Política

La aritmética y la política

2 Mar, 2016 -

En los últimos dos meses la política española ha orbitado alrededor de lo que se ha denominado aritmética electoral. Un término que, curiosamente, acuña en su raíz etimológica (del griego arithmós, número) la raíz del problema al que se refiere: los números no cuadran. Ningún partido ha obtenido un resultado cercano de la mayoría absoluta y por lo tanto la negociación se ha convertido en algo indispensable. Sin embargo, no todos los partidos llegan a las negociaciones con las mismas armas ni con el mismo poder. Cada uno cuenta en su arsenal con un número determinado de escaños. Y es que debido a las características del sistema español (en el que las listas cerradas y bloqueadas refuerzan la disciplina de partido), los mecanismos de elección del nuevo gobierno se asimilan al funcionamiento de una junta de accionistas en el que el peso del voto de cada uno depende de su número de acciones.

Estamos por lo tanto ante un escenario en el que cada partido dispone de cierto peso en la cámara (su número de escaños). Sin embargo, como se ha puesto de manifiesto en estas semanas el número de escaños de cada partido no es la mejor forma de cuantificar su capacidad negociadora. Lo intuitivo es pensar que a mayor número de diputados, mayor será su poder de negociación. Pero esta manera de ver las cosas deja fuera de la ecuación un factor realmente importante: la distribución de escaños del resto de partidos.

John F. Banzhal (1964) dio, mientras estudiaba el sistema de votación ponderado del Consejo Directivo del Condado de Nassau (Nueva York), con una medida mucho más precisa de la capacidad que tenía cada concejal para influir en las decisiones. Su índice de poder lo que mide es, para cada partido, el número de coaliciones o pactos ganadores en los que es decisivo. Llevando la idea a la situación actual, vemos que un partido está en situación de negociar si la presencia de dicho partido en la coalición o el pacto es imprescindible. Cabe mencionar que la aplicación directa del índice al caso de la formación de gobierno presenta un claro inconveniente: la medida considera que todas las coaliciones son factibles políticamente. Por supuesto que esta consideración está muy alejada de la realidad, en la que habría que añadir al cóctel la ideología, línea programática y estrategia de cada partido. Sin embargo, antes de profundizar en la amplia casuística derivada de los diferentes vetos y la incompatibilidad ideológica, echemos un vistazo general al cuadro que dejaron las pasadas elecciones del 20 de diciembre.

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El gráfico muestra como el primer partido en votos, el PP, tiene proporcionalmente más poder que escaños. Este es un caso bastante común ya que es el partido con más flexibilidad a la hora de pactar debido a que suele sumar mayoría absoluta tanto con el segundo partido como con el tercero (recuérdese que en este primer momento no se están teniendo en cuenta las diferencias ideológicas). El dato más interesante, sin embargo, es el empate entre PSOE y Podemos. Dos partidos con distinto número de votos y escaños, pero que potencialmente y en un escenario sin vetos ideológicos tendrían igual poder para formar coaliciones. En este caso, el segundo partido a priori pierde mucho poder negociador a favor del tercero. Ciudadanos sin embargo y como  no suma mayoría absoluta con el PP tiene un índice relativamente bajo.

 

Veamos ahora cómo altera la inclusión de vetos ideológicos el esquema anterior. Me centro en el eje izquierda-derecha para definir dos escenarios sobre el modelo base: en el primero introduzco el veto PP-Podemos, el más lógico debido a la distancia ideológica de ambos partidos, y en el segundo añado también el veto cruzado entre Ciudadanos y Podemos.

 

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Al incluir restricciones, en el primer caso (veto PP-Podemos) vemos ya que efectivamente el PP no está en una situación privilegiada a la hora de sumar apoyos para formar gobierno (no en vano renunció Rajoy al encargo del Rey). La drástica reducción en su índice de poder refleja que para alcanzar la mayoría absoluta se habría necesitado un improbable acuerdo con el tercer partido en escaño, Podemos. Debido a esto vemos también que la situación de Podemos empeora notablemente al haber perdido la posibilidad de coaligarse con el PP, que era lo que lo igualaba al PSOE, y esto reduce sus opciones de coalición con este último. En efecto, al incluirse esta restricción ideológica que existe entre el PP y Podemos, el PSOE gana poder relativo al convertirse en la única coalición posible de Podemos y seguir manteniendo el resto de posibilidades. Ciudadanos también ve su situación mejorada, ya que el pacto PSOE-Podemos-Ciudadanos y el pacto PP-Ciudadanos con algún partido minoritario se hace más factible políticamente. En paralelo, al haberse reducido las posibilidades de alcanzar la mayoría absoluta exclusivamente entre los cuatro partidos mayoritarios, los partidos minoritarios han ganado mayor capacidad de influencia.

En  la segunda restricción, la del veto cruzado entre Podemos y Ciudadanos, la situación divide el escenario en dos bloques: PP-Ciudadanos y PSOE-Podemos. En este escenario tanto PP como PSOE cuentan relativamente con una buena situación puesto que la gran coalición sigue siendo una opción posible. Sin embargo, al desvanecerse la posibilidad del pacto PSOE-Podemos-Ciudadanos, los dos últimos pierden el grueso de su capacidad negociadora ya que la única vía de alcanzar la mayoría absoluta para ambos pasa por coaligarse, junto con algún partido minoritario, con el PSOE y el PP. De hecho, los partidos minoritarios ganan muchísima relevancia en este escenario, puesto que ambos bloques (PP-Ciudadanos y PSOE-Podemos) distan bastante de la mayoría absoluta: ERC (5,79%), DiL (4,99%), PNV (3,39%) y Compromís (3,19%) están en una situación similar a Ciudadanos (8,58%) y Podemos (3,59%) debido a que son casi tan necesarios como estos para que alguno de los dos bloques alcance la mayoría. Es importante mencionar que la ventaja que PP y Ciudadanos tienen sobre PSOE y Podemos se debe a que su bloque suma más escaños ya que, teóricamente, tienen más facilidad para sumar los apoyos necesarios. Sin embargo hay que recalcar que no se han tenido en cuenta las diferencias de estos dos partidos con muchos de los partidos nacionalistas.

En definitiva, el escenario previo a los vetos por diferencias ideológicas posicionaba al PP en una situación muy favorable, puesto que ni PSOE con Podemos ni PSOE con Ciudadanos sumarían mayoría por sí mismos o con partidos minoritarios. El escenario sin embargo cambia cuando se introducen vetos de tipo ideológico a la hora de conformar acuerdos de gobierno. La oposición de Podemos a todo pacto que incluya al PP o a Ciudadanos hace que paradójicamente Ciudadanos gane relativamente más poder de negociación frente a Podemos, tal como el índice de Banzhaf refleja numéricamente. A ello se suma el hecho de que la exigencia de conseguir mayoría absoluta en primera votación se relaja 48 horas después, donde el candidato a ser investido requiere sólo más votos favorables que negativos para ser investido y es entonces donde la abstención juega un papel clave. Pedro Sánchez y Albert Rivera han movido ficha al llegar a un acuerdo de gobierno. Ahora la pelota está en el tejado de Podemos y del PP, que tienen que decidir si dan por finalizada la partida esta semana, o prefieren jugarse todas las cartas en una nueva ronda electoral.