Internacional

Primary Colors (XX): el supermartes como confirmación

2 Mar, 2016 - - @egocrata

Por una vez, y sin que sirva de precedente, tenemos una noche de primarias que ha cumplido las expectativas de prácticamente todos los observadores. Los resultados en ambos partidos fueron los esperados, confirmando dos realidades bien claras: Hillary Clinton y Donald Trump son los favoritos, y probablemente van a ganar la nominación.

El partido demócrata

Empecemos por lo fácil: Hillary Clinton tiene la nominación casi asegurada. Hace unos días decía que iba a ganar en Alabama, Arkansas, Georgia, Tenesse, Texas y Virginia con facilidad, como así ha sucedido. Sanders, como todo el mundo esperaba, iba a ser competitivo en los estados rurales con amplias mayorías blancas (Colorado, Minnesota y Oklahoma*) y su estado nativo de Vermont. La única sorpresa ha sido la victoria ajustada de Clinton en Massachusetts, lugar donde la diversidad racial de Boston ha bastado para eliminar la ventaja de Sanders de jugar cerca de casa en Nueva Inglaterra.

Ganar 7-4 es un resultado bueno de por sí, pero lo importante en primarias es la cuenta de delegados. Clinton ha ganado los cuatro estados más grandes en disputa (Texas, Georgia, Virginia y Massachusetts); los tres primeros con ventajas abrumadoras. Sanders ha ganado con claridad (86-14) en el pequeño Vermont; sus márgenes en los caucus de Colorado y Minnesota son decentes, pero no son estados demasiado grandes. Aunque los demócratas asignaban delegados hoy de forma proporcional, los márgenes de victoria harán que Hillary sume 335 delegados, por 145 de Sanders. Bernie empezó la noche ya por detrás, y el supermartes le deja aún más lejos.

El problema para Sanders a largo plazo es que su coalición de jóvenes, blancos en zonas rurales y blancos de renta baja sencillamente no suma suficientes votos para ganar la nominación. El partido demócrata es urbano y diverso racialmente; aunque sigue ganando el voto de los blancos pobres (no hagáis caso al tópico de pobres blancos racistas), el centro de gravedad de la coalición está en las ciudades, no en granjas. Esto, sumado al hecho que los jóvenes quizás estén muy animados con Sanders pero realmente no están votando demasiado hacen que no pueda alcanzar la nominación. En las primarias la demografía de cada partido es una barrera muy difícil de franquear, y Bernie no tiene una combinación que le permita hacerlo.

Esto no quiere decir que las primarias hayan terminado; Sanders tiene mucho dinero en el banco y pocas ganas de dejarlo. Durante las próximas semanas Sanders seguramente ganará en Kansas, Nebraska y Maine el cinco y seis de marzo, pero perderá por goleada en Louisiana. Hillary barrerá en Michigan y Missisippi el 8, en Florida, Illinois, Missouri, Ohio y Carolina del Norte el 15, y en Arizona el 22. Podría ir siguiendo la lista de estados,  acertando en la mayoría de casos. Por mucho que los periodistas insistan que aún queda partido, si Clinton no comete ninguna barbaridad será la candidata del partido demócrata.

El partido republicano

Los resultados del supermartes para el partido republicano deberían ser, en teoría, mucho más sencillos de interpretar. Donald Trump ahora mismo está ganando siete estados (Alabama, Arkansas, Georgia, Massachusetts, Tenesse, Vermont y Virginia). Ted Cruz está ganando en Texas, como era de esperar (siendo como es de ahí) y Oklahoma, un estado vecino que da poquitos delegados (actualización: Cruz acabó ganando en Alaska también). Marco Rubio sólo consigue la victoria en Minnesota, un caucus, sólo sacando un segundo puesto medio decente en Virginia.

La victoria en Texas de Cruz no cuenta, así que podemos hablar como Donald Trump se ha llevado siete de diez primarias hoy, tras ganar tres de los cuatro comicios anteriores. En unas primarias normales, esto sería visto como un dominio abrumador e inalcanzable, una serie de victorias imparable suficientes para decidir quién es el candidato.

Pero estas no son unas primarias normales, y Donald Trump no tiene nada de candidato habitual. La élite del partido republicano, el mitológico establishment que controla el partido, está completamente aterrorizada ante la idea que Trump pueda llegar a ser el candidato, ya que están convencidos (con razón) que destrozaría el partido en las generales.

Estos últimos días el debate en los medios conservadores y entre los políticos republicanos por todo el país es qué puede hacer el partido para detener a Donald Trump. Las élites del partido están intentando encontrar una formula, a la desesperada, para derribarlo de su pedestal. Y la verdad, no parecen capaces de conseguirlo.

Empecemos por los cuatro candidatos supervivientes en las primarias. Carson es un cero a la izquierda que sigue en campaña para vender libros. Kasich, por mucho que sea un tipo decente, no ha ganado en ninguna parte, y sólo ha sido competitivo en Vermont y New Hampshire, dos estados fuera del alcance del GOP en unas presidenciales. Si sigue ahí es para llegar las primarias de Ohio, el 15 de marzo, y retirarse con un poco de honra. Marco Rubio, aun con la adoración de los medios, sólo ha ganado un estado, vía caucus, en un lugar donde el partido pinta poco. El único candidato que ha conseguido derrotar a Trump en más de una ocasión ha sido Ted Cruz, y para ello tuvo que mudarse a Iowa seis meses y después jugar en casa.

Las élites del partido, con cierta razón, dicen que la abundancia de candidatos han abierto las puertas a Trump, facilitándole la victoria en varios estados. En vista de la composición de la base demográfica de los votantes de Trump, sin embargo, es difícil creer que no fuera capaz de seguir ganando.

¿Por qué gana Trump?

La coalición de Donald Trump se fundamenta en que la agenda tradicional del partido republicano, en su versión más ortodoxa, no es favorecida por un sector significativo de las bases del partido. El GOP es un partido pro-libre comercio, pro-inmigración, pro-bajar impuestos a los ricos, pro-recortar pensiones y sanidad y pro-intervencionismo en política exterior. Esto puede sonar muy bien a empresarios, clases medias acomodadas e intelectuales orgánicos de derechas, pero no es en absoluto atractivo para el amplio sector de las bases del partido compuesto por hombres blancos de renta baja que viven en zonas rurales o suburbios en decadencia de ciudades post-industriales del Mid-West. Donald Trump, a pesar de su crudeza, ha explotado este enorme vacío de forma inmisericorde, y lo ha hecho explotando el cabreo de este enorme segmento de la población que cree, con razón, que el país los ha dejado atrás.

Trump es un candidato nacionalista, autoritario, a veces abiertamente racista, pero está apelando a unos votantes reales que el partido republicano llevaba tomando por tontos útiles desde hacía 20 años. Su retórica le ha servido para demostrar que se opone a las élites, que es “uno de los nuestros”. Por descontado, las propuestas concretas de Trump son a menudo completamente opuestas a su retórica (para empezar, quiere bajar los impuestos a los ricos más que nadie) y su apelación a soluciones crudas, intolerantes y simplistas es completamente irreal. Pero eso no quiere decir que no esté derrotando (y demoliendo) la coalición tradicional del partido republicano explotando una ansiedad real en el electorado conservador.

Los demócratas, por cierto, deben respetar e incluso temer a Trump precisamente por este motivo. El resultado más previsible en noviembre es que Hillary pegue una santa paliza a Trump, ganando las generales por diez puntos. Lo que no pueden ignorar, sin embargo, es que Trump representa una coalición de votantes con problemas reales, y que incluye votantes tradicionalmente demócratas. Aun así,  es un candidato populista y eso le hace peligroso, por mucho que sea un cretino integral.

¿Qué harán los republicanos ahora?

No lo saben ni ellos.

De momento los grandes donantes del partido, la donor class detrás de la agenda detestada por los votantes de Trump, están hablando de formar la madre de todas las superPAC para atacarle. Lo que no estoy seguro es qué mensaje utilizarán; es obvio que criticar a Trump por no ser lo suficiente conservador no funciona precisamente porque ese es el mensaje que está explotando, así que sólo les quedan los ad hominem.  Por fortuna, en este aspecto el tipo es singularmente vulnerable, empezando por el hecho que nunca ha sido el gran hombre de negocios que dice ser. Para desgracia del GOP,  nadie en el partido se ha preocupado de excavar la abundante mierda que hay enterrada, así que no tienen ni la munición para hacer un ratfucking (expresión real en jerga de campañas electorales en USA, por cierto, que no voy a traducir porque hay niños) como Dios manda.

La otra opción es volcar todos los recursos profesionales, organizativos y de patronazgo del partido para apoyar un candidato alternativo a Trump,  en vez de dividir el voto. Las elecciones del supermartes por desgracia descartan casi por completo a uno de los candidatos aceptables que quedan, Kasich, y deja cada vez más claro que Marco Rubio no tiene lo que hay que tener para ganar unas primarias. Para horror del establishment, el tercero en la discordia es Ted Cruz, el único hombre en la tierra que detestan más que Donald Trump.

El odio a Cruz viene de lejos, y tiene como origen el hecho que es, según todo el mundo que lo conoce, un pedante insufrible que genera una rechazo visceral y ganas de pegarle un puñetazo con sólo verle. Lindsey Graham esta semana bromeaba que si alguien asesinara a Cruz en el pleno del senado y el homicida fuera juzgado por miembros de la cámara, nadie estaría a favor de condenarle. El mismo Graham, por cierto, también advertía que el GOP haría mejor resignándose a apoyar a Cruz, que sería una candidato horrible en las generales, que permitir que Trump demoliera el partido.

El problema es cómo conseguir llegar a un candidato de consenso. Kasich seguramente se “morirá” solo cuando pierda en Ohio, pero sacar a Rubio será complicado ya que no se presenta a reelección como senador. Para él es o ganar o dejar la política, quizás para siempre. Ted Cruz tampoco va a querer irse ya que a fin de cuentas va segundo, y está convencido de ser la persona más inteligente del planeta. Me encantaría escuchar las conversaciones en los círculos de poder del aturdido, dividido y cada vez más derrotado establishment del partido mañana, todos víctimas de estrés post-traumático.

Trump seguramente tiene la nominación en el bolsillo, ya que dudo que el GOP sea capaz de solucionar sus problemas de coordinación y llegar a comprender desde dónde le caen todos los tortazos a tiempo para cerrarle el paso. El fantasma de un convención abierta, sin candidato claro y pelea hasta el final se acerca.

Va a ser un espectáculo digno de verse.

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*: Nota completamente aleatoria sobre Oklahoma, donde el socialista Sanders ha ganado hoy. En 1912 Eugene Debs, candidato a la presidencia por el Partido Socialista de América, sacó allí el segundo mejor resultado en todo el país, con un 6,5% del voto. Hay una tradición socialista en Oklahoma, vamos.