Brexit

Los condicionantes domésticos del voto en el referéndum del Brexit

19 May, 2016 - y - @kanciller, @bpberta,

A cinco semanas de la votación, la mayoría de encuestas refleja una importante bolsa de votantes indecisos o dudosos cuya elección final puede determinar el resultado del referéndum. La decisión que estos votantes tomen seguramente se verá afectada por el contexto de la campaña y los elementos que la literatura ha identificado como determinantes a la hora de explicar el voto de los electores en los referéndums. Este artículo repasa brevemente cuáles son estos elementos y como pueden afectar al voto de los británicos el próximo día 23 de junio.

1. A falta de señales partidistas claras, líderes. Como es bien conocido, los votantes no tienen información perfecta sobre cada asunto político y normalmente se basan en el uso de atajos informativos. Uno de los más importantes en ese sentido es la identificación partidista, la cual se apunta particularmente importante en los referéndums. Los votantes se fijan en la posición de los partidos y de los líderes políticos para hacerse una idea del debate y escoger en qué sentido votar. Sin embargo, como acostumbra a pasar con la mayoría de debates sobre el tema europeo, en el debate del Brexit no todos los partidos han conseguido mantener una posición clara y unánime ante sus votantes.  Estas divisiones implican que muchos de los británicos deberán decidir a cuáles de los líderes de su partido acaban haciendo caso el día 23 de junio.

Las encuestas hechas después de la renegociación mostraban que David Cameron era el líder a quién más iban a escuchar los británicos en general, y los indecisos en particular. Su posición en el debate era la que más votos parecía mover en los experimentos, quizá por ser en aquel momento la posición menos predecible. Sin embargo, este efecto no era del todo transversal. La posición del líder conservador, por ejemplo, no movía demasiado a los jóvenes ni los votantes de UKIP i SNP. También el laborista Corbyn juega un papel importante para los remainers, especialmente a la hora de movilizar el voto de las clases más bajas. En cambio, el apoyo de Farage al Brexit tiene más bien poco efecto más allá de los euroescépticos duros. De hecho, el líder del UKIP es una de las figuras más rechazo genera entre los indecisos. El apoyo de Boris Johnson al Brexit, por su parte, parece actuar como neutralizador del efecto arrastre de Cameron, aunque su imagen pública parece haber decaído un poco en los últimos meses.

2. ¿Castigar al gobierno votando en contra de su propuesta? A pesar de que es difícil desagregar su efecto del de otras variables intervinientes como la situación económica, otra elemento que parece guiar el sentido del voto en los referéndums es el nivel de apoyo y popularidad del gobierno que lo ha impulsado. Y es que muchas veces los votantes emplean los referéndums como un mecanismo para castigar o avalar las políticas nacionales. Este efecto está condicionado por la importancia que se le ha dado al asunto. Es decir, cuando el tema es crucial para el gobierno – ha invertido mucho capital político en el referéndum – es más probable que las percepciones tengan impacto. Cuando se trata de un referéndum a regañadientes o que no tiene ninguna implicación para el ejecutivo, se puede esperar que haya un menor impacto de la popularidad gubernamental.

La división en el partido y la visualización de la propuesta en la campaña de 2015 seguramente han hecho del referéndum una apuesta bastante ligada la figura de Cameron. Un hecho que se une a  una caída de popularidad bastante importante, tanto del gobierno en general, como de Cameron y Osborne, principales figuras partidarias del remain,  en particular. No es casualidad pues, que Cameron haya invertido tantos esfuerzos en asegurar que su continuidad en el cargo no está en juego en este referéndum. Desligar el voto en el referéndum de la gestión de su gobierno va a ser un reto clave de los partidarios de quedarse en la UE si quieren poder llegar a grupos críticos con la gestión de Cameron.

3. La movilización de los desinteresados como clave para el resultado. Otro elemento a tener en cuenta es el nivel de movilización del electorado. Para empezar porque los partidarios de la salida parecen estar mucho más interesados en la votación y muestran una intención de votar mucho más alta que los partidarios de quedarse. Que se pueda superar o no la falta de interés y movilización estos últimos es uno de las principales dudas de la campaña, y uno de los objetivos más importantes de la campaña remain.  A pesar de partir con cierta ventaja, también la campaña del Brexit va a tener que hacer un esfuerzo para llegar a los votantes menos cercanos a sus propuestas si quiere mantener opciones de victoria.

La movilización y la motivación de los votantes también es importante a la hora de limitar el voto de protesta.  Como demuestran distintos estudios, la insatisfacción política puede tener un efecto sobre el voto en los referéndums, especialmente en casos en los que el referéndum se percibe como de poco interés. Aquellos votantes que tienen mayor confianza en el sistema político y en las instituciones son más propensos a apoyar la propuesta realizada por el gobierno. Los más desafectos serían más proclives tanto a no votar como a hacerlo en contra de la posición gubernamental.

4. Argumentos consolidados y la batalla para imponer los temas de la decisión. Otro elemento a tener en cuenta es la capacidad del debate para conectar con la ideología o el aprendizaje político de los votantes, un elemento que parece ser especialmente importante en los referéndums sobre la Unión Europea. En este sentido la capacidad de las campañas para conectar con las ideas de los votantes puede ser clave para entender los movimientos que se den en las últimas semanas. Hasta ahora, parece que las dos campañas están consiguiendo imponer sus mensajes de forma muy equilibrada: ha aumentado el % de votantes que cree que la economía iría peor si hay Brexit como dicen los remainers, pero también los que creen la inmigración sería menor como dicen los brexiters. Con unos argumentos cada vez más consolidados, la gran batalla de las próximas semanas girará alrededor de cuál de los argumentos se impone el día 23. De momento, ninguno de los dos argumentos parece ser haberse impuesto al otro a la hora de decidir el voto para los ciudadanos

El efecto de la batalla difícilmente será homogéneo entre el electorado y seguramente dependa de las características de los votantes indecisos. Un elemento importante va a ser el seguimiento mediático de la campaña, como se demostró, por ejemplo en el referéndum de Dinamarca para la entrada en el euro en el año 2000.

5.El “Project fear” y la movilización del sesgo pro-status quo. El último elemento clave que puede mover las encuestas estas últimas semanas es la movilización de lo que se ha llamado voto del miedo. El sesgo de los referéndums en favor del status quo es un tema ampliamente debatido por la academia. Sin embargo, y a pesar de los muchos condicionantes que la moderan, sí parece existir cierta tendencia a votar en contra del cambio entre los votantes que tienen dudas sobre el impacto de un referéndum como sucedió por ejemplo con en el referéndum escocés.

En este sentido, la campaña por el remain ha basado gran parte de su mensaje en recordar los riesgos de la salida y la falta de proyecto alternativo de los partidarios del Brexit. Una estrategia tan evidente que algunos ya se refieren a la campaña como “Project fear”. Hasta el momento esta táctica no parece estar funcionando demasiado, pero las encuestas indican que un 58% de los británicos cree que la salida de la Unión implica riesgos. Unos riesgos que perciben hasta un 38% de los indecisos o partidarios de salir poco convencidos, y que podrían acabar moviendo su voto si la opción de la salida llega al día 23 con opciones de ganar. Sin embargo, el discurso del miedo también puede funcionar en la otra dirección y ayudar a los partidarios de la salida. Pues hasta un 38% cree de los encuestados creen que la pertenencia a la UE también supone riesgos para el país.

 

Este artículo forma parte del especial Brexit realizado en colaboración con CIDOB(Barcelona Centre for International Affairs)