Economía

Los perdedores de la inmigración

16 Ago, 2016 - - @egocrata

Entre la campaña del Brexit y las desventuras presidenciales de Donald Trump (que sigue a 6-7 puntos en las encuestas) este verano hemos acabado hablando de inmigración a menudo. En el Reino Unido, la salida de la Unión Europea era defendida como la única manera que el país iba a poder recuperar el control sobre sus fronteras. En el caso de Trump, los inmigrantes son potenciales terroristas, violadores y/o asesinos (por mucho que la tasa de delincuencia para inmigrantes sea menor que la de los nativos) que no comparten los valores americanos y roban los puestos de trabajo a los locales. Dejemos de lado el hecho que los votantes de Trump viven en las zonas con menor diversidad étnica y tasa de inmigrantes del país.

Como era de esperar, ninguna de las dos campañas acompañan estos argumentos con datos. La realidad es que la evidencia empírica parece indicar de forma abrumadora que la inmigración tiene efectos positivos sobre la economía, empleo, rentas y posición fiscal del país receptor. Aunque el impacto en los salarios varía según el mercado laboral (mayor como más rígido sea), es casi siempre muy limitado, con sólo algunos estudios dando pérdidas substanciales a algunos grupos.

Obviamente los detractores de la inmigración no sólo hablan de economía, sino también de la cultura y los valores occidentales, etcétera. Aunque los “valores occidentales” son de por sí una mezcla monumental de ideas de mil lugares distintos, me remito a Estados Unidos y su capacidad para asimilar recién llegados sin problemas durante más de 150 años como ejemplo de la enorme capacidad de las sociedades abiertas modernas para absorber inmigrantes.

Esto no quiere decir que las migraciones no tengan ganadores y perdedores. Los datos parecen indicar que las sociedades receptores salen beneficiadas; el emigrante, por supuesto, está mucho mejor en Estados Unidos, España o Reino Unido que en Honduras, Ecuador o Rumanía. Quien pierde, sin embargo, son los que se quedan atrás en esos países.

Esta es la conclusión de un estudio del FMI sobre el impacto de la emigración en los países de la Europa del Este (vía). El análisis explica algunas cosas que ya sabíamos, como que los emigrantes acostumbran a ser jóvenes con un nivel educativo mayor que la media, y que acaban ganando más dinero que en casa. De forma especialmente significativa, su salida ha tenido un efecto muy adverso en los estados emisores de mano  de obra, tanto en competitividad como en su situación fiscal a corto y largo plazo. La salida de mano de obra educada reduce la productividad de la economía, reduce la población activa y aumenta el gasto social sobre el PIB, al aumentar la tasa de dependencia.

Los efectos han sido especialmente pronunciados en países como Albania, Rumanía o Bulgaria, donde la emigración está superando ampliamente la tasa de crecimiento de la población, y en los países bálticos, donde está exacerbando su tendencia demográfica negativa. Rumanía tenían 22 millones de habitantes el 2000; ahora anda por debajo de los 20. Aunque los emigrados envían una cantidad de dinero considerable a casa, raramente vuelven a su país de origen.

¿Cuál es el impacto sobre el crecimiento? Entre 1995 y el 2012, el PIB de los países de Europa del este hubiera sido de media un 7% más alto en ausencia de emigración.  de Croacia hubiera sido casi un 15% mayor de no haber sufrido una pérdida de población; Albania casi un 20%;  el de Rumanía más de un 10%. Los porcentajes son un poco menores si contamos renta nacional bruta (las remesas de los emigrados suavizan el impacto), pero el efecto es evidente.

Migrants

Solucionar este problema es un tanto complicado, ya que la única manera de evitar la salida de trabajadores de Europa del este es conseguir que los países de Europa del este estén mejor gobernados. No soy un experto en política búlgara o albanesa, pero algo que me hace pensar que no es del todo fácil.

La otra solución sería algo parecido a lo que vemos en Estados Unidos, donde las regiones deprimidas que pierden población esencialmente son subvencionadas vía transferencias fiscales (esto es, el gobierno federal y su estado de bienestar). La otra válvula de escape en Estados Unidos, por supuesto, son las migraciones de las zonas ricas pero muy caras (noreste, algunas zonas de California) a regiones más baratas y con mejor clima, sea para trabajar (Texas, Oregón, las Carolinas) o jubilarse (Florida, Arizona). Lo segundo, obviamente, nos será más familiar.

Lo más curioso, y significativo, es que la inmigración es buena para el país receptor. En España los leoneses se preocupan por la pérdida de población y los madrileños se enorgullecen de atraer gente de todo el país. No debería sorprender a nadie cuando los movimientos de población tienen los mismos efectos cuando se hacen cruzando fronteras nacionales.