Feminismo

Todo lo que siempre quiso saber sobre feminismo pero nunca se atrevió a preguntar (parte I)

9 Dic, 2014 - - @politikon_es

Es frecuente que el término “feminista” genere rechazo, incluso entre personas que dicen tener un compromiso con la justicia y igualdad de oportunidades pero no se sienten identificadas con el movimiento feminista. El objetivo de este artículo y los siguientes será el de localizar la coordenadas políticas en las que se mueve el lector deseoso de formarse una opinión sobre esta cuestión. Intentaremos responder a la pregunta de cuál es el encaje del feminismo dentro de la aspiración de la igualdad de oportunidades.

Echaremos mano de las herramientas de la teoría política para explorar el terreno. Es preciso prevenir al lector de que los conocimientos del autor no son más que los de un aficionado que ha pasado algunas horas de su vida leyendo sobre estas temáticas desde su particular esquina disciplinar. Lo que sigue tiene no tiene afán alguno de exahustividad, especialmente teniendo en cuenta la heterogeneidad del pensamiento feminista (el lector interesado puede consultar Tong 2013); las citas tendrán carácter ilustrativo e incurriremos en muchas omisiones. El debate sobre las problemáticas de género está a menudo teñido de aspectos ideológicos y, aún cuando no lo está, existen tomas de partido que en cualquier caso es inevitable llevar a cabo. La teoría política resulta un instrumento útil que nos permitirá explorar nuestras intuiciones éticas, hacerlas explícitas y, al descubrir su estructura lógica, iluminar las paradojas que pueden generar. Dando un pequeño rodeo, en este artículo intentaremos articular la defensa más convincente (a conocimiento del autor) de la igualdad de oportunidades “liberal” y los dos siguientes articularemos las críticas o revisiones feministas de esta postura.

La igualdad liberal

La igualdad de oportunidades es un principio arraigado en la mayor parte de las sociedades modernas. La aspiración de ser una comunidad en la que el éxito vital dependa de las elecciones individuales y no de haber nacido en la familia o con los atributos equivocados está en la base de los ordenamientos jurídicos y del discurso público.

¿Qué soporta este planteamiento normativo? ¿se trata únicamente de un dogma, de una creencia socialmente arraigada o, al contrario, de algo racional?. La intuición sobre la deseabilidad de la igualdad de oportunidades debe tener algo más de estructura para responder a las clásicas preguntas que se plantean al hablar de justicia distributiva como cuanta igualdad estamos dispuestos a sacrificar a cambio de mejorar la situación de todos o si el bienestar de todos debe contar por igual. Este es el método que usaremos.

Imaginemos que hay dos granjeros, Adam y Karl. Cada uno de ellos tiene una parcela de tierra a un lado del río. Todos los años, el río se desborda hacia un lado. Tanto Karl como Adam le asignan una probabilidad de 1/2 a que el río se desborde hacia sulado. Lo que el granjero obtiene de su cosecha es de 100 o 50 dependiendo de si el río se desborda o no hacia su lado. Sin embargo, los dos granjeros tienen la opción de invertir, conjuntamente, 50 en la construcción de un dique; con el dique, independientemente de lo que ocurra, cada uno de ellos obtendrá 75 – esto es, 100 menos la igual contribución de 25.

Este ejemplo es un modelo extremadamente simplificado de las fuerzas que hay detrás del mercado de seguros. Si asumimos que los dos granjeros son, aunque sea ligeramente, “aversos al riesgo” -un supuesto bastante razonable- entonces ambos preferirán una cosecha de 75 con seguridad que jugar a la lotería de tener 50 o 100 igual probabilidad. Obligar a los granjeros a asegurarse ex ante construyendo el dique antes de que ocurra el desbordamiento es lo que los economistas llaman un “óptimo social”: desde el punto de vista utilitarista, todo el mundo mejora¹.

Volviendo al ejemplo y modificándolo ligeramente podemos suponer que, después de haber logrado un preacuerdo para construir el dique en el escenario simétrico, ocurra algo que haga que Karl y Adam no sean totalmente simétricos; es posible que Adam se vuelva menos averso al riesgo que Karl, que pase a estar menos expuesto al desbordamiento o en caso de sufrirlo perdiera menos que Karl. En cualquiera de los tres casos anteriores, para Adam la construcción del dique pasaría a ser menos ventajosa y, dependiendo del caso, tal vez preferiría que no se construyera y exponerse al desbordamiento. Aquí, la lógica utilitarista nos lleva a un resultado ambiguo: depende de si le damos más peso a Adam o a Karl para evaluar los resultados. Sin embargo, a la vista del preacuerdo, la sensación que tenemos es que este sería un comportamiento oportunista por parte de Adam. El cambio en el óptimo social depende del cambio en la relación de fuerzas o de la suerte. La pregunta es ¿importa este cambio?

En una tradición filosófica que va desde Kant y Adam Smith hasta Rawls (Rawls 1971), Dworkin (Dworkin 1978) o Harsanyi (JPE 1953), existe la idea de entender la justicia desde el punto de vista del “observador imparcial” o, como diría Rawls, “detrás del velo de la ignorancia”. Para esta tradición la respuesta es que en general no, este cambio no debe ser relevante. Rawls nos dirá “Imagina que te encuentras detrás de un velo de la ignorancia”, esto es, un escenario previo a tu nacimiento dónde no sabes si en la vida real te tocará ser Karl o Adam o, más generalmente, nacer en una familia o en otra, con un físico o con otro. En esas circunstancias, cuando las cartas aún no se han repartido ¿qué tipo de arreglo te resultaría más ventajoso?”. Parece sensato pensar que nuestro observador imparcial elegirá un escenario en el que los resultados estén lo más aislados posible de la mala suerte y dependan en cambio de las elecciones individuales.

Existen muchas críticas (ver Sandel 1984 para una recopilación de textos) y extensiones de este enfoque que no podemos revisar aquí, pero sí resaltaremos aquí dos. En primer lugar, el experimento mental del velo captura la idea básica de “igualdad de oportunidades” que está arraigada en nuestras intuiciones morales sobre la justicia. En principio, las desigualdades que resulten de distintas preferencias deberían ser legítimas (por ejemplo, ganar más frente a tener más tiempo libre o un trabajo menos desagradable; tener más seguridad económica frente a estar dispuesto a arriesgar más); las que resulten de diferencias en la situación de partida, deberían ser compensadas (el origen social o la heredabilidad de una enfermedad congénita).

En segundo lugar, el enfoque del velo de la ignorancia subraya que el igualitarismo no depende de la solidaridad, los buenos sentimientos, del afecto o la caridad. Al contrario, es el resultado de extirpar de la justicia distributiva el oportunismo derivado de que las partes se sienten a la mesa a negociar con distintas situaciones de partida. El efecto del velo de la ignorancia es el de señalar que cuando estamos tras él elegimos, de forma egoísta e interesada, la asignación igualitaria. No se trata de una imposición externa o del fruto de la solidaridad; se trata de un contrafáctico más o menos plausible respecto a nuestro comportamiento interesado en una situación en la que la que una diferencia de partida juzgada arbitraria es corregida. La diferencia, bajo esta óptica, entre seguro y redistribución sería de carácter menor.

Recapitulando

El razonamiento basado en el “velo de la ignorancia” ofrece una forma de entender la igualdad de oportunidades como una forma de elección interesada corregida por el oportunismo. Según esta idea, al decidir el tipo de sociedad en la que nos gustaría vivir, resultaría racional optar por una en la que se maximizara la libertad real esto es, dónde las preferencias y acciones individuales contaran lo más posible y se minimizara el impacto de la situación de partida. El género es sin embargo una de las características que tiene un impacto mayor sobre el éxito en la vida. ¿por qué debería entrar el feminismo en conflicto con la justicia entendida como igualdad de oportunidades? Eso es precisamente lo que discutiremos en las dos próximas entregas.

 

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¹: Destacaramos que de las numerosas imperfecciones (en particular las relacionadas con la información asimétrica) del mercado de seguros depende la justificación económica de muchas políticas públicas del Estado de bienestar. En la medida en que muchos mercados de seguros no funcionan o no existen (no hay seguros privados contra el desempleo, por ejemplo), el sector público puede actuar como un seguro obligatorio -dando el servicio público y financiándolo total o parcialmente con impuestos.