Política

Acuerdos y racionalidad en Cataluña

10 Ene, 2016 - - @egocrata

Los politólogos (como el resto de científicos sociales) somos muy buenos prediciendo el pasado. El extraño acuerdo in extremis de ayer entre Junts pel Si y la CUP para investir un nuevo presidente de la Generalitat, me temo, es uno de esos casos. El lunes, en uno de esos artículos gloriosos que me van a enlazar hasta el fin de los tiempos, daba (casi) por hecho que tendríamos una repetición electoral en Cataluña, tras la negativa de la dirección de la CUP de aceptar a Mas como presidente. Ayer Artur Mas decidía renunciar al cargo, dejando paso a Carles Puigdemont como nuevo presidente.

Es decir, no hay elecciones. Falta explicar por qué.

La verdad, la respuesta es muy simple: si atendemos estrictamente a cual era la decisión más racional para los dos partidos clave en las negociaciones, el adelanto electoral era algo que era perjudicial para ambos.

Para CDC, una repetición electoral abría la puerta a acudir a las urnas sin poder reeditar las coalición con ERC, y verse superados en votos. Los votantes decepcionados por la CUP tenían más números de acabar con los republicanos que con ellos. El 20-D fue una señal de alarma clara de que el partido podía dejar de ser la fuerza mayoritaria dentro del nacionalismo catalán. Esto, casi seguro, acabaría con la carrera política de Artur Mas, y dejaría al partido en una guerra interna que debilitaría la causa del independentismo.

Visto con esta perspectiva, la decisión de CDC tiene todo el sentido del mundo. Artur Mas, más que nadie en España, sabe que la diferencia entre la política y la guerra es que en política te pueden matar muchas veces. Puede lanzarse encima de la granada, quedar como un héroe y volver de aquí unos meses cuando la CUP, ERC o algún enemigo exterior le dé una buena excusa para volver.

Desde el punto de vista de la CUP, unas nuevas elecciones casi les garantizaban unos resultados catastróficos. Los líderes del partido saben que tienen votos prestados tanto de ERC como de Podemos/En Comú, y saben que un sector (gigante) del independentismo los acusa de haber convertido las negociaciones para formar gobierno en un esperpento. La rueda de asambleas, cumbres, asambleas, consejos ejecutivos, asambleas, ruedas de prensa y asambleas hacía acabado por dejarles con una margen de maniobra ínfimo y una sola demanda para apoyar a JxS en la investidura, la continuidad de Mas. A la que CDC les ha abierto esa puerta, han preferido firmar cualquier cosa que les pusieran por delante y sobrevivir para otra batalla.

El acuerdo que firmó la CUP ayer es increíblemente humillante, con el partido poco menos que dando dos rehenes a Mas, diciendo por escrito que todo es su culpa y comprometiéndose a purgar su grupo parlamentario. La estructura asamblearia de la organización ha hecho que los líderes se quedaran sin capacidad negociadora; las votaciones por referéndum interno son necesariamente binarias, y al final se quedaron anclados en un debate de nombres, sin escalas de gris. El mérito de CDC y Mas ha sido entender esta dinámica, y acabar forzando que la CUP se metiera en un callejón sin salida.

No he hablado de ERC, porque creo que precisamente ERC era el único partido al que las elecciones no le iban a hacer daño. También era el único partido que no tenía nada que decidir, al apoyar a Mas incondicionalmente. Los republicanos, además, saben que el ridículo de una repetición quizás les permitiera superar a CDC, pero también abría la posibilidad de una victoria de Podemos / En Comú en vista de los resultados del 20-D. Sabotear el acuerdo, incluso si hubieran tenido la posibilidad de hacerlo, era demasiado arriesgado.

Queda discutir sobre cómo este acuerdo afecta al procés y a las negociaciones para formar gobierno a nivel nacional. Sobre el proceso independentista muchos han hablado de un día histórico, pero creo que la realidad es bastante más prosaica. El 26 de septiembre del año pasado, antes de las elecciones, los partidos independentistas tenían 74 escaños en el parlament, un 48% del voto, y controlaban la presidencia de la Generalitat. Tras este acuerdo, los partidos independentistas tienen 72 escaños en el parlament, un 48% del voto, y controlan la presidencia de la Generalitat.

Es decir, la situación es tan preocupante para la unidad nacional y tan esperanzadora para el independentismo hoy como hace cuatro meses. Una repetición electoral probablemente hubiera representando una catástrofe para el secesionismo, pero su ausencia no quiere decir que sus posibilidades de éxito sean mejores que antes de las últimas elecciones. El españolista optimista dirá que la CUP está inutilizada y sin Mas el independentismo conservador va a sufrir divisiones. El independentista optimista dirá que el acuerdo refuerza el bloque soberanista y coloca el gobierno de Madrid a la defensiva. La realidad es que la relación de fuerzas en el parlament es la misma, a todos los efectos; la única diferencia es quién será el interlocutor en el gobierno central.

La respuesta es, en este caso, algo que todavía no sabemos. Supongo que en vista de mi rotundo éxito haciendo previsiones catalanológicas debería abstenerme de intentar adivinar quién acabará en Moncloa o si habrá repetición electoral, pero creo que vale la pena revistar algunos escenarios. Pero eso lo dejamos para el siguiente artículo.