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La brecha de género en el mercado laboral español: algunos datos

6 Mar, 2015 - - @jorgegalindo

El objeto de esta pequeña recopilación de datos es más descriptivo que argumentativo. Se trata de contar una historia relativamente sencilla: las mujeres se han incorporado al mercado laboral español a un buen ritmo en las últimas décadas, pese a que no estamos todavía en la media de los países de nuestro entorno. Esta incorporación no se ha hecho a costa de una diferencia enorme en los salarios de nuestras trabajadoras y trabajadores bajo contratos estándar, pero en el ámbito del empleo a tiempo parcial la cosa parece distinta. Dada la tendencia de esta modalidad en los últimos tiempos quizás cabe estar alerta ante un posible coladero de la desigualdad.

1. La tasa de ocupación de las mujeres

En las últimas dos décadas, la evolución del empleo femenino en España ha sido muy significativa, de modo que en 2013 la diferencia entre la tasa de ocupación de los hombres y la de las mujeres era de solo 9.2 puntos porcentuales, por debajo de la media de la OCDE y no tan lejos de los países escandinavos, que se encuentran en torno a 5-7. Utilizo este dato en lugar de las tasas de ocupación de hombres y mujeres para poder minimizar el efecto de otros factores. Porque de hecho en términos absolutos nuestra tasa de ocupación femenina era en 2013 del 51.4% frente a un 62.7% del conjunto de la OCDE. En otras palabras: a pesar del camino andado aún queda un buen trecho por recorrer, pero no parece posible que lo hagamos sin mejorar nuestras perspectivas demográficas y de desempleo estructural: para los hombres, al fin y al cabo, la diferencia es del 60.6% frente a una media del 75.4%.

ocupacion

Por descontado, esta tendencia se ha visto favorecida tanto por un efecto demográfico como por la crisis. Respecto al primero, hay que tener en cuenta que el envejecimiento paulatino de la población afecta más en la “retirada” del mercado laboral a hombres que a mujeres simplemente porque éstos suponían la mayoría de los empleados en el pasado. Es, en cualquier caso, lo que cabe esperar y lo que ha sucedido en cualquier país que ha combinado una población cada vez más envejecida y una mayor participación de las mujeres en la economía (esto es, casi todas las naciones occidentales, si bien en momentos y a ritmos distintos en las últimas seis décadas). En cuanto a la crisis, sobre todo en los primeros años, cuando la burbuja inmobiliaria estalló, el empleo en sectores masculinizados se vio particularmente afectado. El resultado es, en cualquier caso, que de mantenerse la tendencia llegaremos a una práctica paridad en la siguiente década.

2. La brecha salarial

La igualación entre sexos en presencia dentro del mercado de trabajo no parece tener hoy en día enormes consecuencias para los salarios de unos y de otros. En términos de diferencia entre lo que gana un hombre y lo que gana una mujer a tiempo completo (independientemente de su puesto de trabajo), con una tendencia oscilante pero en principio a la baja en el largo plazo, la brecha salarial española queda lejos de la de países como Alemania o Portugal.

salarios

Sin embargo, cabe subrayar que el cálculo de la OCDE favorece valores más bajos que otros, que arrojarían cifras superiores (véase la página del INE al respecto), pero que no permiten comparaciones entre países. También es cierto que dada la varianza de año a año el nivel de 2010 incluido en la tabla no debe ser tomado como referencia clara y meridiana.

Pero aún más importante que estas cautelas metodológicas es el hecho de que cuando no tenemos en cuenta el tiempo de dedicación estas diferencias se incrementan significativamente. Según la Encuesta de Estructura Salarial del INE, en el año 2011 el salario anual más frecuente en las mujeres comprendía tan solo el 78,4% del salario más frecuente en los hombres. En el salario mediano este porcentaje fue del 78,2% y en el salario medio bruto del 77%. Aún más significativo resulta comprobar que la diferencia en el salario medio por hora en los trabajos a tiempo parcial se mantiene en un 79%. Es decir: las mujeres que están empleadas bajo esta modalidad parecen tener puestos de considerablemente peor calidad que los hombres.

3. El empleo a tiempo parcial

Es por lo arriba explicado que la reciente evolución de los empleos a tiempo parcial involuntarios (es decir, la persona declara que preferiría trabajar más horas) merece nuestra atención. Entre 2003 y 2013 el porcentaje de hombres y de mujeres trabajando a tiempo parcial se ha incrementado de manera considerable: de 2.7% a 7.3% y de 16.4% a 23.4% respectivamente. Así es, según el último dato disponible casi un cuarto de las trabajadoras españolas trabajan por menos de una jornada completa o casi completa. La cifra no parece particularmente alta si se compara con el 61.1% de Holanda o el 45.7% de Suecia. La diferencia entre aquellos países y el nuestro radica en que mientras en los primeros solo un mínimo porcentaje de las mujeres desearían trabajar más horas (1.6% para Suecia y 3.4% para Holanda), en España esta cifra supera el 11% y es la más alta de Occidente salvo por Irlanda (12.6%).

Este efecto es común a ambos sexos, sí, pero en tanto que hay una considerable desproporción en la cantidad de empleados y empleadas a tiempo parcial, afecta particularmente a las mujeres, y cada vez más. Como se aprecia en la tabla, en desequilibrio solo nos sobrepasa Italia.

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La moraleja es que hay más de una manera de abordar el empleo a tiempo parcial, y éste puede ser tanto un instrumento para igualar como para discriminar entre hombres y mujeres si el resto de condiciones necesarias para que lo primero suceda no existen. Por supuesto, este efecto se ve acrecentado por la enorme tasa de paro y la presión que esto pone sobre los hogares para conseguir ingresos. La doble cara de la incorporación de la mujer al mercado laboral sin un apoyo estatal correspondiente se expresa con claridad en este caso.

En resumen, sirva este pequeño repaso como cautela y recuerdo de que ni tan mal estamos, ni tan bien parece que vamos. La lucha por la igualdad, como la mayoría de contiendas políticas, se libra entre grises.