Economía

Okupas en ninguna parte

8 Ene, 2016 - - @egocrata

El sábado dos de enero un grupo de hombres armados capturaron un edificio gubernamental en una provincia remota al este de una ex-colonia británica. Los asaltantes declararon su hostilidad contra el poder central, reclamaron una reforma agraria y la redistribución de las tierras y pidieron que otros grupos armados se les unieran. Ante la pasividad de las autoridades, paralizadas ante los acontecimientos, los rebeldes se atrincheraron y empezaron a recibir refuerzos.

Un montón de cámaras de televisión pronto empezaron a documentar la historia. El líder de los insurrectos empezó a dar ruedas de prensa pidiendo donaciones de comida y galletas. Uno de los milicianos utilizó el dinero recibido para comprar bebidas alcohólicas y emborracharse en un motel cercano.

Bienvenidos a Burns, Oregon (población 2.806), el lugar donde se encuentra el refugio de Malheur, una gigantesca reserva natural literalmente en medio de ninguna parte. La ciudad más cercana es Boise, Idaho, a 320 kilómetros de distancia. Este es el lugar escogido por un grupo de activistas conservadores, de forma un tanto incomprensible, para iniciar una ocupación armada de una propiedad del gobierno federal para protestar contra la tiranía de las autoridades de Washington.

La historia empieza hace unos años con Dwight y Steven Hammond, dos granjeros de Oregon con un largo historial de peleas con las autoridades federales. Los Hammond, como es habitual en el oeste americano, utilizan tierras federales para que paste su ganado. En Oregon, donde el gobierno federal es propietario del 53% del territorio, los granjeros a menudo poseen la parcela alrededor de su vivienda y los edificios asociados, pero alquilan terrenos al gobierno federal para poder operar. El gobierno les cobra un alquiler muy por debajo del precio de mercado, en uno de esos bonitos subsidios agrícolas ocultos en los presupuestos.

Resulta que los Hammond tienen su rancho al lado de Malheur, y no están demasiado contentos con tener una reserva natural al lado de caso donde no pueden llevar sus vacas a pastar. Dwight y Steven, que ya tenían cierto historial de conflictos con las autoridades federales, fueron condenados el 2012 a penas de cárcel hace cuatro años por dos incendios provocados en tierras propiedad del gobierno federal adyacentes a su granja. Pegarle fuego a terrenos federales lleva asociada una sentencia mínima de cinco años, una cifra francamente excesiva. El juez que les condenó, entendiendo que el mínimo legal era exagerado, les redujo la sentencia a varios meses.

El problema es que la ley en este caso es bastante clara, así que las autoridades federales apelaron la sentencia. En diciembre un juez de apelación, siguiendo la jurisprudencia del Supremo, dijo que esto de reducir las sentencias nada, y declaró que los Hammond debían volver a la cárcel a cumplir el resto to de la condena.

Es entonces cuando empieza todo el circo de activistas. Un grupo de “patriotas”/milicianos que se dedican a protestar contra la tiranía del gobierno federal contra los granjeros del oeste se plantó en Burns para protestar contra la orden judicial de encarcelar a los Hammond y el dominio federal sobre millones de hectáreas de terreno. Gritando algo parecido a “la tierra para el que la trabaja” (por mucho que según varios estudios, el gobierno federal la alquila a un precio por debajo de lo que cuesta mantenerla), los milicianos, con Ammon Bundy a la cabeza (el hijo de Cliven Bundy, protagonista de otra protesta reciente sonada) se echaron al monte y ocuparon las instalaciones turísticas del parque natural a 50 kilómetros de la ciudad. Que estaba vacío, obviamente, porque nadie en su sano juicio se va a ir a hacer turismo en medio de Oregón en enero (temperatura máxima media 1,6 C).

Este fue el sábado. Hoy viernes, seis días después, Bundy y un número indeterminado de hombres armados siguen acuartelados en Malheur, pasando frío y protestando heroicamente contra el gobierno federal pidiendo que otros patriotas se les unan. No es un asedio; las autoridades están vigilando el recinto de lejos, y los milicianos pueden salir para ir a comprar sin que nadie les cierre el paso. Las autoridades federales están presentes, pero no son demasiado visibles, con el FBI dejando que sea la policía local quien se ocupe del problema.

La estrategia es no escalar el conflicto, evitar cosas como esta, y esperar a que la prensa y los milicianos se aburran y se vayan a casa, casi literalmente. El sheriff, residentes y autoridades locales están diciéndoles que ya vale de dar la murga y que se vayan, que nadie ha pedido que un grupo de salvapatrias armados con demasiado tiempo libre vengan a incordiarles. Los Hammond se entregaron a las autoridades el lunes como les correspondía, e insisten que los manifestantes no hablan por ellos. Las autoridades han dicho que los milicianos van a ser acusados de varios delitos federales cuando toda esta charlotada termine.

Los okupas, mientras tanto, están filmando videos propagandísticos melodramáticos (este es maravilloso), jugando a ser héroes y reuniéndose con el increíblemente paciente sheriff del condado, que les pide cada día que se larguen de una vez. Bundy y el resto de milicianos está pidiendo que el gobierno federal libere a los Hammond y devuelva la propiedad de la tierra al pueblo (el gobierno obviamente no va a hacer ni uno ni lo otro).   La situación, más que peligrosa, se ha vuelto casi cómica, con un grupo de tipos que recibe cantidades ingentes de subvenciones federales y se creen muy valientes protestando sobre algo que la inmensa mayoría del país ve ya como un tanto ridículo.

La cuestión, sin embargo, es que esta idea que el gobierno federal oprime a los granjeros del oeste, monopoliza la tierra y quiere convertir esos estados en parques temáticos para ecologistas está bastante extendida en las zonas rurales de esa parte del país. Hay una subcorriente profunda (y minoritaria) dentro del movimiento libertario / conservador americano que ve a las autoridades federales como tiránicas y la propiedad privada de la tierra como un derecho constitucional que no es respetado. Los Bundy y el resto de milicianos son un sector especialmente extremo, que flirtea con la idea que es legitimo y natural tomar armas contra el gobierno federal si este intenta oprimirles. Dentro de la enorme industria de medios y grupúsculos* conservadores de Estados Unidos, las milicias anti-federales son una vieja tradición que re-emerge de vez en cuando. La ocupación de Oregón es otro ejemplo más.

La ocupación, aparte de llevar a la luz esta clase de grupos, ha abierto además algunos debates paralelos interesantes. El primero, y más obvio, es el diferente tratamiento informativo que se da a un grupo de manifestantes según el color de piel. El año pasado, en los disturbios de Ferguson o Baltimore, periodistas y políticos hablaron de vándalos incontrolados, bárbaros irresponsables e irracionales. Esta semana los medios entrevistaban a los milicianos y respetaban las protestas, a pesar de ser un grupo de tipos armados hasta los dientes ocupando un edificio gubernamental. La diferencia, no hace falta decirlo, es el color de piel.

Otro tema interesante es la absurda irracionalidad de las sentencias mínimas por delitos federales. Una pena de cinco años de cárcel por quemar unas cuántas hectáreas de arbustos es excesiva, y más cuando fue por accidente y nadie resultó herido. La cuestión es que las condenas mínimas es una de las protestas recurrentes de activistas afro-americanos desde hace décadas; que un grupo de granjeros blancos y los medios descubran ahora su injusticia tiene su guasa. Por supuesto, el tratamiento informativo si dos docenas de activistas negros (o musulmanes) armados tomaran un edificio federal con la misma protesta sería muy, muy distinto.

De todos los debates y comentarios, sin embargo, mi favorito es el salido del consejo de los Burns Paiute, la tribu nativa que originalmente vivía en la región. La líder de la tribu y portavoz, en rueda de prensa, declaró que si los milicianos querían que la tierra volviera a sus propietarios legítimos esperaba que se refirieran a ellos. La reserva india que los alberga ahora está al norte del parque natural, tras ser desplazados. Su carta en el NYT es estupenda.

Por cierto, una nota final. Hay un debate considerable sobre si el gobierno federal gestiona bien la enorme cantidad de tierras bajo su control en el oeste del país. No soy en absoluto un experto en el tema (mis conocimientos sobre agricultura no van más allá de distinguir un tomate de una patata), así que no voy a meterme a hablar sobre el tema. El NYT tenía un buen debate sobre el tema; podéis empezar ahí.

*: Una nota sobre escala – Estados Unidos es enorme. Si un 1% del partido republicano (es decir, un 0,3% de la población del país) simpatiza con esta clase de ideas, estamos hablando de un millón de personas. Uno puede ser ultraminoritario y ser un montón de gente. El porcentaje de chiflados en el país quizás sea mayor que en Europa, pero incluso si no fuera así la misma escala del país hace que tengas millones de tipos afiliados a cosas rarísimas.