión ha terminado cuando lo he dicho que echara un vistazo al epílogo que hay en las primeras ediciones del libro.