Horarios

Epílogo y comentarios finales sobre los horarios españoles

5 Feb, 2015 - - @MartinOlalla_JM

Voy a terminar esta serie con unas breves conclusiones y un comentario de la propuesta de la Asociación Española para la Racionalización de los Horarios Españoles, ARHOE, que, entiendo, está sustanciadaen esta presentación.

Extraigo tres ideas del estudio. La primera es que el día invernal podría ser el condicionador más importante de los horarios sociales. El día invernal actuaría como escenario más desfavorable. Si uno se adapta laboralmente a él, todo lo que venga en el resto del año será más luz para más ocio. Tengo una reserva con esta conclusión: me habría gustado analizar más países para corroborarla mejor. La idea, además, debe ser solo válida en latitudes intermedias: ni muy cerca del ecuador ni muy cerca de los círculos polares.

La segunda idea es que los españoles no tienen ningún problema con el huso horario. Empezamos a trabajar cuando sale el Sol (invernal), empezamos a comer a mediodía, dejamos de trabajar cuando se pone el Sol (invernal). Entiéndanse estas afirmaciones en sentido estadístico y referidos al día invernal. Todo los argumentos que puedan oír o leer sobre la necesidad de cambiar de huso no son racionales. Son sentimentales o son supersticiones: usted no tiene un jet-lag permanente ni sufre el síndrome de Greenwich.

La muestra de países analizada es suficientemente indicativa para sostener esta conclusión; particularmente la coincidencia de horarios de España (desfasada con el huso) e Italia (en fase con su huso) es concluyente. Tengo sin embargo una reserva con esta segunda idea: inicié el estudio convencido de que no teníamos un problema con el huso (setenta años me parecían suficientes para haber mitigado sus efectos) y dudo de si sólo he buscado lo que quería encontrar.

La tercera idea es que, efectivamente, la organización de los horarios es diferente en España, Italia, Reino Unido y Estados Unidos. Puede que sea obvio pero hay que picar datos para corroborarlo. Pero incluso en esta diferencia se encuentran semejanzas interesantes que parecen señalar la influencia de la la latitud (y por tanto las horas de luz invernal) en el problema: véanse las diferencias entre Reino Unido y España o Italia. Pero, igualmente, la latitud no determina el problema: véanse las diferencias entre Estados Unidos y España o Italia. Es decir, los países meridionales podrían tener más opciones o margen de maniobra a la hora de conformar los horarios sociales que los países septentrionales.

Déjenme ahora presentarles al mediodía laboral que es el instante de tiempo en el que un país ha consumido la mitad de su jornada laboral diaria y le queda, por tanto, la otra mitad. Esta es la situación del mediodía laboral para las cuatro estadísticas analizadas.

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Promedio ponderado del actividad laboral diaria en las regiones de España, Reino Unido, Italia y Estados Unidos. El punto marrón señala el mediodía laboral. Las áreas sombreadas a izquierda y derecha del punto representan la misma carga laboral. Los tiempos señalados a izquierda y derecha del mediodía laboral son la distancia al amanecer invernal y la distancia al anochecer invernal.

El punto marrón representa el mediodía laboral. La jornada laboral diaria se ha divido en dos mitades sombreadas de color diferente.

Deben fijarse en el hecho de que el mediodía laboral está localizado muy diferentemente en España, Italia y Reino Unido. Dejo aparte Estados Unidos, otro continente, otra historia. Se señala también en la gráfica el tiempo que ha transcurrido desde el amanecer hasta el mediodía laboral —señalado a la izquierda del mediodía laboral— y el tiempo que queda hasta el anochecer invernal —marcado a su derecha.

En los tres países europeos el primero de estos tiempos es, aproximadamente, cuatro horas y media (debido a que la encuestas de uso del tiempo dividen al día en segmentos de diez minutos no hay diferencia significativa entre 04:15 y 04:34). La coincidencia de estos tres valores es una nueva muestra de que no tenemos un problema con el huso y que la jornada matinal es parecida en los tres países.

Pero hay diferencias: fíjense en que el mediodía laboral coincide con el mediodía solar en España e Italia mientras que es posterior al mediodía solar en Reino Unido. ¿Por qué? Los tres países europeos parten de una situación inicial común (inicio de jornada laboral coincidente con el amanecer invernal: el 50% de actividad se alcanza con el amanecer) pero, a partir de ahí la latitud desempeña un papel: el mediodía solar llega antes cuanto más al norte. En Reino Unido llega en tres horas y media cuando aún no ha habido tiempo para consumir la mitad de la jornada laboral. Sólo habiendo empezado a trabajar antes del amanecer, o si los británicos iniciaran la jornada con el amanecer invernal a un ritmo muy intenso (casi todos trabajando en muy poco margen de tiempo), podrían conseguir que el mediodía laboral se acercara al mediodía solar. A consecuencia de este desplazamiento, quedan menos de tres horas de luz solar para completar la otra mitad de la jornada laboral.

En España e Italia la situación es diferente. El amanecer invernal es cuatro horas y media antes del mediodía y, así, por la mañana se consume la mitad de la jornada laboral de forma natural. Cuando llega el mediodía laboral (muy parecido ahora al mediodía solar) queda aún muchas horas de luz solar invernal. Hay margen para comer tranquilo, dormir siesta o tener ocio antes de enfrentarse a la jornada vespertina. Incluso hay margen para prolongar la jornada laboral matinal y reducir la vespertina: en España 2/3 de la jornada laboral diaria se consumen antes de las 15h (el punto mínimo de la actividad laboral durante el almuerzo). Así la carga laboral española e italiana es más matinal que vespertina; la británica está equilibrada y la americana es más vespertina que matinal. Visto desde otro punto, en España tiene que haber proporcionalmente más trabajadores en jornada continua (y matinal) que en los otros países.

Veamos ahora la propuesta de ARHOE que resumida y esquemáticamente es doble: primero, cambiar el huso; segundo, reducir las horas de las comidas. Si retrasamos el huso la figura anterior se convertiría en esta otra:

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En el panel superior izquierdo se muestra la situación del promedio ponderado del actividad laboral diaria de las regiones de España si se adoptase el huso WET —adelantando el orto, tránsito y ocaso solar—. La línea discontinua más clara es la actividad laboral británica. La línea discontinua más oscura se la actividad laboral española adelantada una hora para compensar el cambio de huso. Ambas son posibles situaciones a la que tenderían los horarios españoles.

La actividad laboral española sigue siendo la de la línea continua negra cuya área está sombreada y dividida por la mitad. Lo que cambia es la posición de las líneas de orto, tránsito y ocaso solares: se adelantan una hora. Así los españoles entrarían a trabajar tarde: la mitad de la actividad se alcanzaría bastante después del amanecer invernal cuando sólo uno de cada seis trabajadores habría iniciado su jornada. Esto tiene un coste económico indudablemente. El mediodía laboral ocurriría ahora después del mediodía solar. Y los trabajadores cuya jornada de tarde empieza a las 17h (y a esa hora la actividad laboral está creciendo) entrarían al trabajo después de la puesta del Sol invernal. El cambio supone, básicamente, transferir horas de trabajo matinales a horas de trabajo vespertinas.

La estructura horaria sería entonces probablemente inestable. La cuestión es hacia dónde evolucionaría. Creo que nadie puede saberlo cabalmente. Voy a descrbir tres posibilidades extremas.

La primera opción es que, simplemente, el cambio se revocara. A veces no hay mejor forma de zanjar una discusión que la de conceder los deseos. Por otra parte la estabilidad del sistema horario europeo desde la Segunda Guerra Mundial es de destacar: los únicos cambios que hubieron desde entonces —la adopción del huso CET en Portugal y Reino Unido— fracasaron.

La opción diseñada (soñada) de ARHOE parece ser que los españoles por arte de birlibirloque adopten la estructura horaria británica (o americana). Esto requiere, inicialmente, almorzar antes y dedicar menos tiempo al almuerzo —y a la siesta—.

Yo tengo varias objeciones al diseño. La primera es la magnitud del cambio. La estructura horaria británica se ha superpuesto en el panel de España con una línea discontinua clara en esta segunda gráfica. La cantidad de trabajadores que tendrían que modificar sus hábitos de vida a la hora del almuerzo para conseguir de una a otra opción es enorme. ¿Cómo se conduce eso?

La segunda objeción es simple: ¿de verdad es razonable suponer que España va a tener un pico de actividad laboral entre las 14hWET y las 16hWET (es decir entre las 15h y las 17h actuales)… en verano? Los datos americanos (que se refieren a la misma latitud que España) sugieren que es posible, pero el cambio de costumbres en el caso de España no sería sólo enorme, sería colosal.

La tercera objeción es que el sistema seguiría sin ser estable: hay una parte de luz solar desaprovechada por la mañana. Y así llegamos a la tercera opción de evolución del sistema horario. Ya que a la hora del amanecer apenas uno de cada seis trabajadores habría empezado su jornada; es posible que los trabajadores quisieran entrar a trabajar antes, simplemente porque el Sol sale antes. Esto conduciría a transferir horas de trabajo de la tarde a la mañana; para contrarrestar la transferencia contraria inducida por el cambio de huso. Además como el desayuno, el mediodía solar y el almuerzo se han adelantado no es descabellado que se tienda a una estructura horaria que fuera idéntica a la anterior al cambio, pero desplazada una hora antes. Todo habría cambiado para que todo siguiera igual. Esta opción (que se representa por una línea discontinua roja en la figura) no requiere realmente ningún cambio en los hábitos de vida —más que acostumbrase psicológicamente a que con el nuevo huso no se madruga a las 7h.

El aspecto psicológico es interesante: ¿cuándo sentimos que algo se está haciendo tarde o temprano? En mi opinión los datos de las encuestas de tiempo sugieren que la respuesta está relacionada básicamente con el Sol. Pero, podría admitir que hay también una cierta componente psicológica al considerar si las ocho o las nueve es muy temprano o muy tarde para entrar a trabajar.

Los gobiernos juegan con esto en los cambios de hora de primavera y otoño: sería impopular decretar obligatoriamente que entremos a trabajar una hora antes, pero es lo que hacemos cuando los gobiernos (acertadamente) decretan el cambio de hora de marzo.

ARHOE también juega esta baza. ¿Creen ustedes que alguien podría vender eficientemente la idea de «conciliar presupone entrar una hora más tarde a trabajar»? Yo creo que no; incluso parece antinatural. Pero camuflada como «conciliar presupone regresar a Greenwich» la cosa cambia. Sin embargo ambas son iguales: retrasar el huso es retrasar la entrada al trabajo. Lo hacemos todos los otoños.

Mi último apunte está dedicado a todos lo que ansían un mejor conciliación de la vida laboral y familiar: todo lo que se pueda diseñar para el huso WET puede hacerse también con el huso CET; el huso no es causante de una mala conciliación ni incompatible con una buena conciliación. Busquen otro chivo expiatorio. Sigue siendo, principalmente, una cuestión de repartir las nueve horas de luz solar. Reitero mi agradecimiento a los editores de Politikon; a los organismos que realizaron las encuestas de Uso de Tiempo y facilitaron sus datos; a gnuplot, geonames, octave, awk, gcc, emacs, imageMagick, xplanet, google y algunas otras herramientas informáticas que sirvieron para este trabajo.