elecciones

Trump: ¿qué ha pasado?

9 Nov, 2016 - - @jorgegalindo

Ha sucedido. Donald Trump ha ganado las elecciones en Estados Unidos, y casi todas las predicciones han fallado. ¿Qué ha sucedido para llegar a este punto? Es pronto para sacar conclusiones, pero basándome en el artículo que escribí el lunes con Gonzalo Rivero, en el que nos preguntábamos por los puntos débiles del razonamiento más difundido, se pueden plantear un par de hipótesis muy brevemente.

El voto…

Hay dos maneras de ver la capacidad de Trump de mantener una coalición ganadora, y no son excluyentes. Por un lado, el partidismo como variable inamovible: por muy deteriorada que haya quedado la figura del candidato, por muchos ataques que haya sufrido, al final parece que una gran mayoría de votantes republicanos se han mantenido fieles.

Por otra parte, parece que la guerra de “clase trabajadora blanca” vs. ororías + clase media-alta urbana no le ha salido bien a los demócratas, y sí a Trump, quien ha ganado en lugares donde Obama hizo lo propio en 2008 y 2012. A falta de estudios post-electorales, parece que el apoyo del segundo grupo ha sido menor que el primero. En palabras de Octavio Medina o de Nate Cohn, los votantes blancos de clase obrera se habrían comportado como una minoría, siendo en realidad más del 40% del total. Con ello, Trump ha ganado donde Obama logró darle la vuelta a la tortilla.

Así, Trump ha sumado al bloque conservador a una parte de la población que o no votaba, o lo hizo por Obama en 2008/2012. Mientras que Clinton no ha conseguido igualar la apuesta a base de minorías y nuevos votantes. Si a eso le añadimos que los votantes del segundo grupo se encontraban mayoritariamente en ‘estados seguros’ en los que su voto nada cambiana, mientras los primeros sí podían mover la balanza, nos queda la imagen completa.

…y las encuestas

Antes de estas elecciones había en EEUU una especie de ‘guerra de modelos’ de predicción electoral por ver quién daba el valor más ajustado. Pero, eso sí, todos ellos apuntaban a una victoria de Clinton que al final no ha sucedido. El problema, por tanto, no está en el modelaje tanto como en la materia prima principal, casi siempre las encuestas.

¿Qué ha pasado con ellas? Muchos hablan y hablarán del voto oculto, de personas que al ser preguntadas no se atrevían a declarar su intención de votar a Trump. Gonzalo Rivero prefiere la hipótesis de que la baja tasa de respuesta es mucho menor que hace unos años, y eso empeora la calidad de la estimación (esta idea y otras están mucho más y mejor desarrolladas en la segunda parte del artículo del lunes). Si estas nuevas muestras están sesgadas en determinada dirección porque quienes tienen una mayor probabilidad de votar a una opción también es más probable que no respondan, el problema de voto no declarado se convierte en uno de no respuesta.

Si justo han sido esos añadidos a la coalición republicana aquellos que han dejado de responder en mayor medida a las encuestas, ya tenemos algo que nos acerca a solucionar la ecuación. De hecho, varios de los estados que las encuestas daban a Clinton y que han acabado siendo de Trump contienen grandes cantidades de votantes con los perfiles arriba descritos. Justamente, aquellos donde importaba su voto.

Agreguemos los otros factores mentados en el texto del lunes: más encuestas de baja calidad, la errónea ponderación de ciertos votantes asignados equivocadamente a los demócratas, y la sobre-estimación de likely voters pasados frente a la infra-estimación de antiguos abstencionistas movilizados por Trump, tenemos el dibujo completo tal y como quedaba esbozado en el texto que escribimos hace dos días.

Pero es sólo eso, una hipótesis. O un grupo de las mismas. Exactamente igual a la que teníamos antes de que la realidad la desmintiese esta noche pasada: que, a pesar de todo, una victoria de Clinton parecía más probable que no. Queda, pues, mucho trabajo por delante. Será mejor hacerlo paso a paso.