Economía

Cinco razones para acabar con la repetición

30 Sep, 2014 - - @octavio_medina

Esta es una entrada conjunta de Octavio Medina y Nacho Plata.

Hace unos días se publicó un informe de la OCDE con un dato un tanto sorprendente: en España un niño de una familia con pocos recursos (en el cuartil más bajo del índice socioeconómico elaborado por PISA) tiene una probabilidad más de tres veces mayor de haber repetido anteriormente que un compañero del cuartil más alto, al mismo nivel de competencias PISA.

Este hecho, que comentó Nicolás Sarriés en una entrada, dio lugar a una discusión sobre la conveniencia o no de la repetición como instrumento para mejorar la escolarización de los alumnos. España tiene una de las mayores tasas de repetición de todos los países de la OCDE: a la edad de 15 años, el porcentaje de alumnos escolarizados que han repetido al menos una vez es del 35%, muy lejos de la media de la OCDE (13%). Roger habló del tema el viernes en la SER, y para los que os lo perdisteis, es una buena oportunidad para complementar lo que dijo.

El argumento teórico a favor de la repetición toma una forma parecida a la siguiente. Dado que el repetir supone un coste muy alto para el alumno (humillación frente a compañeros y padres, desmotivación por fracaso personal), esto le motivará para que se esfuerce más y saque mejores resultados. Pero si esto no funciona, se supone que la oportunidad de repetir tendrá un beneficio en términos de nivelación con el resto de estudiantes y mejora de resultados académicos (además de, en teoría, permitir que el resto de alumnos que sí aprobó siga progresando a buen ritmo).

El problema, más allá de la conveniencia de utilizar esta clase de castigos en el sistema educativo, es que la repetición, simple y llanamente, no funciona. Resumimos los motivos a continuación:

Primero, como explica Mariano Fernández-Enguita, el consenso claro es que la repetición no mejora los resultados académicos de los estudiantes ni les ayuda a nivelarse con el resto. Es más, en algunos casos hasta los empeora. Por otro lado, la evidencia de la separación temprana por niveles de resultados o itinerarios tampoco sugiere que haya una mejora en desempeño de los buenos

Segundo, el hacer a alumnos repetir tiene un efecto causal sobre el abandono escolar. A niveles similares de aprendizaje, los alumnos que repiten tienen una mayor probabilidad de dejar la escuela que aquellos que no lo hacen. En un país con unas tasas de abandono escolar como el nuestro, esto es lo último que necesitamos. Quizás uno de los muchos errores de la LOMCE haya sido ver a la LOGSE y la eliminación de la educación vocacional a los 14, en vez de a la repetición, como una de las causas principales del alto fracaso escolar (aunque, una vez más, esto da para varias entradas).

Tercero, también tenemos evidencia de que obligar a los niños a repetir podría perjudicar el desarrollo socioemocional del alumno y hasta podría aumentar la agresividad durante la adolescencia. Esto no es sorprendente, dado que consiste en retirar al niño de su entorno social (incluyendo los profesores, amigos y compañeros de clase con los que lleva años) para ponerlo en uno extraño. Los efectos suelen ser mayores cuanto más tardía es la repetición.

Cuarto, es costoso para el alumno y para el sistema. Además de ser un castigo absurdo para el alumno, que se ve obligado a repetir las asignaturas que ya ha aprobado, además de las que ha suspendido (la idea de volver a estudiar un temario ya aprobado también la vemos en las oposiciones), supone un coste económico enorme para los contribuyentes, que la OCDE ha estimado en 20.000 euros por alumno para el caso de España.

Quinto: en la forma en la que está siendo aplicada, es una política altamente regresiva en igualdad de oportunidades. Los defensores de la máxima del mérito y el esfuerzo no podrán negarnos que el dato del informe sobre los repetidores nos indica implícitamente que dos alumnos iguales en competencias y diferentes en nivel socioeconómico no reciben el mismo trato por parte del sistema educativo. Los factores son muchos: la segregación escolar y la concentración de repetidores, los recursos de los padres para evitar la repetición con más apoyo, son factores que varían enormemente en función de la condición socioeconómica. Un sistema que realmente se preocupa por la igualdad de oportunidades debería garantizar que estas fueran efectivas.

Por si esto fuera poco, el académico neozelandés John Hattie, que lleva años y años analizando la efectividad de las políticas educativas a la hora de mejorar los resultados académicos, llegó a la conclusión de que en su listado de las 100 políticas desastre, la repetición era la segunda peor (un poco peor que ver la tele y un poco mejor que cambiar a los niños de escuela). Hasta la OCDE en su último informe sobre la educación en España señala la repetición como su primer tema clave, diciendo que contribuye a aumentar la desigualdad y el abandono escolar.

Entonces, ¿por qué nadie hace nada?

Los sistemas educativos funcionan en gran parte por inercia, de modo que cambiar esto no se resuelve redactando un decreto en el BOE. Hacer repetir a un mal estudiante es la respuesta fácil. Lo difícil, a nuestro juicio (y esto es lo que caracteriza a los sistemas educativos más efectivos y justos a nivel internacional) es actuar antes de que surjan los problemas o implementar buenos programas compensatorios para revertir la situación. En este sentido, no hay varita mágica. Los recursos económicos (más profesores, más horas) son fundamentales, pero sin voluntad política, esfuerzos adicionales por parte de todos, ni planes específicos de apoyo a nivel de escuela, resolver un problema como este es muy complicado.