Educación

La educación inclusiva: el modelo de sociedad que queremos

22 Mar, 2016 -

La sociedad actual trata de avanzar hacia un modelo que permita dar respuesta a las necesidades de todos sus ciudadanos. Este modelo de sociedad sólo puede ser garantizado si comenzamos el proceso por sus cimientos, por su educación, por un modelo de educación inclusiva que nos permita dar respuesta a todo el alumnado.

Podríamos definir, en palabras de Tony Booth, catedrático de la Universidad de Cambridge y padre de la educación inclusiva tal y como la conocemos hoy, “la educación inclusiva como el proceso que tiene que desarrollar la sociedad para garantizar el aprendizaje y la participación de todos, alumnos, profesores y padres, en la vida escolar, con atención especial a la diversidad y a la vulnerabilidad”.

De estas palabras podemos concluir dos ideas clave: una que la educación inclusiva no forma parte únicamente de las escuelas, sino de la sociedad en su conjunto, y una segunda, que la educación inclusiva va dirigida a todos los alumnos, y no sólo a aquellos que presentan necesidades educativas especiales, aunque sí debemos tener presente que algunos alumnos, por sus características, se encuentran en situaciones más vulnerables que otros.

Esta vulnerabilidad en nuestro sistema educativo suele estar en la mayoría de los casos categorizada dentro del término alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo (ACNEAEs), compuesta por unos 500.000 alumnos, un 5,6% del total del alumnado escolarizado en España según datos del Observatorio sobre Discapacidad y Mercado de Trabajo para el curso 2014/2015.

Dentro la categoría de ACNEAEs encontramos 4 subcategorías: alumnos con necesidades educativas especiales, que son aquellos que presentan una discapacidad o un trastorno grave, alumnos con altas capacidades intelectuales, alumnos que se han integrado tardíamente al sistema educativo español, inmigrantes que han sido escolarizados en España más tarde de los 6 años, y a los alumnos con dificultades específicas de aprendizaje que son aquellos que presentan alteraciones que afectan a procesos cognitivos implicados en el lenguaje, la lectura, la escritura y/o el cálculo aritmético, como por ejemplo alumnos con dislexia, o discalculia.

No obstante, pese a que esta categorización en España, llevada a cabo por los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica, es condición sine qua non para que las necesidades de estos alumnos se vean atendidas por personal especializado, en la mayoría de las situaciones estas atenciones no se desarrollan siguiendo los principios inclusivos.

Así pues, en muchos casos estas atenciones pasan por llevar a cabo actuaciones en contextos segregados, lejos de sus iguales por edad, bien sea en Centros de Educación Especial, o en aulas de apoyo en Centros Ordinarios, en lugar de llevarse a cabo en las aulas de referencia, lo que impide la presencia de estos alumnos en los mismos espacios y actividades que sus compañeros

Asimismo estas actuaciones en la mayor parte de las ocasiones van dirigidas  a trabajar directamente sobre las “dificultades” de los alumnos, y no a modificar los entornos de aprendizaje ordinarios: aulas de referencia, aulas de los especialistas (inglés, música, educación física, etc.) actividades escolares y extraescolares, etc.; eliminando las barreras y ofreciendo los apoyos necesarios para que todos los alumnos independientemente de sus necesidades consigan la máxima participación y aprendizaje.

Desde esta perspectiva, un modelo de atención educativa apoyado en los principios inclusivos tal y como indica el Documento Index for inclusion, publicado por el Centro de Estudios de Educación Inclusiva de Reino Unido, debería poner su mirada sobre aquellas barreras que surgen de la interacción del alumnado con los distintos contextos: las personas, políticas, instituciones, culturas, prácticas educativas y las circunstancias sociales y económicas que afectan en sus vidas.

De esta manera la atención no debería estar dirigida a solventar las dificultades intrínsecas de los alumnos con o sin necesidades específicas de apoyo educativo desarrollando mecanismos de apoyo individualizado en centros o aulas que obligan a estos alumnos a estar separados de sus iguales, como sucede en muchos casos en el modelo educativo español, sino que debería dirigirse a modificar los entornos de aprendizaje ordinarios, eliminando las barreras físicas, de actitud, de metodología, de evaluación, etc., para que todos los alumnos independientemente de sus necesidades consigan la aceptación, la participación y el rendimiento que les permita formar parte activa del aula, del centro y de la sociedad.