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Género, educación y la brecha de las carreras técnicas

17 Feb, 2015 - - @kikollan

La escolarización es uno de los símbolos del progreso de nuestro país desde los setenta. Desde 1970 a 2010 el tiempo que los españoles pasaron estudiando se multiplicó por tres para pasar de tres a nueve años de media. Además, en ese ese periodo también se cerró la brecha de género: los hombres y mujeres que habitan hoy nuestro país han pasado el mismo tiempo educándose.

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Sin embargo, son las mujeres las que cada vez estudian más. El número de españolas entre 55 y 64 años con estudios es menor que el de hombres de su misma edad, pero ese fenómeno se invierte con las nuevas generaciones. Las mujeres de menos de 44 años ya han estudiado más que los hombres, tanto en secundaria como en estudios superiores.

(Nota: Al compararlo con otros países avanzados, OCDE, observamos que nuestro país sale bien parado en estudios superiores, pero no tanto, ni mucho menos, en educación secundaria. Es especialmente preocupante el bajo porcentaje de jóvenes —chicos entre 25 y 34 años— que acabaron la secundaria. Nuestra tasa, 65%, y queda lejos de la media de la OCDE, que supera el 80%.)

Las mujeres en la educación superior

En adelante nos centraremos en educación superior y en los jóvenes que ahora mismo están en edad de graduarse. Estos datos nos dicen que un 40% de las mujeres en nuestro país logrará un título universitario, frente al 23% de los hombres. Ellas estudian más y este un fenómeno que se repite en todos los países de la OCDE, con las excepciones de Turquía y Japón.

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El gráfico muestra también la evolución de estas tasas antes y durante la crisis. Vemos cómo la burbuja alejó a chicos y chicas de la universidad —quizás atraídos por un mercado de trabajo de apariencia fértil y que premiaba al trabajo no cualificado con salarios elevados. Más tarde, cuando nos golpeó la crisis, los jóvenes volvieron a la universidad. En otros países, sin embargo, los efectos de la crisis han sido diferentes y variados, aunque sorprenden el boom educativo de Eslovaquia y el lento pero imparable retroceso de Italia. En el siguiente gráfico muestro los mismos datos para todos los países de la OCDE. Veréis que en general cada vez hay más graduadas y que media docena de países han dado un enorme salto adelante, como Eslovaquia, Polonia, República Checa, Eslovenia y Austria.

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El gráfico sirve también a modo ranking. En Islandia y Polonia el 75% de las mujeres obtendrá un título de educación superior, mientras que en Méjico y Turquía lo obtendrán apenas un 25% de todas las jóvenes.

Desigualdad

Las mujeres reciben igual o más educación que los hombres, tal y como acabamos de ver, pero otras desigualdades persisten. Un ejemplo relevante tiene que ver con la muy desigual presencia de mujeres en ciertas carreras. Las mujeres consiguen el 59% de todo los títulos universitarios en nuestro país, pero representan solo el 32% de los titulados en ingeniería y apenas el 21% de todos los titulados en informática.

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Esta tendencia a escoger carreras diferentes se observa en todos los países de la OCDE. Eso es precisamente lo que más me ha llamado la atención, lo generalizado que es el sesgo. La distribución de mujeres por carreras es muy similar en todos los países; son dos de cada tres en áreas como salud, educación, humanidades, artes o ciencias de la vida, pero muchas menos de la mitad en ciencias, ingeniería o informática.

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Sabemos, además, que este sesgos en sus preferencias —sean del todo elegidas o no tanto— emerge a edades tempranas y no dependen de sus resultados escolares: entre un niño y una niña de 15 años con igual habilidad para ciencias y matemáticas, es menos probable que sea la niña la que acabe escogiendo una carrera técnica.

Es más, sabemos también que este sesgo en la elección de estudios se traslada luego empleo. De hecho se traslada amplificado. Si hay más hombres con estudios de informática e ingeniería, es de esperar que haya también más hombres en esas ocupaciones, pero lo que encontramos no es que hay más sino que hay muchos más.

Observad los datos de hombres y mujeres con formación de ciencias en el siguiente gráfico (panel de la izquierda). Veréis que el 71% de los hombres con estudios de ciencias acaban teniendo profesiones en ingeniería, matemática o estadística, mientras que solo el 43% de las mujeres con esos estudios acaben en esas ocupaciones. Es decir, hay aquí otro sesgos que añadir al anterior que hace que encontremos pocas mujeres en empleos del ámbito de la ingeniería aún cuando tienen estudios de ciencias.

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Discutir las causas de estas diferencias en elección de carreras y elección de profesiones escapa al propósito de este artículo, pero puedo apuntar algunas cosas que sí sabemos. Sabemos, por ejemplo, que los estereotipos juegan un papel en la elección de estudios. De ahí que la OCDE recomienda estrategias para interesar a los chicos por la lectura y a las chicas por las matemáticas y la ciencia. Sabemos también que cabe animar a más mujeres para que sigan estudios en ciencia e ingeniería, porque son carreras con mejores condiciones laborales y mejores perspectivas.

Sabemos, de hecho, que la segregación ocupacional de las mujeres —que sean mayoría en trabajos administrativos y de servicios— agranda la brecha salarial en España. Por eso la OCDE dice que hay que animar a las jóvenes para que elijan empleos técnicos, pero también promover políticas de flexibilidad y conciliación laboral —como más guarderías o bajas más largas de maternidad y paternidad— que sabemos nos influyen a la hora de escoger una profesión.