Internacional

Primary Colors (XXII): el largo adiós

16 Mar, 2016 - - @egocrata

El no-del-todo-super-martes, la noche de las cinco primarias, ha arrojado su veredicto: las cosas siguen como estaban hace una semana. Los dos favoritos siguen ganando, y las primarias casi se pueden dar por terminadas. En el partido demócrata, esta noticia está siendo recibida con cierto alivio; en el republicano, las élites del partido están sufriendo un ataque de pánico.

Nada distinto a lo que expliqué el lunes, pero vale la pena actualizar los números. Veamos.

Partido demócrata: Sanders sigue segundo

Un meritorio segundo puesto, perdiendo de forma muy digna, pero sigue perdiendo. Clinton ganó ayer los cinco estados en disputa; tres de ellos con márgenes apabullantes. Hillary apisonó a Sanders en Florida (64-33), sacando 62 delegados de ventaja a Bernie, y ganó con comodidad en Ohio (56-43, con 37 delegados de margen) y Carolina del Norte (55-40, 30 delegados extra). Sólo en Illinois (51-48) y Missouri (50-49) Sanders está lo suficiente cerca para que el margen de delegados no sea escandaloso.

La realidad es que Hillary acabará la noche ampliando su ventaja en 130 delegados, y no quedan suficientes estados como para que sea remotamente posible cerrar el margen. Aunque el calendario de primarias a corto/medio plazo es favorable a Sanders (Idaho, Utah, Wyoming, Wisconsin, Connecticut… ), la inmensa mayoría son estados pequeños, insuficientes incluso con grandes márgenes de victoria. Los cuatro estados grandes restantes, además, son difíciles para Sanders: Nueva York es donde Clinton fue senadora, California está lleno de latinos y Nueva Jersey es increíblemente caro para hacer campaña y está al lado de Nueva York. Pennsylvania es quizás un poco más favorable para Sanders, pero buena suerte compitiendo en Philadelphia. Uno tiene que irse a Washington para encontrar un estado medio decente que le da ventaja clara. El problema es que Washington da los mismo delegados que Maryland (fuera de Seattle-Tacoma no vive casi nadie), y Baltimore es muy favorable para Clinton.

Es decir: Hillary sólo perder estas elecciones si la encuentran en la cama con un niño muerto o una niña viva, y aún así seguramente acabaría con más delegados.

Los artículos en el lado demócrata son repetitivos. Lo sé.

Partido Republicano: Funeral por Marco Rubio

Marco Rubio murió (políticamente) el 15 de marzo del 2016. Ese día Donald Trump, un magnante inmobiliario de color naranja venido de Queens, Nueva York, descendió sobre el estado y le pegó una paliza en las primarias presidenciales en su propia casa, ganando 46 a 27. La humillante derrota del senador de Florida en su propia terreno le hizo aceptar lo inevitable, abandonando la carrera presidencial.

La realidad es que Rubio, en el fondo, no era el gran político que muchos decían. Su campaña fue siempre dubitativa, sin una estrategia clara (me encantan los post mortem ventajistas de la prensa americana); siempre fue un candidato ligeramente robótico, vacio, hueco. Por una vez, y sin que sirva de precedente, tengo un artículo de principio de primarias diciendo eso mismo, y otro el 2013, señalando que vendía humo. No acierto a menudo, pero Rubio nunca me había gustado.

Siendo justo, Rubio seguramente ha pecado de impaciente; los azares biográficos le colocaron como posible candidato en estas primarias, pero quizás hubiera hecho mejor esperando hasta el 2020. Por ahora esta derrota envía a Rubio al cementerio político, ya que no se presenta a la reelección en el senado (según dicen, el trabajo le aburre). Como en política uno puede morir múltiples veces, es posible que Marco vuelva, seguramente presentándose a gobernador de Florida el 2018. Si gana, su juventud le permitiría ser candidato presidencial de nuevo el 2024 o 2028.

Volviendo a las primarias, la marcha de Donald Trump hacia la victoria final sigue imparable. Hoy se ha llevado un camión de delegados en Florida (que da sus 99 delegados al ganador), y dependiendo de cómo acaben cuadrando los votos, sus victorias ajustadas en Carolina del Norte (40-37, con Cruz segundo), Illinois (39-31, Cruz segundo) y Missouri (41-40, Cruz segundo) redondearán su victoria (aún no hay cifras decentes sobre asignación de delegados para esos estados). Sólo la victoria de Kasich en su propio estado de Ohio (47-36) ha evitado que Trump completara la demolición.

Trump necesita ganar aproximadamente un 54-55% de los delegados restantes de aquí a la convención en Cleveland. Es básicamente imposible que ningún candidato aparte de Trump acabe las primarias con más delegados que él. Las élites del partido republicano están ahora mismo, casi sin excepción, haciendo números sobre qué tienen que hacer para que Trump no alcance los 1.237 que le darían la nominación en primera ronda, y leyendo obsesivamente las reglas para ver cómo pueden evitar que sea el candidato del partido.

El partido está viviendo una pesadilla. Presentar a Trump como candidato a las generales poco menos que garantiza la derrota del partido, y la enorme e inevitable movilización del voto latino y femenino que provocará puede que incluso ponga en peligro la mayoría republicana en el congreso. Si por algún milagro o intervención divina Trump perdiera todas las primarias de aquí a la convención, el candidato sería Ted Cruz, un extremista detestado por todos sus compañeros de partido que quizás sería aún peor candidato en las generales.

El mejor escenario para el GOP ahora mismo es que Trump se encalle de aquí a julio, y llegue a la convención sin mayoría. En ese caso las élites del partido podrían buscar un candidato alternativo de consenso (digamos un Paul Ryan, Rick Scott o el cadáver reanimado de Richard Nixon), bloquear a Trump y presentar a alguien que no fuera ampliamente detestado por el electorado en general.

Cuando un partido cree que lo mejor que le puede pasar es apuñalar a su candidato el día de su coronación, imponiendo otro tipo contra la voluntad de unas bases enfurecidas, es que algo ha salido horriblemente mal.

He hablado ya sobre por qué Trump está ganando, pero permitidme añadir un par de detalles más. El primero, este estupendo artículo de Upshot calculando la cantidad de publicidad gratuita que ha conseguido Donald Trump gracias a la obsesión de los medios con su campaña. La cifra son unos escandalosos 1.900 millones de dólares; Ted Cruz es segundo en las primarias republicanas a años luz de distancia, con 313 millones. Como comparación, la extravagante campaña de Jeb Bush se gastó 88 millones en publicidad. Cuando Rubio y Cruz se quejan amargamente sobre cómo los medios le están haciendo la campaña a Trump, lo hacen con toda la razón del mundo.

El otro detalle interesante son dos artículos aparecidos esta semana en National Review, la revista semi-oficial del establishment republicano. En ellos Kevin Williamson y David French, intelectuales respetados dentro del movimiento conservador, dan su opinión sobre los votantes que apoyan a Trump, blancos pobres de bajo nivel educativa en ciudades pequeñas y zonas rurales. Os copio un fragmento:

It is immoral because it perpetuates a lie: that the white working class that finds itself attracted to Trump has been victimized by outside forces. It hasn’t. The white middle class may like the idea of Trump as a giant pulsing humanoid middle finger held up in the face of the Cathedral, they may sing hymns to Trump the destroyer and whisper darkly about “globalists” and — odious, stupid term — “the Establishment,” but nobody did this to them. They failed themselves.

If you spend time in hardscrabble, white upstate New York, or eastern Kentucky, or my own native West Texas, and you take an honest look at the welfare dependency, the drug and alcohol addiction, the family anarchy — which is to say, the whelping of human children with all the respect and wisdom of a stray dog — you will come to an awful realization. It wasn’t Beijing. It wasn’t even Washington, as bad as Washington can be. It wasn’t immigrants from Mexico, excessive and problematic as our current immigration levels are. It wasn’t any of that.

Nothing happened to them. There wasn’t some awful disaster. There wasn’t a war or a famine or a plague or a foreign occupation. Even the economic changes of the past few decades do very little to explain the dysfunction and negligence — and the incomprehensible malice — of poor white America. So the gypsum business in Garbutt ain’t what it used to be. There is more to life in the 21st century than wallboard and cheap sentimentality about how the Man closed the factories down.

The truth about these dysfunctional, downscale communities is that they deserve to die. Economically, they are negative assets. Morally, they are indefensible. Forget all your cheap theatrical Bruce Springsteen crap. Forget your sanctimony about struggling Rust Belt factory towns and your conspiracy theories about the wily Orientals stealing our jobs. Forget your goddamned gypsum, and, if he has a problem with that, forget Ed Burke, too. The white American underclass is in thrall to a vicious, selfish culture whose main products are misery and used heroin needles. Donald Trump’s speeches make them feel good. So does OxyContin. What they need isn’t analgesics, literal or political. They need real opportunity, which means that they need real change, which means that they need U-Haul.

Un U-Haul es un camión para mudanzas, por cierto. Esta es una muestra de la actitud de las élites del partido republicano hacia una parte importante de sus votantes: desprecio, insultos, declaraciones de fracaso, diciendo que los pueblos y ciudades de la América profunda, sumidos en una profunda crisis, merecen morir.  Después se extrañaran que Donald Trump está barriendo del mapa a sus candidatos.

Como decía Matt Yglesias ayer, la culpa de la existencia de Donald Trump es del propio partido republicano.