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Cervezas y Politikon Post-20D: Características y consecuencias de los gobiernos de coalición

23 Ene, 2016 - - @bpberta

La formación de gobiernos en un sistema parlamentario en un contexto tan fragmentado como el del 20D no es un proceso automático, así que nos esperan unas semanas de ardua negociación que puede acabar con un gobierno en minoría, uno de coalición o incluso unas nuevas elecciones ¿Qué tipo de gobiernos se forman en los países de nuestro entorno y contextos autonómicos? ¿Cómo negocian los actores políticos? ¿Qué ventajas e inconvenientes tienen unos u otros modelos? ¿Y cómo reaccionan los votantes ante este tipo de acuerdos? ¿El “pez grande siempre se come al chico” o hay excepciones?

Para hablar de todo esto y de otras cuestiones relacionadas con las negociaciones para formar gobierno Politikon os invita al primer “Cervezas y Politikon” de 2016. Contaremos con presentaciones de dos de nuestros editores, Pablo Simón y Berta Barbet, antes del coloquio.

El evento será el jueves 28 de enero a las 19 en el Café Manuela (C/ San Vicente Ferrer, 29). ¡Os esperamos!


8 comentarios

  1. mvp dice:

    ciudad?

  2. Belén dice:

    Retransmisión en streaming?

  3. EB dice:

    Berta,

    Lamento no poder asistir porque se está poniendo divertido. Como se dice (o decía) en las transmisiones de carreras de caballos, se está entrando en la recta final. Y lo mejor es que vienen todos muy juntos y existe la posibilidad de que se atropellen y se anule la carrera. Susana Díaz y los viejos del PSOE ya han trazado sus líneas rojas y la probabilidad de un acuerdo Sánchez-Iglesias es baja, lo que permite a Rajoy negociar con Rivera ofreciéndole poco (en este momento, la probabilidad de que esta semana Nolito pase del Celta al Barsa es más alta que la probabilidad de que Rivera acepte esta semana cualquier cosa que Rajoy le ofrece). Las preguntas ahora son (1) si Iglesias bajará su precio para un acuerdo con Sánchez (insisto, no es cuestión de programa de gobierno sino de reparto del poder), y (2) si Rivera bajará su precio para un acuerdo con Rajoy. Nuestra ignorancia sobre Iglesias y Rivera sólo permite especular sobre lo que podrían hacer y ni siquiera hay respuestas probables. En principio, el punto central en sus decisiones sería cuán leales son a sus seguidores, pero son (¿muy?) heterogéneos y no podemos caracterizar las facciones en que se agrupan por tratarse de partidos nuevos.

    • francisco dice:

      Pero Berta, lo que Rajoy le ofrezca a Ciudadanos es absolutamente irrelevante. No suman. La cuestión es lo que va a ofrecer al Psoe. O a Susana. O a…..

      • EB dice:

        Para poder negociar la abstención del PSOE, Rajoy primero debe llegar a un acuerdo con Rivera. Igualmente, Sánchez primero debe llegar a un acuerdo con Podemos para luego negociar la abstención del PP o el apoyo de otros partidos menores.

  4. Andrés dice:

    ESCRITO EN JORNADA DE REFLEXIÓN
    Pero que será publicado después. Total, me he equivocado ya tantas veces, que creo que podré soportar cometer un error más.
    Bueno, a lo que venimos. ¿Qué conclusiones puede sacar alguien que siga la actualidad política con asiduidad de esta casi inacabable campaña electoral? Pues alguna conclusión cierta, algunas más parcialmente acertadas y bastantes incógnitas sobre el aspecto que adquirirá la escena política del país en, como mucho, seis meses.
    La única conclusión cierta es que, pase lo que pase, el modelo político que consagró la Transición es irrepetible. Dicho modelo está basado en dos grandes fuerzas de ámbito estatal, etiquetadas como de centro derecha y centro izquierda, y dos grandes fuerzas en las nacionalidades históricas más “diferenciadas”, nominalmente nacionalistas, pero que de facto operan como “regionalistas fuertes”, es decir representan los intereses de sus burguesías propias. Cuando una de las dos fuerzas estatales está muy tocada, la otra gobierna con mayoría absoluta. Cuando no es así, la que logra la mayoría relativa se apoya en el PNV y, sobretodo en CiU para sacar adelante su programa de Gobierno. El conjunto es funcional. Para cada posible resultado electoral hay un modelo para armar. Luego están “los grandes asuntos de Estado”, en que los cuatro van de consuno (Guerra del Golfo, reformas laborales, tratado de Maastricht…), porque saben que si cuando no lo han hecho (OTAN, segunda guerra de Iraq…), las masas empiezan a opinar de política, lo que resulta ser fatal para la estabilidad democrática.
    Bueno, pues de ese bien engrasado mecanismo queda más bien poco. No sólo el PP y el PSOE difícilmente llegaran juntos al 50% de los votos. De hecho, en las elecciones andaluzas, en que en las que solían sumar más del 80% (casi un 87% en 2008), sólo han llegado esta vez al 62%. Si aplicamos la tasa de decrecimiento de las andaluzas a las generales, el resultado sería el 57% para la suma PP-PSOE en las generales, y la estimación es sin duda excesivamente generosa para los dos grandes. Ni con el torticero sistema electoral vigente es posible que ninguna de las dos pase de los 135 escaños. Ni los votos de CiU y el PNV les bastan,…ni dicho apoyo es en este momento concebible. Sólo les queda pactar entre sí, o con otras fuerzas también de ámbito estatal y que tendrán por ello un número de escaños casi comparable a las dos grandes. Y que probablemente empiecen pidiendo un cambio a un modelo electoral más proporcional ¿Hace falta dar nombres? El escenario es nuevo sin duda.
    La viabilidad de la primera opción, que se ha dado en llamar de la “gran coalición”, plantea múltiples interrogantes. Allá dónde se ha dado ha tenido resultados catastróficos para la fuerza de, digamos, centro izquierda. La gran coalición en el Gobierno Vasco representó para el PSE pasar de 25 a 16 escaños entre 2009 y 2012. Por no hablar de sus consecuencias en Cataluña, en que el PSC, sumido ya en una crisis agudísima, podría sencillamente desaparecer. El PSOE tendría que arrancar concesiones muy fuertes, la derogación inmediata de la última reforma laboral y del Concordato como mínimo, para embarcarse en una aventura en que tiene tanto que perder y tan poco que ganar. Y desde luego tendría que enfrentarse a una considerable sangría de afiliados y cuadros medios. Por el lado del PP, las consecuencias tampoco serían baladíes. Toda su actual directiva, salvo Soraya Sáenz de Santamaría, tendría que hacerse a un lado, y bastantes de ellos se enfrentarían a un incierto futuro judicial. Por otro lado, su imagen de “partido español de pata negra” sufriría sin duda en un gobierno que se enfrentaría a la necesidad de una inaplazable respuesta al “problema catalán”; y no se olvide que el nacionalismo español en su versión más rancia es el principal activo electoral del PP, el único que le permite conseguir votos entre las clases trabajadoras. No digo que sea imposible, pero casi.
    Las otras combinaciones a dos, es decir PP-Ciudadanos, PSOE-Ciudadanos, PSOE-Podemos tampoco pintan mucho mejor. En primer lugar tendrían que ser aritméticamente posibles. Eso no significa necesariamente sumar 176 diputados, pero sí hacer razonablemente imposible una mayoría alternativa. En ese sentido la primera alianza, PP-Ciudadanos, parece la más débil: no podría contar con otros apoyos que los de UPN y CC (que UPyD consiga escaños es casi descartable). En cierto sentido lo mismo sucedería con la tercera combinación, PSOE-Podemos, pero de forma más atenuada. No parece concebible un acuerdo entre nacionalistas vascos y catalanes de derecha y de izquierda…y PP y Ciudadanos. La segunda coalición, ciertamente parece la más estable en términos de dispersión del adversario, aunque significativamente también incapaz de abordar los “problemas territoriales”.
    UN MES Y UNA SEMANA DESPUÉS
    No hay posible gobierno con mayoría aritmética. La vieja guardia del PSOE no va a permitir un acuerdo de izquierda que incluya “partidos separatistas”, lo que parece conducir a una mayoría PP-Ciudadanos con apoyo externo del PSOE “negociado cada vez”, ya que la alternativa PSOE-Ciudadanos queda tan lejos de la mayoría que parece inviable. Para hacerlo más difícil todavía, siguen apareciendo casos de corrupción en el PP, en el que quedan ya menos justos que en Sodoma y/o Gomorra. Sólo un terremoto político en el partido conservador le convertiría en un coaligado posible para Rivera y permitiría que Pedro Sánchez consiguiera que sus votantes aceptaran una neutralidad activa frente a lo que todo el mundo consideraría un frente de derechas, eso sí, “español, muy español”. No sé, ¿Qué tal habla Soraya Sáez de Santamaría catalán en la intimidad?¿Será capaz Albert Rivera de cantar “Els Segadors”?¿Y cómo le piensan vender a Pedro Sánchez los diez mil millones de recortes adicionales que reclama la troika?¿El programa estrella de nuestra televisión será “Gran Hermano Prisión VIP”? Llevo intentando reflexionar desde la jornada de marras, pero no consigo centrarme.

  5. juan dice:

    streaming para los que estamos en la periferia¡, centralistas¡, los provincianos existimos¡.

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