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¿Cómo desapareció un millón de votos de Unidos Podemos?

7 Jul, 2016 - y - @moragasai, @bpberta,

La pérdida de casi un millón de votos en un contexto que parecía muy propicio ha hecho de los resultados de la coalición Unidos Podemos, uno de los elementos más comentados y analizados del escenario post 26J. Son muchos los que han intentado responder a la pregunta sobre dónde han ido a parar los 924.197 votos que habían votado a Podemos o Izquierda Unida en diciembre y que parecen no haber repetido en junio.

Teniendo en cuenta que las encuestas han sido incapaces de predecir esta caída y sin datos post-electorales, es lógico que la mayoría de estos análisis se hayan basado en los resultados del 26 de junio (aquí o aquí). Sin embargo, estos datos presentan los problemas típicos de los datos agregados, pues no nos permiten conocer exactamente qué perfil tenían estos votantes al detalle y nos hacen incurrir fácilmente en problemas de falacia ecológica (deducir conclusiones individuales de datos que no lo son). Parece interesante pues, analizar el fenómeno también con datos de las encuestas pre-electorales para ver si estos nos ayudan a entender mejor el perfil de los votantes que dejaron de votar a la confluencia el 26 de junio.

Para hacerlo, utilizamos el estudio pre-electoral del CIS. Como estamos interesados en el estudio de la lealtad de voto, hemos restringido la muestra a los entrevistados que declararon haber votado a Podemos o a Izquierda Unida en diciembre (esto excluye, por tanto, a los votantes de Baleares, Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia donde Podemos e IU se presentaron bajo las llamadas confluencias). Con estos datos hemos desarrollado un modelo que pretende explicar la probabilidad de que estos votantes fueran leales a la confluencia. A parte de las variables graficadas, el modelo también controla por el hecho de haber votado o no en las elecciones de 2011, género, situación laboral, nivel de estudios, tamaño del municipio y provincia.

El principal predictor de volver a votar o no a Unidos Podemos es la ideología, sobre todo la posición en el eje izquierda-derecha. Cuánto más centrados se situaban los ciudadanos, más probable era que declararan su intención de cambiar su voto en junio. Una hipótesis es que el acuerdo con IU hubiera producido cierto rechazo entre los votantes menos izquierdistas de Podemos. Aprovechando que el famoso pacto de los botellines entre Iglesias y Garzón se produjo durante el trabajo de campo de la encuesta hemos añadido al modelo una variable que mide si el entrevistado contestó antes o después del anuncio del pacto. A pesar de que debemos interpretar este resultado con cautela: las negociaciones previas entre IU y Podemos eran públicas de modo que el acuerdo no fue inesperado, el modelo muestra claramente que no hay efecto significativo de dicha variable ni de su interacción con la posición ideológica. Todo parece indicar que el votante moderado se fue por otras dinámicas como, por ejemplo, el rechazo de Podemos e IU al pacto de investidura entre el PSOE y C’s y no por la confluencia entre los dos actores.

Aunque el tamaño del efecto es mucho menor, las preferencias sobre el modelo territorial también parecen explicar una parte del descenso de lealtad. A pesar de que los votantes catalanes no están incluidos en el gráfico, también fuera de esta región, aquellos votantes partidarios de dar más autonomía a las CCAA o incluso de darles la capacidad de independizarse, se mostraban más partidarios de ser fieles a la coalición, que los partidarios de dejar las cosas como están o incluso recentralizar competencias.

Más allá de la ideología, la otra variable que predice la lealtad de los antiguos votantes a la confluencia es el interés por la política. Aquellos con mucho o bastante interés en ella, muestran una intención de repetir voto mucho mayor que los que tienen poco o, sobre todo, nada de interés en la política. Esto puede verse como evidencia de cierto proceso de desmovilización del electorado menos politizados en unas elecciones celebradas sólo seis meses después de las anteriores.

También encontramos diferencias entre los votantes que el 20D habían votado a IU y los que habían votado Podemos, con los primeros mostrando unos niveles de lealtad más baja. Este efecto no parece estar condicionado a si la encuesta se había hecho antes o después de formalizar el pacto. O bien los votantes de Izquierda Unida ya predecían que se iba a formar la coalición y, consecuentemente se mostraban ya reticentes a votar por IU des del principio. O bien, hay otros elementos que contribuyeron a la desmovilización del votante de Izquierda Unida de diciembre. Aunque nuevamente tenemos que ser cautelosos puesto que hemos considerado como votantes de Unidos Podemos a quienes siguen declarando su intención de votar a IU incluso después del acuerdo ya que el CIS dejaba que la respuesta fuera abierta.

El origen de los votantes antes de 2015 también parece explicar, hasta cierto punto, el nivel de lealtad que los encuestados muestran hacía la coalición. Así, aquellos que en 2011 habían votado al PSOE y en diciembre decidieron dejar de hacerlo para votar a Podemos o a IU, mostraban unos niveles de lealtad más bajos que los que venían de otros espacios. Una vez más, la oficialización del acuerdo de confluencia entre Podemos e IU no parece tener ningún efecto sobre esta variable, con lo que es poco probable que las pérdidas se deban al pacto. Es decir, es probable que esta desafección no se deba tanto a la confluencia como a otros elementos. Como, por ejemplo, las dinámicas de negociación entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez que habrían dejado en una posición incómoda a esta bolsa de votantes. El hecho de no haber votado en 2011, es decir de haber sido movilizado para las elecciones de diciembre, no tiene impacto sobre la probabilidad de repetir voto o no.

La variable socio-demográfica que mejor explica si los votantes de 2015 se mantenían o no fieles en mayo es la edad. Con aquellos más jóvenes mostrando niveles de lealtad a sus partidos mucho más altos que los mayores. Es probable que entre estos últimos hubiera cierto voto prestado que era más difícilmente fidelizable, en cambio entre los votantes jóvenes las formaciones podrían tener más facilidad para crear lazos duraderos. Una vez más, el efecto de la edad no parece verse afectado por el pacto entre las dos formaciones.

El resto de variables socio-demográficas no tienen demasiado efecto sobre la fidelidad. Existen ciertas variaciones como la menor fidelidad de estudiantes universitarios medios o ciudadanos con FP respecto a los universitarios superiores, o la diferencia entre los parados que no han trabajado y los que sí (con los últimos siendo menos fieles y los primeros más), pero son más bien pequeñas y puntuales. Tampoco el género parece explicar si los votantes eran o no fieles a su formación, ni siquiera en interacción con el acuerdo entre Pablo Iglesias y Alberto Garzón. Algo que contradeciría la hipótesis de un descenso de la confluencia debido a la poca popularidad de Iglesias entre las mujeres.

En resumen, los datos del CIS parecen indicar que la caída de votantes que sufrió Unidos Podemos respeto a los resultados que IU y Podemos habían obtenido el 20D se debe sobre todo a una pérdida de los votantes de centro poco interesado en política. Unas pérdidas que, además, parecen deberse más a la actuación de la coalición en las negociaciones, que al pacto entre las dos formaciones ya que se dan incluso antes de formalizar el pacto. No parece haber existido ninguna desmovilización de los votantes más duros decepcionados por la moderación del mensaje o el pacto, son más bien los votantes que venían del PSOE y los centrados los que mostraban más propención a abandonar a la formación, al menos según los datos del estudio pre-electoral.

Evidentemente todos estos resultados deben leerse en forma de posibles hipótesis que expliquen la dinámica, en ningún caso como evidencia empírica de lo que acabó sucediendo. No sólo, estamos intentando predecir el comportamiento que tuvieron los votantes con datos recogidos un mes antes de la votación, además lo estamos haciendo con unos datos que no diferencian bien la intención de voto IU o Podemos por separado y a Unidos Podemos unidos en coalición. Una pregunta que no se pudo incluir porque el CIS la coalición se fraguó durante el trabajo de campo del estudio. Tendremos que esperar al estudio post-electoral para confirmar las hipótesis.