Política

Las tres almas de Podemos

22 Feb, 2016 - - @jorgegalindo

Hoy se reúnen por primera vez los negociadores de Podemos y del PSOE, acompañados por representantes de otras fuerzas ideológicamente afines. El documento de base para la negociación que presentó Podemos hace una semana es un objeto político bastante particular. Quizás el documento expresa como ningún otro un hecho que me parece fundamental para comprender los movimientos del partido desde el 20 de diciembre hasta hoy. Podemos puede ser considerado como una suerte de coalición entre tres intereses cuya jerarquía no está clara: el deseo de hacer nuevas políticas distintas (bajo su punto de vista) a las aplicadas en los últimos tiempos; la intención de “asaltar los cielos” y ser la nueva formación de referencia para “el cambio” (en definitiva, la izquierda del espectro ideológico); y la aspiración de dar voz a la “plurinacionalidad” de España, particularmente (pero no solo) ofreciendo alguna solución a la cuestión catalana en forma de referéndum de autodeterminación. El problema para Podemos, por supuesto, es que estos objetivos no están necesariamente alineados entre sí. Al contrario, pueden entrar y están entrando en conflicto.

En la lista de medidas específicas de la propuesta de Podemos hay muchas cosas en las que el acuerdo no solo con el PSOE, sino incluso con C’s así fuese por abstención de unos u otros, no parece imposible. Algunos de estos puntos de coincidencia posible o probable ya se han comentado tanto en los medios como por boca de los socialistas en su propio documento de respuesta (pdf). A continuación, una lista personal y no completa de dichas medidas, que va más allá de las reconocidas por el propio PSOE: imponer algún mecanismo de lucha contra la pobreza o de renta garantizada; luchar contra la brecha laboral de género mediante permisos de paternidad, entre otros mecanismos; implementar alguna fórmula para la dación en pago y para mejorar la situación de las personas bajo peligro de desahucio; cambiar la ley electoral para otorgar más proporcionalidad al sistema; implementar mejoras en educación y en sanidad, aunque tendrían que discutir el gasto asociado (más, abajo); por último, en el apartado correspondiente a reformas concretas sobre la corrupción, casi todo parece perfectamente asumible por el resto de socios potenciales: AAPP más independientes, protección de filtradores de irregularidades desde dentro, incompatibilidades más claramente definidas.

Otros aspectos específicos requerirían de una negociación considerablemente más intensa, y puede que llegasen incluso a ser insalvables. Pero en principio pueden estar sujetas a debate. El aplazamiento del límite de déficit y el aumento del gasto público es el más significativo. Las partes implicadas deberían discutir con qué ritmos y en qué partidas tendría lugar, pero esto sería una negociación de límites y de fuentes (particularmente una eventual subida de impuestos, o el optimista cálculo del multiplicador fiscal de Podemos), no tanto de base. Las cuestiones relacionadas con la regulación laboral, sobre todo en lo que respecta a la contratación indefinida, también supondrían un escollo considerable. Pero habría espacio para acuerdo en cosas como permisos de paternidad, regular horas extra, restringir temporalidad y minimizar el fraude en la contratación.

El bloque de medidas concretas, en definitiva, constituye una base de negociación lógica para un partido interesado en cambiar las políticas de Gobierno. Sin embargo, resulta aparentemente insuficiente para las aspiraciones de Podemos (y de sus confluencias), en tanto que tanto el documento como la propia estrategia de negociación de Iglesias desde el 21 de diciembre incluyen demandas en dos frentes de cariz más estructural.

La muy discutida demanda de una supervicepresidencia con competencias ampliadas, así como la definición detalladísima de cada Ministerio y la exigencia de escoger por consenso a más de setenta altos cargos, responde a una intención (explícita) de toma de posición dentro de las instituciones de una formación que, por el momento, se siente fuera de las mismas. Esta parte puede leerse como la aspiración (y para ellos, la ventana de oportunidad) de ocupar su espacio. En cualquier caso, responde a una estrategia de asalto que sitúa a cualquier socio (que al mismo tiempo es víctima potencial) en una posición imposible. Notablemente, también entra en conflicto parcial con algunas de las propuestas específicas elaboradas en el apartado de corrupción, hasta el punto de que la propuesta de someter jueces y fiscales a las directrices políticas contra la misma ha sido corregida por Podemos en versiones subsiguientes del documento de propuestas. La moraleja es clara: intentar matar a quien te puede facilitar aprobar algunas (si no todas) de tus políticas preferidas es una combinación difícilmente sostenible.

Pero es la demanda de un referéndum de autodeterminación (no vinculante) en Catalunya a través del artículo 92 de la Constitución, posiblemente, la línea roja más comentada. Pero cabe preguntarse quién apoya exactamente esta propuesta. En tanto que implica un referéndum parcial y no estatal, el PSOE, y por descontado C’s y el PP, se oponen. Y en tanto que no se trata de un referéndum vinculante ni garantista, los independentistas no parecen estar seducidos por la idea. La propuesta, como tal, queda en tierra de nadie, y no parece construir puentes entre las posturas enfrentadas en Madrid y Barcelona. Así, su utilidad para forjar un gobierno de izquierdas que llevase adelante el menú de políticas arriba citado es escasa, cuando no obviamente contraproducente. Por contra, sus réditos electorales a corto y medio plazo para la plataforma creada en torno a BCN En Comú son considerables.

Las contradicciones en la esfera de la plurinacionalidad van más allá, porque las otras dos confluencias disponen de agenda propia que, aunque también va en dirección descentralizadora, tiene poco o ningún interés en el referéndum. Antes al contrario: Compromís ya gobierna con el PSPV-PSOE en Valencia, y cualquier alternativa al PPdG en las elecciones de final de año en Galicia pasan por una asociación entre En Marea y el PSdG. Los primeros ya se han salido de la plataforma conjunta en el Congreso, y los segundos están tanteando la posibilidad de mantener negociaciones con el PSOE por su cuenta. Así, aunque los intereses de los que desean “asaltar los cielos” y En Comú Podem parecen estar en sintonía, los de gallegos y valencianos van en una dirección distinta, más cercana a buscar acuerdos con sus socios naturales en sus autonomías, y por tanto parejos con la obtención de cambios específicos.

Si los incentivos de pro-referéndum y “revolucionarios” van por un lado, y los de catalanes, gallegos y “gradualistas” van por otro, ¿significa esto que hay dos frentes en Podemos y su entorno? No necesariamente, sobre todo porque habrá muchos miembros de la plataforma que tengan las tres almas (plurinacionalidad, redistribución, cambio de actores), solo que en distinto grado. Quizás esto no es tanto una lucha de personas como un conflicto interno de preferencias. Pero la incompatibilidad existe, y se hará más patente en la medida en que el plan del PSOE que tan bien describía Pablo Simón, que se basa en explotar estas mismas contradicciones, funcione como ellos esperan. Si no lo hace, y el rival/socio potencial se hunde de manera que el reemplazo es obvio para todos, el gradualismo será innecesario porque con la “revolución” por sustitución llegará todo lo demás. Pero aún en el caso de que Pedro Sánchez sea cuestionado y se abra un crisis interna, es muy poco probable que el PSOE se hunda de hoy para mañana en todas partes, con la misma intensidad. Así que parece muy difícil, si no imposible, que Iglesias y los suyos consigan al mismo tiempo asaltar los cielos, dar una vuelta a las políticas concretas, la autodeterminación catalana y un equilibrio plurinacional con gobiernos de izquierdas. Como siempre me dijo mi madre cuando era pequeño, aunque a mí me enfadase soberanamente cada vez que lo hacía: todo no puede ser.