Economía

A vueltas con el complemento salarial

18 Mar, 2016 - - @egocrata

Una de las propuestas más interesantes del acuerdo entre PSOE y Ciudadanos (que, como bien decía Alberto Garzón, es muy parecida a una idea del programa de Podemos) es el complemento salarial. Es algo del que hemos hablado varias veces por aquí (I, II, III, IV) como una herramienta excelente para combatir la pobreza, con un montón de evidencia que indica que es una medida increíblemente efectiva.

Estos días he estado leyendo sobre el complemento salarial (o EITC, como se le llama por aquí), y sobre posibles modelos y diseños institucionales para hacer que sea más efectivo. El EITC en Estados Unidos normalmente funciona como un crédito para las familias trabajadoras con pocos ingresos recibido en un único pago cuando completan la declaración de la renta. Esto quiere decir que en algún momento entre enero y abril estas familias hacen el papeleo de sus impuestos, y reciben un cheque o un ingreso en su banco de $2,400 de media, de una tacada.

Como he comentado otras veces, tenemos mucha evidencia empírica que señala que darle dinero a quien no tiene es una forma sorprendentemente efectiva de combatir la pobreza. El EITC hace exactamente eso, y además lo hace de modo que crea incentivos para incorporarse al mercado de trabajo. Mi sospecha, sin embargo, es que cuando uno es pobre lo es todo el año, así que quizás recibir todo el dinero en marzo no es una gran idea, ya que probablemente podría haber sido tan o más útil en noviembre o diciembre.

Hace un par de años Dylan Bellisle y David Marzahl decidieron hacer un pequeño experimento para ver cómo funcionaría un EITC con pagos distribuidos a lo largo del año, en vez de un solo cheque. En cooperación con una ONG en Chicago, ofrecieron a 229 familias recibir el EITC en cuatro pagos trimestrales, y compararon sus resultados con un grupo de control que siguió recibiendo el dinero en un pago único.

Los resultados fueron sorprendentes. Para empezar, los participantes del programa piloto acabaron encantados con el sistema; un 90% dijo preferir pagos trimestrales a final de año. En el mundillo de servicios sociales nunca te encuentras un cambio en un servicio público que tenga un 90% de apoyo, así que ya da que pensar.

Lo interesante, sin embargo, fueron los resultados en la salud financiera de los participantes: el porcentaje de familias recurriendo a préstamos de familiares, amigos o payday loans cayó un 50%. El porcentaje de participantes teniendo que pagar penalizaciones por facturas impagadas se redujo en la misma proporción. Por añadido, cuando se preguntó a los participantes si estaban preocupados por no llegar a final de mes, el porcentaje resultó ser la mitad que en el grupo de control. En el grupo de control, el doble de individuos tenían síntomas de estrés o depresión al final de año comparados con los participantes en el piloto. La única diferencia entre uno y otro grupo es el hecho que recibieron el dinero siguiendo un calendario distinto, nada más.

¿Por qué vemos estas diferencias? Básicamente porque resulta que el problema de la gente pobre es que no tiene dinero. Para una familia cerca del umbral de la pobreza, recibir $200 adicionales al mes puede representar la diferencia entre poder reparar una avería en el coche o afrontar una emergencia inesperada y no poder hacerlo. En ocasiones, es la diferencia entre tener la cuenta corriente con cinco o cien dólares a final de mes, algo que representa un cambio extraordinario para alguien que vive siempre con el miedo de no poder pagar todas las facturas. Un pequeño cambio administrativo puede hacer la vida de mucha gente muchísimo más fácil, y hacerlo con un coste muy modesto para las arcas públicas.

Si algún día implementamos un complemento salarial en España, por lo tanto, vale la pena plantearse cómo estructuramos los pagos. Segmentarlos a lo largo del año tiene costes administrativos algo mayores, pero el resultado parece que vale la pena.