Política

Tiempos interesantes

21 Nov, 2016 - - @kanciller

La periodista Maureen Dowd dice 2016 pasará a la historia como “el año que votamos peligrosamente”. Tras lo vivido con el Brexit, Donald Trump o el proceso de Colombia uno podría pensar que sí, pero con matices, porque ni el año se ha terminado todavía ni viene un 2017 menos entretenido. Sólo para hacer un repaso de lo que se nos viene encima, he aquí una revisión cartográfica de los choques de placas tectónicas.

Renzirendum y tercera vuelta en Austria

El 4 de diciembre los italianos votarán el referéndum obligatorio para la reforma constitucional propuesta por el gobierno de Renzi. Si se quiere saber a fondo la materia se puede leer este exhaustivo y crítico post de Pasquino y Capussela. Como resumen, lo que se propone es reducir los poderes del Senado (cuya confianza es necesaria para no tumbar el gobierno) y un cambio en su composición para crear una especie de modelo Bundesrat (de redacción extrañísima), además referendar la nueva ley electoral italiana, el Italicum, la digi-evolución del Porcellum. Reforma que, por cierto, es un verdadero pastiche. En cualquier caso lo importante es que el primer ministro italiano se ha comprometido a dimitir en caso de perder el referéndum, convirtiéndolo en un plebiscito sobre su persona. El tipo de compromiso que carga los dados para que la gente no responda a lo que le preguntan.

De momento desde el 5 Stelle hasta Mario Monti han pedido el voto negativo y las encuestas dan leve ventaja al NO, aunque todavía hay muchos indecisos. De confirmarse ese resultado la dimisión de Matteo Renzi hará que una pieza más del tablero europeo quede en el aire. Justamente la amenaza de inestabilidad política y económica será el arma que intentará emplear el gobierno frente a un 5 Stelle muy  crecido, una estrategia arriesgada visto el año. De caer Renzi habría diferentes opciones, desde que el presidente Mattarella intentase buscar otro candidato de la actual mayoría – recordemos, la coalición PD-Nuevo Centro Derecha – hasta un gobierno técnico previo a la convocatoria de elecciones. De momento Italia ha sido de los pocos países del sur que han intentado mover las políticas de ajuste y de refugiados en la Unión, incluso con amenaza de bloqueo del presupuesto comunitario. El gobierno que pueda haber tendrá importancia para toda la Unión Europea.

Mientras, esa misma noche, máxima tensión en Viena. Tras anularse el resultado de la anterior segunda vuelta por parte del Tribunal Supremo, se repiten las elecciones presidenciales austriacas en las que se bate Norbert Hofer (FPÖ- extrema derecha) y Alex van der Bellen (Verdes). Por primera vez los partidos de la gran coalición quedaron fuera de la carrera. El candidato del FPÖ ya fue la opción más votada en la primera vuelta y de momento está en cabeza en los sondeos, así que volverá a haber recuento de infarto. La presidencia de Austria es elegida de manera directa cada 6 años y sus poderes son más simbólicos que reales – si bien es cierto que conserva la prerrogativa de disolver el Parlamento. En cualquier caso, será el anticipo de un FPÖ que no deja de crecer y la primera presidencia de Europa Occidental en manos de la extrema derecha. Esperad a 2017.

Operación a corazón abierto: Países Bajos, Francia y Alemania

En 2017 habrá elecciones en tres países que forman el corazón de Europa y cuyos resultados pueden tener implicaciones importantes. La primera es la de Países Bajos, que tendrá lugar el 15 de marzo. Su sistema electoral puramente proporcional – distrito único, como Israel – hace que tan importante como el resultado sea la negociación de coaliciones posteriormente. Ahora mismo gobierna allí Mark Rutte como Primer Ministro, del partido VVD (conservadores) en una coalición con los Laboristas – sí, los de Jeroen Dijsselbloem. Sin embargo, parece que estas elecciones quien sacará un espectacular resultado serán el Partido de la Libertad de Geert Wilders, una extrema derecha particularmente islamófoba. Los que caerán serán los conservadores pero, muy especialmente, los laboristas. Y aunque es poco probable que este partido forme parte de ninguna coalición, formar gobierno va a ser un reto interesante con una fragmentación y polarización record.

Pero esto es sólo el anticipo para el país en el que están puestas todas las miradas; Francia. El 23 de abril es la primera vuelta y el 7 de mayo la segunda de las elecciones presidenciales. Como se sabe, esta elección es de una importancia capital en ese sistema político y todas las encuestas dan por seguro que Marine Le Pen, del Frente Nacional, pasará la segunda vuelta. Ahora mismo encabeza la intención de voto en todos los tramos de edad menos los mayores de 65 años y mucho se decidirá en el campo de los otros partidos. De un lado, porque el 27 de noviembre habrá habido la segunda vuelta de las primarias de los Republicanos (antigua UMP) y el candidato electo es clave para saber si recoge o no voto en la segunda vuelta – y ya sabemos que Sakozy está fuera y los sondeos le daban como el peor competidor contra el FN. Desde luego que nadie espere un Chirac-LePen, la cosa estará más emocionante. Del otro, porque François Hollande está hundido en las encuestas y será difícil que ni él ni siquiera Macron logren remontar la situación de los socialistas para pasar a la segunda vuelta.

Artículos como este son, por tanto, de una temeridad extrema cuando tenemos tantas opciones abiertas. La victoria de Marine Le Pen en las presidenciales francesas podría tener implicaciones enormes a la espera de que las legislativas posteriores determinen su margen de maniobra. En cualquier caso para empezar, un referéndum de salida de la UE, promesa también del Partido de la Libertad. Ahora, con los enormes poderes de la presidencia francesa, veo complicado que no se desmonte pieza a pieza la Unión Europea.

Entre tanto, el camino a las elecciones en Alemania está expedito, las cuales obligatoriamente tienen que estar en algún punto entre septiembre y octubre. De entrada las encuestas señalan cierta caída de la CDU-CSU, por más que sigue consolidado en primera posición. Para la canciller Ángela Merkel la política de refugiados está suponiendo una factura importante, mientras que el SPD se mantiene más o menos estable pero en un lejano segundo puesto. Los cambios vienen de la posibilidad de que esta vez el FDP, los liberales, vuelvan a  entrar en el Bundestag y la importante subida de Alternativa por Alemania (AfD), los cuales ya tienen representación importante en muchos Lander y son segundo partido en Sajonia y terceros en Baden-Württemberg o Renania. Con la correlación de fuerzas que pueda surgir de aquí bien podría darse una gran coalición menguada, o incluso el primer gobierno de coalición minoritaria CDU-CSU-FDP de la historia si hay cordón sanitario a AfD.

Este partido parecía estar en problemas tras su división en 2015 y las pugnas entre el sector más liberal, el de su fundador Bernd Lucke, y el sector que se impuso, el nacional-conservador, encabezado por su líder Frauke Petry. Este giro de hecho les fue muy conveniente cuando los refugiados, y no Grecia, empezaron a copar los periódicos alemanes. De momento no han hecho más que subir y serán un actor político importante en Alemania, constriñendo el margen de maniobra de Berlín en no pocas políticas. Veremos.

Votando en el filo de la navaja

Estas elecciones son de una extremada importancia, y me he dejado por el camino lo que pueda pasar en Noruega, las elecciones locales parciales en Reino Unido (que pueden condicionar la estrategia del Brexit) y las más que probables elecciones en Cataluña, en algún punto de septiembre u octubre (de las que, por supuesto, vamos a hablar mucho). En todo caso, aún no hemos terminado el año y ya sabemos que el que viene estará cargado de comicios que nos va a afectar de manera directa. Es verdad que en el debate español es complicado levantar un poco la vista de nuestros problemas más inmediatos, pero este bienio va a ser decisivo para la configuración del orden internacional de la próxima década ¿Tenemos un plan?

Estamos viviendo una acelerada transformación de la política en todo el mundo; nuevos partidos y electorados más volátiles en un contexto de cambio de la economía a nivel mundial. No es sólo una generalización del malestar, es una transformación mucho más de fondo de nuestros sistemas políticos.  Igual que he mencionado el impacto que la política de la UE va a tener en las elecciones de muchos de estos países, no va a ser menos en el otro sentido. Es posible que estemos viviendo el final de la Unión Europea y tal vez deberíamos preguntarnos si, como dice Federico Steinberg, no estamos a las puertas de un imparable proceso de desglobalización de imprevisibles consecuencias. Maldición china.