Internacional

Las otras elecciones americanas

8 Nov, 2016 - - @egocrata

Siempre hablamos de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Son las que atraen a los medios, tienen épica, grandes discursos y marcan épocas históricas, tanto dentro como fuera del país. Inevitablemente son las elecciones con los candidatos mejor financiados, los anuncios más pulidos, las tácticas más refinadas. A menudo no son los comicios más importantes.

Es más, este año es muy probable que las presidenciales sean, a efectos prácticos, unas elecciones que no traigan grandes cambios por sí solas, especialmente si gana Clinton*. En el sistema político americano, como no me he cansado de repetir, quien tiene la voz cantante en política interna es el Congreso, no la presidencia. Un presidente sin mayoría legislativa no puede hacer casi nada sin tener que llegar a acuerdos con el partido contrario.

En el polarizado sistema de partidos actual, esto no es algo que veamos a menudo; prácticamente toda la producción legislativa de Obama (excepto una subida de impuestos) se produjo en los dos primeros años de mandato, antes que los republicanos recuperaran la Cámara de Representantes el 2010. Veamos, pues, qué podemos esperar.

Congreso

Si se cumplen los pronósticos, Hillary Clinton llegará a la Casa Blanca con las manos atadas en el capitolio. Es muy difícil, por no decir imposible, que los demócratas puedan conseguir una mayoría en la Cámara de Representantes mañana. Los cálculos más optimistas dicen que el partido necesitaría un margen de diez puntos para imponerse, algo fuera de cualquier previsión. La barrera es tan alta en parte por el gerrymandering de los republicanos tras su victoria en la mayoría de legislativos estatales el 2010 (más sobre ello en un segundo), pero sobre todo porque los votantes demócratas están distribuidos de forma ineficiente en la geografía del país. Mientras que el GOP saca buenos resultados en zonas rurales y es competitivo en los suburbios, los demócratas están muy concentrados en zonas urbanas. Esto se traduce en que el partido tiene distritos donde ganan por 30-50 puntos de forma habitual, desperdiciando muchos votos en márgenes de victoria abrumadores. Los republicanos, mientras tanto, ganan muchos más distritos por 6-10 puntos, manteniendo más escaños sin desperdiciar votos.

El Senado, con sus distritos de representación estatal, es bastante más competitivo. El tercio de senadores en liza salen de las elecciones del 2010, un año especialmente atroz para los demócratas, así que hay bastantes republicanos vulnerables. Ahora mismo casi todos los observadores dan sobre un 50% de posibilidades que puedan recuperar la cámara (un empate favorece al partido que controla la presidencia, ya que el vicepresidente es quien rompe los empates); el número mejora un poco si Hillary saca un gran resultado mañana.

Controlar el Senado, por sí solo, no sirve de gran cosa a la hora de legislar, ya que el bicameralismo americano es simétrico (cualquier ley necesita mayorías en ambas cámaras). La cámara alta, sin embargo, debe confirmar los nombramientos judiciales del presidente, y ahora mismo hay una vacante en el Supremo. Varios republicanos han dicho abiertamente que si Clinton gana pero ellos mantienen el Senado no van a confirmar a nadie. Esto bien puede que sea un farol, pero los demócratas estarían mucho más tranquilos si no se enfrentan a esta batalla desde el principio.

Curiosamente, lo que todo el mundo da por asumido es que si los demócratas ganan el senado abolirá la tradición de requerir 60 votos a favor (sobre 100) para confirmar jueces. El filibuster no tiene base constitucional alguna, siendo algo salido del reglamento de la cámara. Dado que esas reglas se pueden cambiar por mayoría simple, Chuck Schumer, el senador por Nueva York que lideraría los demócratas, casi seguró eliminará esta fuente de bloqueos.

Si queréis un repaso sobre qué candidatos pueden ganar, etcétera, 538 tiene una buena lista. Los dos a los que voy a prestar más atención son Russ Feingold, un ex-senador demócrata muy progresista por Wisconsin intentado recuperar su escaño, y Evan Bayh, un ex-senador demócrata centrista por Indiana que también quiere volver a Washington. Feingold es un político admirable que ha hecho grandes cosas, y su victoria sería bienvenida. Bayh es un cretino insoportable que se vende al mejor postor y casi hundió la reforma de la sanidad. Si pierde, no me dará ninguna lástima.

Legislativas estatales

Estados Unidos es un sistema federal puro, y eso quiere decir que muchas de las decisiones realmente importantes en política social, educativa o regulatoria se toman lejos de Washington. Los legislativos estatales deciden sobre prácticamente todo los temas que no tengan que ver con pensiones, política exterior y algunos programas sociales (desempleo, minusvalía), y tienen un papel central en la implementación de muchas políticas federales. La efectividad de Obamacare, sin ir más lejos, varía mucho de un estado a otro según haya decido adoptar la extensión del seguro médico federal para personas por debajo del umbral de la pobreza e implementado los mercados de seguros subvencionados. Casi todo el gasto educativo del país desde infantil a universidades, se decide en los estados.

¿Qué aspecto tienen los legislativos estatales ahora mismo? Los republicanos los dominan de forma abrumadora. El GOP controla casi un 70% de las cámaras legislativas en todo el país (68), mientras que los demócratas apenas controlan 30 (Nebraska es el único estado con un legislativo unicameral y con políticos sin afiliación partidista). Aumentando el dominio conservador, 23 estados tienen trifectas republicanas (esto es, control de las dos cámaras y el gobernador), por sólo 7 demócratas.

Mañana los 50 estados de la unión renovarán sus legislativos estatales total o parcialmente. Me gustaría poder hacer una predicción sobre qué va a suceder y dar algunas predicciones, pero la verdad, no tengo ni idea. La política de cada estado es un mundo, y bastante trabajo tengo siguiendo la de Connecticut. Sé más o menos que está pasando en los estados cercanos y donde tengo conocidos, pero poco más.

Lo que si puede decir es que me sorprendería ver grandes cambios por un motivo muy sencillo: un 42% de legisladores estatales no tiene oponente. Sobre estas democracias de partido único he hablado alguna vez, pero huelga decir que no vamos a ver grandes vuelcos electorales. Los demócratas durante años han descuidado los comicios estatales, cosa que ha hecho que muchas leyes federales se hayan quedado a medio implementar en grandes zonas del país. Las diferencias en gasto público y estado de bienestar entre California y sitios como Texas o Alabama son gigantescas.

Gobernadores:

La mayoría de estados escogen gobernador en las mid-terms (léase -2018), así que no hay mucho movimiento. Hay elecciones en 12 estados, siendo los más interesantes Washington e Indiana. El primero porque (francamente) conozco a gente que trabaja en la administración actual, el segundo porque el vacío dejado por Mike Pence ha creado unas elecciones competitivas, y los demócratas tienen números de ganarlas.

Referéndums:

De esos hay a puñados; varios centenares, de hecho, desperdigados por todo el país. La mayoría, como siempre, están en la costa oeste. California tiene diecisiete a nivel estatal, siendo el menos importante pero más morboso una enmienda constitucional (!!!) para exigir que los actores porno usen condones. Aquí tenéis una buena guías sobre el tema. El más importante desde el punto de vista de políticas públicas es un referéndum sobre un impuesto sobre emisiones de CO2 en Washington que ha desencadenado una batalla fascinante, con la izquierda y el movimiento ecologista divididos. Aquí podéis leer una explicación sobre por qué. The Intercept tiene una buena lista de los más interesantes en todo el país;  hay de todo, desde subir salarios mínimos a introducir voto preferencial en elecciones.

En Nueva Inglaterra las consultas no son del todo habituales, pero Massachusetts tiene dos importantes: una pregunta sobre legalización de la marihuana con usos recreativos, y otra sobre una posible expansión de charter schools. En Connecticut somos unos aburridos y no votamos nada en referéndum, aparte de unos cuantos a escala municipal.