Política

Taxis en España: liberalizar sin destrozar

11 Jun, 2014 - - @jorgegalindo

Los taxistas madrileños están en pie de guerra por la llegada de servicios como Uber, que entran en competencia directa con su sector. De cómo y por qué el taxi en España (y en tantos otros lugares) está demasiado regulado y deberíamos movernos hacia un entorno más liberalizado ya escribió Roger Senserrich en su momento, así que no me extenderé en ello y a su artículo me remito. Más bien tomaré esa argumentación como punto de partida para realizar dos contribuciones adicionales a quienes claman (clamamos, en realidad) contra taxistas y a favor de dejar que la destrucción creativa campe a sus anchas.

Antes que nada, hemos de ser conscientes de que Uber y otras empresas similares constituye un grupo de interés exactamente igual que lo son los taxistas. Uno que, además, anda metiéndose en un terreno que, hoy por hoy, es ilegal. Por tanto, a la hora de considerar una reforma del sector ha de tenerse en cuenta que todas las empresas se tendrán que someter a una cierta regulación, aunque solo sea para cuestiones relacionadas con la seguridad, la fiabilidad y el pago de impuestos. Es decir: vamos a ver cómo bajamos las barreras de entrada a la oferta de transporte privado en núcleos urbanos de manera que exista más competencia y se favorezca la innovación, el crecimiento empresarial y el beneficio para el cliente en última instancia, pero no vamos a considerar cómo dejamos que tal o cual “iniciativa” campe a sus anchas sin tener en cuenta el más mínimo requerimiento.

Por otro lado, que cualquier reforma tiene ganadores y perdedores es algo en lo que hemos insistido mucho desde Politikon, y este caso no es excepción. Los perdedores podrían ser, por ejemplo, muchos taxistas que no se encuentren en condiciones de poder competir con empresas o particulares organizados capaces de ofrecer sus servicios a un precio cada vez menor, o con ciertos extras, o a ciertas áreas, etcétera. De hecho, cuando hablas con un taxista cualquiera en una gran ciudad española te dirá que se compró la licencia de taxi pagando una cantidad considerable de dinero porque para él eso era y es una “inversión”, algo que pueden revender. Está claro que desde el punto de vista económico esto es un mero coste hundido, ya asumido, pero creo que también hay un cierto componente de cambio de las reglas de juego a mitad del partido en una desregulación del sector del taxi que es necesario tener en cuenta.

Para mí, un Estado que desee fomentar la innovación, la competencia y el reciclaje de empresas en ciertos sectores pero que también esté preocupado por la igualdad debe proporcionar una red de seguridad considerable para que nadie se quede (demasiado) atrás. Efectivamente, estoy pensando de nuevo en el modelo escandinavo. Esto es particularmente importante en un país como el nuestro, donde abundan los sectores en los que hay un grupo de proveedores bien atrincherado tras barreras de entrada establecidas hace décadas, muchos de los cuales carecen de un colchón de seguridad propio (es decir: no son ricos ni disponen de una gran cantidad de capital humano). Lamentablemente, España no parece avanzar ahora mismo hacia un Estado de Bienestar capaz de actuar como red de seguridad para el conjunto de la población.

En resumen: si liberalizamos tanto este sector como tantos otros, y yo creo firmemente que deberíamos, es importante hacerlo siendo conscientes de los costes existentes. Liberalización con regulación efectiva que asegure una competencia real pero beneficiosa para el cliente, y con la seguridad de que en la travesía por el ‘valle de la transición’ hasta las cimas de la eficiencia (cf. Przeworski) nadie se va a morir de hambre. Eso es lo que yo calificaría como liberalizar sin destrozar.

Nota: hay una última razón para considerar una liberalización con red y regulación como la que propongo. Y es que probablemente no sea factible conseguir una mayoría favorable a liberalizar de ninguna otra manera. Las coaliciones para el cambio se forman mejor teniendo en cuenta los costes de transición.