Educación

El descensor social en la era de la austeridad

8 Mar, 2016 - - @xaviermcelorrio

Las políticas de austeridad, devaluación salarial y recortes públicos que Rajoy y la  troika europea nos han vendido como “reformas estructurales” no son capaces de impulsar un crecimiento inclusivo y vigoroso. Al revés, han creado tanta desigualdad de ingresos que cortocircuita un modelo capaz de absorber los millones de parados provocados por esas mismas políticas. Desde ciertos círculos empieza a extenderse un frame o discurso que nos vende la “nueva normalidad” en la “era de la austeridad”. Nos dice que habrá un lento crecimiento económico dual basado en las exportaciones y los bajos costes laborales. Pero sin necesidad de recuperar gran parte de la demanda interna hoy famélica. Se nos quiere naturalizar y empotrar la dualización social como algo inevitable y resignado que nuestro marco mental ha de asumir, especialmente si vivimos en el Sur de Europa. 

El informe de la OCDE (2014) “Shifting Gear: Policy Challenges for the next 50 Years”, ya da por descontada la continuidad de la era de austeridad haciendo proyecciones de un débil crecimiento económico mundial entre 2010-2020 (3,6%) que irá progresivamente a la baja hasta la década 2050-60 con un 2,4%. Además, dos tercios del crecimiento mundial se deberán a los países emergentes. Las economías más desarrolladas, nos dice el informe, tendrán un crecimiento muy débil acompañado de una mayor polarización de las cualificaciones de la mano de obra. El resultado esperable es que en 2060 los países europeos tengan el mismo nivel de desigualdad de ingresos que tienen ahora los Estados Unidos.  Es obvio que este informe hace su proyección manteniendo estables tanto las actuales políticas de austeridad como las actuales políticas redistributivas existentes en los países analizados. Digamos que trata de capturar el comportamiento esperable de las “fuerzas del mercado” cuya inercia comportará la mayor desigualdad social conocida en Europa si no hay cambios ni giros drásticos en la política económica.

La dualización social no son sólo las cicatrices que nos dejará la gran recesión. Es un nuevo modelo de estratificación y desigualdad que consolida un descensor social masivo y resignado cuya intensidad puede ampliarse en caso de una nueva recesión global. En una reciente investigación para la Fundación Jaume Bofill hemos analizado el impacto de la recesión en la estructura de clases y de movilidad social y económica entre 2008-2012 en la sociedad catalana. Es, quizás, de los pocos estudios realizados con una muestra longitudinal que resigue a los mismos individuos a lo largo de dicho período (1.530 encuestados). Hemos utilizado el esquema de Goldthorpe de clases sociales tanto a los hijos como a los padres a los 15 años de edad de los encuestados  (añadiendo a ambos la categoría de desempleado).

El resultado más impactante es descubrir un 40% de descenso social entre los adultos catalanes (entre 25 y 64 años) si  consideramos el desempleo en 2012 como una categoría de descenso. Otro 25% es inmóvil, reproduciendo la misma posición de clase que su padre y el restante 35% ha experimentado ascenso social. El descensor social entre padres e hijos pasa, así, a ser predominante por primera vez, agravado aún más por la extensión de la precarización y los bajos salarios a partir de la reforma laboral de 2012. g1

El efecto devaluador y depresivo de la gran recesión y las políticas de austeridad se salda con un desclasamiento masivo que afecta, especialmente, a los mayores de 50 años con un tasa de descenso del 51% y en menor medida a los jóvenes entre 25 y 34 años con una tasa del 36%. El desclasamiento así definido sigue una lógica de riesgo determinada claramente por la segmentación educativa: entre los adultos con estudios básicos el descenso llega al 55%, con FP-Media llega al  47%, con FP-Superior es de un 38%, con diplomaturas y licenciaturas es del 27% y del 25% respectivamente y, con niveles de máster y doctorado, el descenso baja hasta el 14%.

Cuando analizamos la movilidad de trayectoria, tanto de clase como de quintiles de ingresos, entre 2008-2012 encontramos la misma lógica de mayor riesgo dada la segmentación educativa. En concreto, en la movilidad de ingresos un 31% de los hogares ha descendido hacia quintiles inferiores respecto a los que ocupaban en 2008. Es un descenso de renta que alcanza al 43% en los hogares de los encuestados sin estudios o al 41% en los hogares de los encuestados con estudios básicos. Por el contrario, los hogares de encuestados con máster, doctorado o licenciatura el descenso de renta entre 2008-2012 es del 16 o 17%. g2

Los hogares más afectados por el descenso de renta son los hogares formados por inmigrantes (47%) y aunque representan el 18% del conjunto de hogares, suman el 26% de todos los hogares que han descendido en ingresos. Por razón de edad, son los mayores de 50 años los más afectados con un 37% de sus hogares con descenso de renta y tan sólo un 11% de ascenso de quintil de renta. En cambio, entre los jóvenes hasta 34 años el descenso de renta es menor (29%) y el ascenso económico mucho más intenso (32%).

El descensor social que nos deja como herencia la gran recesión se sintetiza en un indicador de movilidad de trayectoria hacia la vulnerabilidad social donde hemos incluido los tres procesos de devaluación entre 2008-2012: a) el desclasamiento o descenso social de clase; b) el descenso de quintil de renta del hogar y c) la devaluación o pérdida de estatus laboral de ocupados fijos a temporales, a desempleados o a inactivos sin tener edad de jubilación ([1]).  Este indicador nos ha permitido capturar también el grado de intensidad acusada o severa del descenso vulnerable. En perspectiva longitudinal, el gráfico 3 nos permite visualizar cómo ha sido la movilidad de trayectoria en cada clase social entre el ascenso, la inmovilidad o el descenso entre 2008-2012.

  • La clase social más afectada por la movilidad de posiciones y con menor estabilidad entre 2008 y 2012 son las clases obreras: un 47% ha sido inmóvil, un 18% ha conocido el ascenso de clase y el restante 35% ha vivido el descenso social (con un 14% de descenso severo). Cabe destacar que las trayectorias de las clases obreras presentan la mayor tasa de ascenso pero también la mayor tasa de descenso.
  • Las clases intermedias (administrativas y técnicas) han logrado mayor inmovilidad de posiciones (62%) que las clases obreras pero disfrutando de una menor tasa de ascenso (11%) y también menor tasa de descenso (25% de descenso acusado y 1% de descenso severo).
  • La pequeña burguesía presenta una tasa similar de inmovilidad y conservación posicional (64%) que las clases intermedias, sufriendo un punto más de descenso social que aquellas (un 26% de descenso acusado y un 1% de descenso severo). La tasa de ascenso social de la pequeña burguesía existente es de un 9%, significándose como una transición singular desde la pequeña propiedad o la condición de autónomo en el 2008 a la condición profesional experta (I-II) en el 2012.
  • Por último, es la clase profesional experta (I-II) que incluye también la clase directiva, la que ha gozado de una mayor protección y mantenimiento de estatus ante la crisis: 83% de quienes ocupaban posiciones I-II a 2008 también las ocupan el 2012. En su caso, al no haber posibilidades de ascenso (por el efecto techo dado que ya representan la categoría superior), su movilidad está abocada a ser movilidad descendente para el 16% de los casos con tan sólo un 1% de descenso severo.

g3

Si bien es cierto que se manifiesta una democratización del riesgo de descenso entre las diferentes clases sociales, dado su enorme volumen absoluto, también es relevante e incontrovertible que son las clases obreras las más castigadas por la devaluación salarial y el desclasamiento. Una de las muchas cuestiones que nos plantea el descensor social en la era de la austeridad es la configuración de un nuevo mapa de clases sociales acompañado de nuevos mecanismos de cierre social que pongan fin al mítico ascensor social conocido en la pre-crisis de 2008. Un mapa donde destaca la concentración más densa y hacia bajo de un gran conglomerado de nuevas clases populares donde se suman las clases medias-bajas, el precariado juvenil sobrecualificado y las clases obreras que comparten una misma conciencia de devaluación y desposesión injusta. Está por ver si cristaliza, en suma, un nuevo conflicto distributivo abanderado por ese conglomerado en triángulo, capaz de exigir nuevas políticas redistributivas, predistributivas y laborales para reactivar el ascensor social que la austeridad ha convertido en un descensor masivo.

Los economistas Stiglitz, Krugman y Piketty no se cansan de denunciar las políticas de austeridad como suicidas. Son políticas de dolor y de destrucción del bienestar del todo innecesarias e injustas y por tanto ideológicas, pero nada parece indicar que vayan a desaparecer.  No hay alternativa, nos dicen. Hay alternativa si se acuerda una política fiscal europea conjunta. Hay alternativa si se reactivaran las políticas de crecimiento y liquidez a través del Banco Europeo de Inversiones. Hay alternativa si se aprueba una tasa Tobin para recaudar 35.000 millones de euros gravando la movilidad de capitales. Hay alternativa si se ataca la evasión fiscal que se esconde en paraísos de la misma Unión Europea (entre 12 y 27 billones de dólares). Hay alternativa si hubiera cambio de mayorías políticas. Sin embargo no se atisba por ningún lado una solidaridad europeísta y de izquierdas que neutralice el poder de las fuerzas oscuras atrincheradas en la tecnocracia comunitaria de Bruselas y Frankfurt. La era de la austeridad no debe ser la nueva normalidad resignada y sin alternativa.

 

[1] Se trata de una escala de descenso social y laboral construida en base a puntuar los procesos de: desclasamiento (0,5 para el descenso de clase en un esquema EGP de 7 posiciones y 0,5 puntos más si se baja a la clase inferior VII), de empobrecimiento (1 punto por cada quintil perdido en la movilidad de renta familiar, exceptuando los que descienden del quintil superior) y de devaluación laboral (1 punto por cada pérdida en el contínuum de estatus ocupado fijo-temporal-desempleado-inactivo).