Economía

Sobre impuestos negativos y complementos salariales

20 Feb, 2015 - - @egocrata

Las propuestas económicas de Ciudadanos ha provocado cierto revuelo estos días. Que un partido político presente un programa económico no es del todo inusual, pero la charla de Garicano y Conthe no fue una presentación a la que estamos habituados en España: se hablaron de medidas concretas, con objetivos claros y una filosofía explícita, muy lejos del habitual refrito de conceptos abstractos e ideas etéreas (“empleo de calidad” “solidaridad” “derecho a tener derechos”) que acostumbran a plagar los programas de los partidos españoles. Es imposible evaluar si las conclusiones de la conferencia política del PSOE o el programa de Podemos darán unos resultados u otros, porque no hay nada parecido a un diseño o mecanismo legal explícito; las propuestas de Ciudadanos, aún con la falta de cifras, al menos permiten un análisis sobre posibles resultados y costes.

Muchas de las propuestas os sonarán familiares, ya que son cosas de las que hemos hablado alguna vez por aquí (contrato único, mochila austríaca, créditos sobre las rentas del trabajo, impuestos sobre el despido). De todas las medidas presentadas el martes, sin embargo, la que más me llamó la atención fue el complemento salarial anual garantizado, el nombre que han escogido para referirse al Earned Income Tax Credit (EITC), o Crédito sobre Renta del Trabajo (CRT) en mi (torpe) traducción de hace un año.

Aparte de que, por una extraña coincidencia, ahora mismo en el trabajo estamos pidiendo que Connecticut suba el CRT estatal tras los recortes de hace dos años (hago lo mismo en dos continentes), este clase de medidas forma parte de una familia de políticas públicas relativamente poco utilizada: darle dinero directamente a las familias con pocos ingresos. Como comentaba por aquí, hay señales que apuntan que es una forma de combatir la pobreza sorprendentemente efectiva, ya que los pobres a menudo saben perfectamente por qué lo son, pero no tienen dinero para remediarlo. Los CRT están relativamente bien estudiados, y la evidencia apunta que incluso tienen efectos positivos a largo plazo en el bienestar de los hijos de las familias que lo reciben. Dentro de esta categoría de políticas públicas, sin embargo, me preguntaba si un CRT es más o menos efectivo que otros dos programas parecidos, un impuesto negativo sobre la renta o una renta básica.

Primero, repasemos cómo funciona cada programa. Una renta básica es un pago incondicional, directo y automático a cualquier ciudadano por el hecho de estar vivo. Es simple, directo y sencillo, sin otro secreto que establecer la cantidad de los pagos y cómo recaudar para pagarlo. Un impuesto negativo sobre la renta (INR) es un poco distinto: es un crédito fiscal que recibe todo ciudadano por el hecho de estar vivo, y que se va reduciendo conforme aumentan sus ingresos. Por ejemplo, el estado podría dar €2.000 a alguien sin ingresos, y reducir el crédito €10 euros por cada €100 de ingresos. Alguien que ganara €10.000 al año recibiría €1.000; alguien que cobrara €20.000 no recibiría nada.

El CRT funciona de forma parecida al impuesto negativo sobre la renta con la diferencia que sólo aquellos que están trabajando reciben el crédito. En el diseño propuesto por Ciudadanos (muy parecido al modelo americano, que funciona bien) el crédito aumenta de entrada según el trabajador gana más, se estabiliza al llegar a un cierto nivel de renta, y desaparece lentamente después. La idea es por un lado, ayudar a los trabajadores con ingresos bajos dándoles ingresos adicionales, y por otro crear un incentivo para incorporar más trabajadores al mercado, y ya de paso, sacar a algunos de la economía sumergida. Un CRT no es un programa para pobres sin ingresos (Ciudadanos dice que les ayudarían con otros programas), sino para working poor, trabajadores cerca o por debajo del nivel de pobreza.

Comparar los efectos de un teórico INR (creo que no está siendo aplicado como tal en ninguna parte) y un CRT es interesante. Jesse Rothstein (vía National Review), un economista de Berkeley, tiene un artículo francamente interesante comparando ambos modelos y sus efectos sobre el mercado laboral, oferta de trabajo e ingresos. La idea básica de su modelo es bastante sencilla: un INR disminuye la necesidad de los trabajadores para buscar trabajo, y por tanto, reduce la oferta de mano de obra, la cantidad de gente buscando empleo. Un CRT, mientras tanto, crea un incentivo considerable para buscar empleo, haciendo que haya más gente buscando trabajo. Esto produce un efecto paradójico:

“The EITC is intended to encourage work. But EITC-induced increases in labor supply may drive wages down. I simulate the economic incidence of the EITC. In each scenario that I consider, a large portion of low-income single mothers’ EITC payments is captured by employers through reduced wages. Workers who are EITC ineligible also see wage declines. By contrast, a traditional Negative Income Tax (NIT ) discourages work, and so induces large transfers from employers to their workers. With my preferred parameters, $1 in EITC spending increases after-tax incomes by $0.73, while $1 spent on the NIT yields $1.39.”

Dicho en otras palabras: dado que con un CRT hay mucha más gente buscando trabajo, las empresas pueden ofrecer salarios menores; un porcentaje considerable de los subsidios es capturado por las empresas, que aprovechan la subvención para pagar menos dinero. Un INR, sin embargo, hace que haya menos currelas en el mercado, así que las empresas tienen que pagar más para atraerlos al mercado. El resultado es que por cada dólar que se invierta en un CRT, los ingresos después de impuestos aumentan 73 céntimos (que no está nada mal), mientras que por cada dólar invertido en un INR el retorno post-impuestos es 1,39 dólares.

¿Quiere decir esto que un INR (o una renta básica, que acabaría por funcionar igual) es claramente superior a un CRT? No necesariamente. Para empezar, un INR es considerablemente más caro. Por añadido, es difícil saber si la caída de la población activa será pequeña, o por el contrario será lo suficiente significativa como para provocar un agujero fiscal; el análisis se centra en el retorno de inversión de ambos programas, no sus efectos sobre el PIB o crecimiento económico.  El artículo, obviamente, parte de un modelo formal relativamente simple, así que Dios sabe los resultados que veríamos cuando un CRT o INR interactuaran con el resto del estado de bienestar, diversas situaciones familiares (una madre soltera responderá más a los incentivos, por ejemplo), niveles educativos o los puestos de trabajo disponibles.

Por supuesto (y aquí es donde entra la ideología de cada uno), es también posible creer que tener un trabajo y participar en la vitalidad de la economía es un bien en si mismo, así que los efectos de un CRT derivados del artículo serían deseables. Si por el contrario creemos que es más importante hacer a los ciudadanos menos dependientes del mercado, un INR es preferible, siempre que nos lo podamos permitir y no ahogue la economía.

En fin, da que pensar. No estoy seguro que podamos sacar grandes conclusiones sobre qué política pública sería más efectiva en España (hace falta ir más allá antes de decirlo, y obviamente calcular costes) pero da que pensar.