Internacional & Refugiados

Los partidos europeos ante la inmigración

8 Sep, 2015 - - @jorgegalindo
Screen Shot 2015-09-08 at 10.22.35

En la actual crisis migratoria Europa es tierra de acogida. En tanto que formada por democracias liberales que son producto histórico de catástrofes que dejaron un rastro no tan distinto al que hoy viene del Este, uno debería esperar una actitud más bien receptiva por parte de nuestro continente y de sus líderes. Sin embargo, los partidos que conforman dichas democracias no parecen particularmente entusiastas ante la idea de la solidaridad. En realidad, no cabía esperar otra cosa: son pocos los políticos que se atreven a mostrar un apoyo incondicional a la inmigración de cualquier tipo. Y es que es uno de los retos más complicados ante los que se pueden encontrar.

Para empezar, los inmigrantes no son un público objetivo particularmente interesante para los partidos. El nivel de implicación política de los inmigrantes suele ser bastante menor que el de los nativos. Para empezar, el derecho a voto no suele ser algo que se adquiera con solo pisar la misma tierra que el vecino. Además, resulta difícil participar cuando no se conocen bien los códigos de comunicación necesarios, cuando no se ha crecido aprendiendo cómo funciona el entorno institucional que da acceso a la acción política.

Sin embargo, se trata de un fenómeno que levanta un considerable grado de interés entre aquellos que sí están movilizados. Así que los partidos no pueden ignorarlos. Sin embargo, dada su naturaleza, la inmigración supone un dilema particular para las tres principales familias de partidos en Europa occidental.

Socialdemócratas. El dilema del centro-izquierda con respecto a la inmigración es similar al que mantiene con otros muchos colectivos que no corresponden a su primordial núcleo de votantes: los trabajadores protegidos por contratos indefinidos y con afiliación sindical. Aparentemente, los intereses de este grupo se contradicen con los que tienen los inmigrantes. Los trabajadores, sobre todo aquellos con menor calificación, suelen temer que una mayor inmigración aumente el paro y haga bajar los salarios. En realidad, esto es en gran medida una ilusión (sobre todo el incremento del desempleo; hay más debate con respecto a qué pasa con los sueldos). Pero resulta muy caro pararse a dar explicaciones tan complejas y dejar mientras tanto abierta la puerta para que se cuele la competencia electoral de otro que esté dispuesto a actuar de manera más decidida frente a los inmigrantes.

El asunto se complica cuando consideramos que la socialdemocracia no solo está formada por los intereses económicos de las clases trabajadoras, sino que también tiene un componente de solidaridad obvio, así como un conjunto de valores asociados (sobre todo desde los años setenta) que censuran el racismo y la exclusión. El conflicto está servido, y los movimientos de contorsionista de algunos líderes como François Hollande (quien además se enfrenta a la necesidad de defender la tan sagrada para los franceses pureza y laicidad de su República) se entienden algo mejor.

Liberales. En principio, una posición netamente liberal debería ser favorable a la circulación de individuos a lo largo y ancho del mundo. Esta viene a ser (con matices razonables) la postura de The Economist, posiblemente el periódico de corte liberal más influyente del mundo. Sin embargo, la llegada masiva de migrantes que llegan refugiándose de un peligro inmediato en su país de origen suele requerir de una acción de acogida decidida, cara e intervencionista por parte del Estado. También la inmigración netamente económica, a pesar de que suele estar más planificada y por tanto tiene un ‘aterrizaje’ más suave, también se beneficia de herramientas de integración que deben estar proporcionadas por el sector público en tanto que las empresas jamás lo harán por sí mismas (todas tienen incentivos para que sea otra quien se gaste el dinero en primera instancia). Por lo tanto, un ideal liberal de circulación abierta es una quimera, y es ante la necesidad de intervención estatal que la inmigración se vuelve controvertida.

Conservadores. La postura conservadora que todos imaginamos por defecto es la de reservas profundas, si no rechazo directo, a la inmigración para proteger la integridad de la nación que representan. La actuación de líderes nacionales como David Cameron sirve de ejemplo perfecto. Sin embargo, hay dos aspectos importantes que dificultan que ésta sea la posición reinante. Por un lado, la moral cristiana y los valores asociados de caridad, solidaridad y ayuda al prójimo están en la raíz de un buen número de los partidos conservadores europeos. Por otro, la base electoral de los mismos se nutre de empresarios y profesionales cualificados. Los segundos son normalmente los que menor grado de oposición demuestran ante la inmigración. Los primeros también, pero además la pueden ver como una oportunidad para obtener mano de obra adicional. El presidente de Daimler-Benz, sin ir más lejos, acaba de decir con respecto a los refugiados que van a llegar a su país que no hay que tener miedo, al contrario: se trata de personas “jóvenes, están motivados y tienen buena formación”.

Estos múltiples dilemas nos ayudan a entender por qué países con gobiernos del mismo color (Alemania y España; Suecia y Holanda) se comportan de manera tan distinta con respecto a la actual crisis, dependiendo de qué factor estructural pese más.

¿Qué formaciones pueden permitirse una postura más nítida respecto a las migraciones, pues? Lo estamos viendo. Por un lado, la izquierda postmaterialista o New Left que se nutre sobre todo de profesionales de clase media en adelante esquiva los límites de la socialdemocracia al no depender de trabajadores menos cualificados (el tridente de alcaldes Carmena, Colau y Ribó, sin ir más lejos). Por otro, la derecha populista (FN, UKIP) se alimenta precisamente de las bolsas de votantes que se sienten marginados por el resto de partidos en temas como la inmigración, teniendo todos los incentivos para tener una actitud de rechazo. Pero ni los unos ni los otros son, por el momento, centrales para el gobierno de los países clave en la Unión Europea. El poder de decisión y la capacidad para formar coaliciones en la toma de decisiones reside en los grandes indecisos.


5 comentarios

  1. Sergio Lopez dice:

    La negación del individuo es el mayor éxito de la opresión http://psr-e.over-blog.com/2015/09/la-burbuja-del-desencanto.html

  2. Alatriste dice:

    No recuerdo dónde leí una vez que – parafraseando, hace muchos años de eso – casi toda la ambigüedad de la política derivaba de que en el mundo real el obrero medio no era liberal sino que tendía a ideas muy conservadoras en todo menos en temas laborales, mientras que entre los burgueses con frecuencia ocurría exactamente lo contrario. Ese texto se refería al siglo XIX, pero cuanto más lo pienso más me convenzo de que el principio sigue siendo más o menos cierto hasta el día de hoy.

    • Argos dice:

      El obrero medio en general tiene muchos menos recursos para enfrentarse a experimentos fallidos y esto hace que sea más conservador.

      Por poner un ejemplo concreto: en los barrios de alta inmigración conflictivos en Europa, los europeos étnicos que aun permanecen allí son proletarios y jubilados de clase baja, que no tienen recursos para mudarse a un barrio más caro. La burguesía urbanita e izquierdista clásica se ha mudado a barrios “blancos”. Es más fácil abogar por el cambio cuando sabes que tienes recursos suficientes para protegerte de las consecuencias.

      • Minded dice:

        “La burguesía urbanita e izquierdista clásica” es lo que se llama pijoprogre: progre de boca y pijo de coca, que vengan todos los inmigrantes pero no a mi barrio, que es muy cool.

  3. […] rechazo motivado por incentivos políticos internos. Sin embargo, no en todos los países sucede. Como hicieron notar en Politikon, los españoles son mayoritariamente favorables a ofrecer asilo y protección a los refugiados. La […]

Comments are closed.