Política

El PSOE y la ideología (un apéndice a ‘La guerra de las rosas’)

29 Sep, 2016 - - @jorgegalindo

En la batalla abierta por el PSOE, las posiciones ideológicas de cada parte son menos claras de lo que parecen. En este artículo afirmo que mientras el lado de Sánchez apuesta por explorar alternativas más a la izquierda, sus críticos probablemente asumen que es mejor abstenerse para facilitar la viabilidad de un pacto de centro-derecha (PP-C’s). La disyuntiva, creo, es muy real, y se representa sobre todo en la división entre una base de militantes movilizados de izquierda, y votantes menos interesados y más moderados. Pero eso no quiere decir que se termine aquí, ni que los representantes de cada facción se hayan movido a esas posiciones por una convicción ideológica profunda: más bien se han encontrado en ellas. El proceso me parece más complejo, y se escapa del formato de tribuna de 1.100 palabras, así que me permito este pequeño apéndice para explicar mi visión.

Lo recordaba Pepa Bueno (y otros) esta misma mañana: cuando Pedro Sánchez ganó las primarias socialistas lo hizo no sólo gracias a una alianza con la federación andaluza, sino también con una posición ideológica que todos percibían como más centrada. Era éste un acuerdo para desplazar a su rival, Eduardo Madina, que se consideraba más a la izquierda. Pero había aquí dos divisiones añadidas que no eran tan evidentes. Las apuntaba Pau Marí-Klose ayer en Twitter. Por un lado tenemos la cuestión territorial. La izquierda española siempre ha estado más o menos dividida en sus preferencias territoriales: mientras los votantes (habitualmente socialistas) de Andalucía, Extremadura o las Castillas han apostado normalmente por un ejecutivo menos descentralizado, los más heterogéneos de las comunidades históricas piensan más en el autogobierno. En su momento, es de suponer que a Madina se le percibía desde las federaciones más centralistas como la representación de las otras. Sánchez fue, en un primer momento, aliado de las primeras, pero ha acabado con las segundas por cuestiones de contexto. Como digo, se han encontrado, antes que buscarse.

Por otra parte, es imprescindible tener en cuenta la división generacional (a falta de un mejor nombre). En ese sentido, tanto Sánchez como Madina representaban en su momento a los nuevos llegados. Pero, curiosamente, el primero cerró un pacto con quienes ya estaban allí, y no el segundo. El por qué da un poco igual, el caso es que se trataba de una tregua. Aún más curioso resulta que, de lo que conocemos de las posiciones ideológicas de Sánchez, éste se parezca más al socio-liberalismo (es decir, más centrado) que a la izquierda de las bases del PSOE. Probablemente, en un plano estricto de políticas a desarrollar, la facción crítica sea más similar a estos militantes, e incluso a la parte más funcionarial y heredada del viejo socialismo que tiene Podemos: regulación laboral pro-insider, fuerte presencia estatal, defensa del sistema actual de pensiones… Por el contrario, Ferraz ha mostrado una cierta flexibilidad temática, ya sea hacia el centro o hacia la innovación. Lo hizo en su pacto con C’s, sin ir más lejos. Pero he aquí la paradoja de combinar la competición partidista en varias dimensiones con las guerras internas: la brecha izquierda-derecha queda eclipsada por la generacional y los ‘nuevos’, a quienes en otras condiciones no les importó explorar una vía más centrada, acaban por desplazarse justo hacia el otro lado porque necesitan a las bases para enfrentarse a la vieja izquierda.

Al fin y al cabo, el PSOE está en una situación endiablada, electoralmente hablando. Algunos partidos socialdemócratas, como el PD italiano, tienen competencia por la izquierda (bueno, el M5S es una amalgama extraña, pero desde luego gana votos por ese lado) pero tienen espacio en el centro. Si en otros casos el tapón estará por ahí, entonces la vía de la izquierda será la más lógica. Aún en otros se trata de una cuestión estrictamente ideológica, como pasa con Corbyn (y también con Renzi, en cierta medida, pues su pasado es netamente centrista). Pero para el PSOE no hay opción fácil porque tiene competencia, y no precisamente débil, a ambos lados. Además, tanto Podemos como C’s le planta cara en el eje generacional. Y en el territorial, la competencia no es menos feroz: las federaciones socialistas en comunidades con presencia nacionalista están igualmente aprisionadas.

En definitiva, el PSOE ha pasado de ser “el partido que más se parece a España” al que acoge todos los conflictos que atraviesan al país. Si esto lo combinamos con la lucha de poder proveniente del hecho de que Sánchez era el primer Secretario General escogido por voto directo, como agudamente apunta Pablo Simón, tenemos el desastre servido. Un desastre para el que no hay respuesta clara, de momento.