Política

Un referendum para la monarquía

10 Mar, 2014 - - @kanciller

La invasión alemana de Bélgica durante la II Guerra Mundial tuvo un efecto que fue mucho más allá de la lucha armada; a punto estuvo de provocar una guerra civil. Leopoldo III, con su controvertido comportamiento durante la ocupación nazi, abrió la espita a una enorme crisis institucional que culminó con un referéndum que desgarró el país. La corona casi se lleva por delante a Bélgica entera tras una serie de agravios irresueltos y errores políticos encadenados. Esta es la historia.

La capitulación de Leopoldo III

Durante la campaña de 18 días de 1940 que llevó a las fuerzas alemanas a ocupar Bélgica – en marcha imparable hacia París – se produjo una crisis institucional imprevista. Ante el avance alemán, el rey Leopoldo III insistió en que su papel de jefe de las fuerzas armadas le obliga a desempeñar un papel preponderante en las operaciones militares. Intentando emular a la figura de su padre Alberto I, heroico comandante durante la I Guerra Mundial, el rey decidió atribuirse plenos poderes en la dirección del país ante la situación de emergencia. Sin embargo, de manera similar a lo que ocurre hoy en España, todas las acciones del rey requieren del refrendo de un ministro que se haga políticamente responsable. Esta acción disparó la tensión entre el gobierno y el monarca pero este último, lejos de amilanarse, llegó a cuestionar públicamente la capacidad de gobernar del Primer Ministro Hubert Pierlot. El ejército belga se batía en retirada y la situación política estaba en un punto de no retorno.

El 25 de mayo se produjo la ruptura definitiva. El Primer Ministro Pierlot y su ministro de exteriores solicitaron a Leopoldo III que abandonase el país para continuar articulando la resistencia desde el exterior. Sin embargo, el monarca rehusó hacerlo y, por el contrario, exigió la dimisión del gobierno en pleno. Pierlot y su gabinete, ignorando esta demanda, abandonaron el país rumbo a Inglaterra. Leopoldo III consideró entonces que tenía las manos libres para obrar y, en una decisión altamente controvertida, rindió incondicionalmente el país tres días después. Pese a ello, el gobierno radió desde Londres que no aceptaba la legitimad de dicha capitulación y que, convencido de ser el intérprete de la voluntad nacional, seguiría resuelto a continuar la lucha para la liberación del país.

Las afinidades del monarca con los nazis son un tema que todavía hace las delicias de los historiadores y curiosos. Aunque el rey permaneció bajo arresto domiciliario, Leopoldo III tuvo una entrevista con Hitler en noviembre de 1940 en el famoso “Nido del águila”. Este encuentro, en el que se supone que el rey medió por su país, está cubierto por la sombra de la sospecha. Además, el matrimonio del rey al año siguiente también generó gran polémica. Leopoldo III decidió casarse con Lilian Baels, y el matrimonio generó incredulidad por el momento, forma y fondo. El matrimonio religioso antecedió al civil, algo ilegal; el soberano no tuvo la autorización de ningún ministro, acto inconstitucional, y encima Baels es hija del gobernador de Flandes Oriental, cuya revocación había quedado anulada por las fuerzas colaboracionistas de la Unión Nacional Flamenca (VNV).

Cuando para 1943 la mayoría de las autoridades notables del país ya habían desertado, la insistencia del rey para quedarse siguió haciéndose incómoda para las autoridades del exilio. Algo que se suma a la animadversión creciente a su persona por parte de la resistencia a la ocupación nazi.

Votando la cuestión real

Ante la inminente derrota de la Alemania nazi, el rey fue trasladado al Reich en junio de 1944. Bélgica ya había sido liberada y las cámaras se reunieron en sesión conjunta septiembre de ese mismo año. Constatada su imposibilidad de reinar, se estableció una regencia transitoria del príncipe Carlos, hermano de Leopoldo III. En mayo del año siguiente, Leopoldo fue liberado por las fuerzas americanas del castillo en el que estaba prisionero pero la posibilidad de dejar volverle a su país no está nada clara. Tanto los socialistas del PSB-BSP, los comunistas del PCB-KPB como el sindicato principal FGTB-ABVV se opusieron por la actitud de Leopoldo III antes de la guerra y durante la ocupación. Sin embargo, aunque la izquierda fue la oposición más viva, los liberales terminaron sumándose a una petición conjunta de abdicación. Los gobiernos de amplia concentración fueron deshaciéndose tras el fin de las hostilidades y los liberales terminaron por retirar su apoyo a los socialcristianos, el partido más votado. Durante cuatro años el rey estará excluido de entrar en el país mientras los gabinetes se suceden sin ser capaz de dar arreglo a la cuestión.

En las elecciones de 1949 los socialcristianos del PSC-CVP obtuvieron mayoría absoluta tanto en el Congreso, si bien en el Senado necesitaban el apoyo de los liberales para gobernar. Este partido decidió, con el apoyo de estos últimos, desencallar la situación mediante una consulta popular – pese a que la mayoría de los juristas les advirtieron que era inconstitucional. Sin embargo, la modalidad para el cálculo genera fricciones entre los proponentes. Para los socialcristianos, partidarios de la restauración, bastaría con el apoyo de una mayoría simple de belgas en todo el país. Para los liberales, esta salida es peligrosa e insisten en que debería requerirse una mayoría absoluta en Flandes, Valonia y Bruselas. Para evitar que la cuestión se enquiste en este punto, el primer ministro declaró que la decisión final será congruente con lo que diga “un porcentaje razonable” del conjunto de los belgas. Una fórmula deliberadamente ambigua pero problemática a la postre.

El 12 de marzo, en un contexto casi de insurrección, se realizó la votación. El resultado fue el siguiente:

referendum

El 57.68% de los belgas apoyan el retorno del rey Leopoldo III frente a la oposición del 42.32%. Pero los resultados son asimétricos. Mientras que Bruselas se inclina por el sí penas por un punto, en Flandes el sí es ampliamente dominante (con un 71%) mientras que en Valonia con el 57.8% lo es… la abdicación. Ahora lo complicado es la gestión del resultado.

Votar dista mucho de resolver un problema

Siguiendo el resultado, el PSC-CVP insistió en aplicar el mandato salido de las urnas y convocó a las Cámaras de manera conjunta para votar  la restauración del rey. Los liberales insistieron en que era una mala idea y que el regreso de Leopoldo no traería más que problemas, así que se negaron a hacerlo provocando una nueva crisis de gobierno. Ante esta negativa, los cristianodemócratas convocaron elecciones anticipadas produciéndose una de esas situaciones inéditas en la historia de Bélgica: el PSC-CVP consiguió absoluta en ambas cámaras. Con un gabinete monocolor y apoyados la mayoría necesaria, se votó el fin de la regencia del príncipe Carlos y el 22  de julio Leopoldo III se instaló en el palacio real de Bruselas. Sin embargo, la agitación social se extendió por todo el país a niveles insostenibles. Multitud de fábricas declararon huelgas indefinidas mientras que sectores anti-Lepoldo amenazaron con marchar sobre Bruselas. Las protestas fueron especialmente virulentas en Valonia, donde los socialistas eran especialmente fuertes y amagaron con la separación del país. El Primer Ministro declaró el carácter “revolucionario y totalitario” de la situación mientras que la represión provocó varias muertes en las manifestaciones que hubo por todo el país. La guerra civil parecía inminente.

Tras unos meses de extenuante tensión social, Leopoldo III comprendió que su situación es insostenible y presentó su abdicación en su hijo Balduino I el 16 de julio de 1951. El monarca abandonó el trono, pero este periodo dejó una marca indeleble en la Bélgica contemporánea. Certificó la división ideológica y política creciente de las dos comunidades, la cual habría de acrecentarse las décadas siguientes. Además, da una idea de cómo un referéndum sin mayorías claras – y homogéneamente/ socialmente territorializadas – puede ser fácilmente objeto de disputa. Más que solucionar un problema, emplearlo como arma política puede agravar el conflicto. Algo que los belgas conocen bien. Además, cosa curiosa: A finales de los 50 los que pedían autonomía/independencia y eran anti-monarquía eran los valones y hoy son los flamencos. Vueltas que da la vida.