Educación

Lo que debería preocuparnos de PISA

13 Dic, 2016 - - @RamosMa_

La semana pasada se presentaron los resultados del conocido informe PISA de la OCDE, que evalúa el nivel de competencias de alumnos de 15 años en más de 70 países alrededor del mundo. Al igual que con anteriores informes, estos días en los medios y en las redes sociales se ha hablado insistentemente de la posición de España respecto a otros países del entorno y de las diferencias en las puntuaciones de las distintas Comunidades Autónomas. Pero como ya advertimos en Politikon la semana anterior, las puntuaciones y las diferencias entre ellas (muchas por cierto, estadísticamente no significativas) no son lo más relevante del informe.

Y es que además de evaluar competencias medidas a través de puntaciones, el gran valor de PISA es que incorpora mucha información sobre los propios estudiantes, sus familias, las escuelas y los profesores. Una información que resulta de mucha utilidad para comprender mejor lo que sucede y elaborar mejores políticas educativas.

De las muchas cuestiones relevantes del informe PISA (algunas de ellas iremos desgranando en las próximas semanas), las desigualdades socioeconómicas en la probabilidad de repetición es una de las que más debería preocuparnos. En términos generales España es uno de los países que recurre más a la repetición, pero en este informe se ha puesto de manifiesto además que es el país en el que más influye la condición socioeconómica en la probabilidad de repetir curso. Dicho de otra manera: no sólo es que quizá se esté abusando de la repetición, sino que es el país donde más influye el origen social en la probabilidad de acabar repitiendo curso. De hecho, el impacto del origen social no ha hecho más que aumentar. En el informe anterior se veía que a igualdad de competencias los estudiantes de orígenes más desfavorecidos tenían tres veces más probabilidades de repetir. Esta cifra se ha duplicado y ahora estos estudiantes tienen casi seis veces más probabilidades de repetir. Pero vayamos por partes.

 

La tasa de repetición en España es de las más altas de la OCDE

A los 15 años, el 31,3% de los estudiantes españoles han repetido al menos una vez en primaria o secundaria. Es decir, prácticamente uno de cada tres estudiantes han tenido que repetir todo un curso académico porque no superaron un cierto número de asignaturas.

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El promedio de la OCDE oscila en torno al 11%, pero como se ve en la imagen hay grandes diferencias entre países: en algunos como Finlandia, Suecia o Dinamarca (pero también en Reino Unido o Noruega, que no aparecen en el gráfico) apenas hay alumnos repetidores, mientras que en otros como Bélgica, España o Portugal es bastante frecuente. En España de hecho el porcentaje de repetidores no ha variado demasiado en la última década y sigue estando en torno al 30%.

Sin embargo, no parece que hacer repetir a los estudiantes siempre sea una buena idea. En todos los países, y por supuesto en España también, los resultados académicos y la repetición están asociados negativamente. Esta regularidad es bastante obvia: los malos estudiantes tienden a repetir más. Lo relevante es que también hay un efecto en sentido inverso: los malos estudiantes repiten más, y repetir muchas veces empeora los resultados educativos. Es decir, se ha demostrado (aquí y aquí por ejemplo) que la repetición no siempre sirve para mejorar su aprendizaje, sino que muy frecuentemente tiene efectos negativos sobre el rendimiento académico posterior y eleva las probabilidades de abandono escolar. En la misma línea, los estudios centrados en España que intentan establecer efectos causales también han mostrado la ineficacia de la repetición y su impacto negativo sobre los resultados académicos posteriores (por ejemplo aquí y aquí).  En definitiva, hay bastante evidencia acumulada sobre los efectos negativos de la repetición y en Politikon ya hemos hablado desde hace tiempo de algunas buenas razones para pensar que no es la mejor de las opciones.

 

En España es donde más influye la posición socioeconómica en la repetición de curso

Repetir curso no siempre es buena idea, y muchas familias lo saben. Pero no todas lo saben por igual. En la mayoría de los países son los alumnos más desfavorecidos socioeconómicamente los más propensos a repetir curso, incluso si se les compara con otros de similar rendimiento académico, motivación o comportamiento en el aula. Y es que la posición socioeconómica (llamémoslo “SES” -socioeconomic status-, llamémoslo “clase social”) importa. Y en España importa mucho.

Como se observa en la siguiente imagen, en el último informe PISA se ha puesto de manifiesto que a igualdad de resultados académicos, en España es casi 6 veces más probable que repitan los hijos de familias pobres que las de familias ricas. En concreto, los estudiantes desfavorecidos tienen 5,6 veces más probabilidades de haber repetido que sus equivalentes de familias privilegiadas incluso después de descontar posibles diferencias en competencias.

f2_retentionbysesEn el anterior informe PISA, el de 2012, este diferente riesgo de acabar repitiendo según posición socioeconómica, que ya era entonces 3 veces mayor para los menos favorecidos, ya era preocupante (y nos preocupaba). Lejos de reducirse, la incidencia de la posición socioeconómica en la probabilidad de repetición ha aumentado en estos años. Ahora España tiene el dudoso honor de ser el país de entre las más de 70 economías participantes en el informe PISA donde más influye la posición socioeconómica.

 

Hay mejores opciones: más vale prevenir que repetir

Las repeticiones, el fracaso escolar y el abandono temprano se hacen muy visibles durante la secundaria, que es el momento en el que se toma la foto fija de PISA. Pero sabemos bien que es en las etapas previas del ciclo educativo donde verdaderamente comienzan las desigualdades educativas y también donde se va fraguando el camino hacia el fracaso y el abandono escolar. Por eso son fundamentales las intervenciones tempranas que permitan identificar a tiempo a los estudiantes con riesgo de acabar repitiendo.

Hay familias con una posición socioeconómica aventajada que afortunadamente para ellas pueden compensar y poner remedio a tiempo si sus hijos tienen malos resultados académicos y empiezan a tropezar en la escuela. Pero estos mecanismos compensatorios no están al alcance de todos. Por eso es en las familias y en las escuelas más desfavorecidas socioeconómicamente donde se deben poner los mayores esfuerzos.

Los programas de educación compensatoria son una de las medidas que bien pueden contribuir a este objetivo. Pueden adoptar distintas modalidades (tutorías individualizadas, clases de refuerzo, escuelas de verano…), pero la idea común es ofrecer apoyo complementario fuera del aula para compensar desigualdades de partida y asegurar que los estudiantes con mayores dificultades alcanzan unos estándares académicos mínimos. En otros países son mucho más frecuentes (véase por ejemplo aquí o aquí), pero en España todavía son bastante recientes. Lo que sí se sabe es que estos programas tienen efectos muy positivos. En concreto, en un estudio reciente que evalúa el Programa de Acompañamiento Escolar (PAE) puesto en marcha entre 2005 y 2012 y que ofrecía apoyo adicional para alumnos de bajo rendimiento en entornos socioeconómicos pobres, mostraba que el programa había sido positivo para reducir el número de alumnos que se quedan atrás y mejorar los resultados académicos de los estudiantes participantes.

Estos programas compensatorios fuera del aula son muy necesarios, pero probablemente no suficientes. Además de refuerzo fuera del aula, los alumnos de entornos menos favorecidos deberían recibir también, como parte de su programa docente, una educación de gran calidad y entornos estimulantes como la que disfrutan muchos hijos de posiciones más privilegiadas. Esto es algo de lo que también hablamos en el último Cervezas y Politikon. Sabemos que hay buenas prácticas en educación y hay muchas cosas que se hacen bien. El gran reto es hacerlas accesibles más allá de las élites.

Todas estas medidas sin duda tienen un coste económico, pero los costes directos e indirectos de la repetición son mucho mayores. En el caso de España se ha calculado que el coste anual por cada estudiante que repite es de más de 20.000€, y en agregado la repetición de curso es una de las más altas de la OCDE y representa casi el 8% del gasto total en primaria y secundaria. Obviamente no se trata de dejar pasar de curso alumnos que no tienen los conocimientos necesarios porque la repetición sea costosa, sino de poner remedio a tiempo. Más vale prevenir desde las primeras etapas educativas y desde que empieza el curso académico que lamentarse en junio, cuando ya la única alternativa parece la repetición de curso.