Economía

Esther Duflo y el auge de lo aleatorio

14 May, 2015 - y - @kikollan, @octavio_medina,

Este artículo es una colaboración de Octavio Medina y Kiko Llaneras.

“En 1747, después de pasar ocho semanas en alta mar, la tripulación del buque HMS Salisbury de la Armada británica sufrió un brote de escorbuto. El médico de a bordo, el doctor James Lind, eligió a una docena de marineros que sufrían el mal, los dividió en seis parejas y dio a cada una un tratamiento diferente: algunos recibieron limones o naranjas, otros vinagre, nuez moscada o ácido sulfúrico. Solo la pareja que recibió los primeros se recuperó. No fue un ensayo perfecto, pero funcionó.”

(La urna rota, Debate)

Así arrancamos la sección de La urna rota dedicada a los experimentos de políticas públicas. Por eso hoy no queríamos dejar de celebrar que la gran economista francesa Esther Duflo, conocida en parte por su defensa de los ensayos aleatorios, acaba de ganar el Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales. Así aprovechamos para insistir en la importancia de esta clase de enfoque.

Esther Duflo ha contribuido a darle vida a una disciplina, la economía del desarrollo, que llevaba tiempo estancada en un debate interminable. En Repensar la pobreza, un libro co-escrito con el también economista Abhijit Banerjee, lo explica bien: la disciplina ha estado dominada por dos grandes grupos, los gurús de la oferta y los de la demanda.

Entre los de la oferta nos encontramos a personalidades como Jeffrey Sachs o Paul Collier, que argumentan que el problema principal de los países en vías de desarrollo son las trampas de pobreza. Su idea es que los países pobres no consiguen salir de su situación porque carecen de los recursos para realizar las inversiones iniciales que les permitirían saltar del equilibrio perverso en el que están atascados a otro de crecimiento y generación de riqueza. Con más ayuda y cooperación al desarrollo, argumentan, esta situación sería sencilla de solucionar. El otro grupo es de los gurús de la demanda, como Bill Easterly o Dambisa Moyo. Quienes opinan que son precisamente factores como el paternalismo y la ayuda de países ricos los que sostienen y perpetúan regímenes corruptos que destruyen las libertades y los incentivos de los ciudadanos, y por lo tanto les impiden ahorrar e invertir. Frente a esta dicotomía, Duflo propone una idea sencilla y poderosa: “No sabemos nada”, dice. “Somos como los médicos medievales y sus sanguijuelas.”

Su respuesta es que la era de las grandes ideas ha sido un fracaso. Lo más probable es que no haya un solo factor que cause la pobreza. Por lo tanto, lo más razonable es probar distintas intervenciones diferentes y evaluarlas de forma consistente. Lograr así que construyamos un corpus de evidencia que nos permita discernir lo que funciona y lo que no. En este enfoque juegan un papel clave los ensayos aleatorizados, o randomized controlled trials.

¿Qué es un Randomized Controlled Trial?

Un RCT es un ensayo con un grupo de control. La idea básica es probar un tratamiento sobre un grupo y disponer de otro para comparar los resultados. Hoy los RCTs son un procedimiento estándar en medicina. Se emplean para evaluar fármacos y tratamientos, medir su eficacia y observar sus efectos. Sin embargo, este tipo de ensayos han sido infrecuentes en el ámbito de las políticas públicas. Los programas sociales se implantan sin probar y a menudo cambiamos desde el funcionamiento de las escuelas a los programas de transferencias sin ensayos piloto. ¿Por qué no ensayar estas y otras políticas antes de hacerlas universales?

A continuación comentamos algunos ejemplos de RCTs.

Mejores escuelas. Un ejemplo célebre de ensayo controlado lo llevaron a cabo precisamente Duflo y Banerjee en la India para evaluar un programa de refuerzo escolar. La idea era contratar a un tutor que ayudase a los alumnos descolgados, pero que no fuese un profesor, ni cobrase como tal. La intervención se ensayó en doscientas escuelas y sus resultados se midieron en comparación con otras escuelas sin tutores. Los alumnos mejoraban y el coste era pequeño. El programa fue un éxito. Hoy alcanza a millones de niños en la India.

Un pequeño empujón por SMS. Estudios semejantes existen en terrenos más mundanos, como el de la Behavioral Insights Team británica, que comprobó con un ensayo que enviar un SMS a quienes debían pagar un impuesto y no lo hacían multiplicaba por seis el porcentaje de pagadores.

Cómo NO reducir el crimen. Otras veces los ensayos sirven para abandonar políticas fallidas. Pensemos, por ejemplo, en los programas para reducir el crimen que se ensayaron en Estados Unidos hace unos años. Los programas consistían en entrevistar a jóvenes con presos, y la idea —digamos que de sentido común— era que viendo las miserias de una vida criminal, los muchachos se lo pensaría dos veces. Pero ocurría justo lo contrario: los participantes del programa cometían más delitos.

Cuándo las cosas no suceden como estaba previso. En 2010, el gobierno ghanés decidió combatir las «mordidas» que policías corruptos exigían a los camioneros que cruzaban sus caminos. Para lograrlo el gobierno dobló el salario de los policías, pensando que con mejores salarios serían menos corruptibles. No funcionó. La subida de sueldo no hizo que los policías corruptos dejaran de exigir mordidas, sino que las siguieran exigiendo… ahora de cuantía superior. Tenéis otro ejemplo de cómo a veces las cosas no salen como estaba previsto en Vivienda, cheques y pobreza: un ensayo experimental.

Evaluar para conservar lo que funciona. Otro ejemplo de RCT bien conocido es el caso de PROGRESA, que demuestra cómo un proyecto piloto acompañado de una buena evaluación puede ser enormemente beneficioso. El programa PROGRESA fue un programa mexicano de transferencias condicionadas destinado a promover la inversión en educación y salud de los niños por parte de sus familias. El Estado entregaba un dinero cada mes a las familias (en concreto a las madres), si demostraban que habían llevado a sus hijos a la escuela y a la clínica. Los resultados fueron muy positivos; aumentó en un 9,3% la tasa de matriculación secundaria de las niñas y en un 5,8% para niños. Lo más relevante del caso es que el éxito de PROGRESA hubiese pasado desapercibido, quizás, de no ser por la estrategia de evaluación: sabíamos que había funcionado. El programa se tornó tan popular que el gobierno sucesor no solo no eliminó el programa, sino que lo mantuvo —con un nuevo nombre— para beneficiarse de su popularidad.

Por una política basada en evidencias

Los ensayos que hemos descrito cuestan tiempo y dinero. Sin embargo, la razón para hacerlos es sencilla: a menudo no sabemos si una política conseguirá su propósito. Quizás un programa de vuelta al empleo suene prometedor, pero a priori es difícil dar el éxito por seguro. Las políticas a veces no funcionan, tienen efectos diminutos, o son contraproducentes. La idea detrás de los RCTs es que el sentido común no basta siempre para juzgar la bondad de las políticas públicas. La alternativa pasa por impulsar políticas basadas en la evidencia: observar experiencias de otros países, ensayar programas piloto y tratar siempre de evaluar si una política logra sus fines.

En definitiva, se trata de pensar en las políticas como hipótesis. Cada política-hipótesis se rodea de un cierto grado de incertidumbre y por tanto debe ser validada en la práctica. Si la incertidumbre es grande, haremos experimentos piloto e iremos poco a poco. Si la incertidumbre es menor, seremos más decisivos en la implementación. Pero siempre deberíamos supervisar el programa y comprobar que cumple su propósito. Gracias al trabajo de académicas como Duflo, poco a poco este enfoque se va abriendo camino.

PS. Podéis leer más sobre este tipo den ensayos en La política real necesita ensayos reales en Jot Down, y en nuestro libro, La urna rota.


Un comentario

  1. […] por usar la terminología del sector que muy bien repasan Octavio Medina y Kiko Llaneras en “Esther Duflo y el auge de lo aleatorio“, en Politikon. Pero no forma parte de esa ‘escuela’ y su trabajo, como apuntan, […]

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